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Hans Christian Andersen en
sus 200 años
Carmen Váscones
Hace 200 años nace el
hombre que reconcilia la magia con la realidad: su fantasía,
esplendor del decir; cuento y poesía en el tocador de
los labios de la palabra habitante de la imaginación.
La orfandad en su pubertad no eliminó el campo de sus
sueños.
El viajero, paisajista y noticiero deja saber en sus cuentos
"a menudo yendo por las calles de la ciudad, me parece como
si anduviese por el interior de una gran biblioteca, las casa
son estanterías de los libros y cada piso es un anaquel.
Aquí hay una historia cotidiana, allá una buena
comedia, ...acullá literatura buena o de pacotilla. Y
puedo fantasear y filosofar sobre todos esos libros"
El hijo del zapatero remendón es el invitado de la vida.
No fue hijo de 'cuna' noble, tampoco necesitó este detalle
social para tener luz propia. Él cultivó su talento,
sus méritos los ganó con el sudor de su frente.
Nunca repudió, ni negó sus orígenes, tuvo
orgullo de su sangre, no sintió vergüenza del oficio
"humilde" de sus padres, ni del apellido que portaba,
no se lo cambió. Más claro no necesitó cuna
de oro ni moneda constante y sonante para ser alguien y hacer
algo. Sus méritos son sus escudos de honor y triunfo.
La nobleza, para Andersen era "la bondad de la naturaleza
humana" y este es el rasgo que debe rescatar el poeta"
TORNEANDO LA MEMORIA
Andersen torneó su propia
memoria, le puso suela de palabras a los andares del lenguaje.
Calzó el tiempo con magia, dibujos, historias, poesías
y virtudes. El no fue hijo de la apariencia, él siguió
y anotó la huella del nudo filial y social. Trabajó
su pedazo de curtiembre la cosió en la idea para no olvidar
su origen. Esa herencia, la cosió no como un remiendo
ni añadido, sino que lo llevó al inventó
y reponer la falta con creación y arte. Su propia carencia
fue el motor de su génesis mental.
Entresacaba los argumentos, perfiles de otras huellas y pisadas
propia, se apropiaba de un lado y otro lado de los tejidos sociales.
No desperdiciaba ni un trocito del cuero transmitido en la memoria.
Su escritura superó al oficio de sus padres, el remendón
y la lavandera fueron sus personajes hecho uno. Les dio un espacio
y lugar en el tiempo. En su cráneo dio volteretas a la
razón, a los hechos, alargó la vida antes de que
se conviertan en olvidos. Sus compañías, público,
y director compartieron las venturas y desventuras
En su cuento del 'Humor' dice
"cuando alguno de mis amigos o de mis no amigos se pasa
de la raya conmigo, me voy allí, -hace referencia al cementerio-
busco un buen trozo de césped y se lo consagro a él
o a ella, a quien sea que quiero enterrar y lo entierro enseguida...".
Al fin y al cabo es una sola vida la que se carga, y si hay que
aliviarle o quitarle peso hay que tener licencia propia para
desmontar de la memoria la estupidez humana y continuar, y como
lo dice Anderson en su cuento 'El último día':
"Lo que de bueno hice en el mundo lo hice porque no supe
hacerlo de otro modo, pero lo malo... eso sí que fue cosa
mía".
DE LO EXTRAORDINARIO Y LOS
AMORES
De lo ordinario y extraordinario
nace algo y alguien que llegó a ser contado, impreso,
convertido en secreto y en papel, en registro de propiedad, en
un acta. En lo que tú quieras. Él en una de sus
cartas de agradecimiento dice: "Todo hombre tiene su completa
libertad de expresar sus propios pensamientos", eso es en
definitiva la verdadera de tarea de todo escritor.
La literatura: su pasión que lo envolvió para siempre
en la llama de la letra.
Entre deseos sensuales, angustia, dolor y batallas de sentimientos
la intimidad del genio. Andersen se enfrentó al espejo,
lo hizo triza, evitó alguna partícula le llegara
a su corazón para que el poder de este no se le burlara,
puso su imagen en su sitio, y al reflejo le hizo intimidarse
en su propio destello
Entonces. ¿Qué
decir de sus amores? Él define a Eros como un niño
travieso que hiere el corazón, y aconseja que hay estar
"en guardia contra las tretas del amor" ya que siempre
va detrás de la gente. Quizás, que fueron impublicables,
porque no los imprimió en la vida real, quizás,
que quedaron como textos inéditos sin remitente y sin
destinatario
ORIGINAL, POR SIEMPRE
No estaba de acuerdo en seguir
modismos o estilos de su época, le gustaba su propia moldura,
no necesitaba romper el molde porque ya estaba roto, solo tenía
que hacer la forma a su manera.
Durante su vida lo único que interesó a Andersen
fue el Espíritu creador, Él mismo, que representa
todas las vidas.
Como todo mortal deseó afecto, celebridad, y que la gente
expresara estima a su obra. Su vanidad infantil, su sentido de
humor, 'suave y feraz', su fantasía desbordante lo protegieron
como ser humano y escritor instalado en sus personajes de papel
extraídos de la realidad.
Los temas de su literatura afrontan al ser en su avatar de la
realidad sin equilibrio exacto. Su creación, es una balanza
justa cargada de referentes reales, fantasías, escenarios,
mitologías. En definitiva este gigante escritor es el
jardinero de las voces de un mundo subjetivo, que según
sus propias palabras estas voces "nunca pueden llegar a
ser un defecto en un poeta, puesto que ello en sí expresa
la totalidad de poesía que este poeta lleva dentro de
sí".
El reconocimiento que he alcanzado es como un sueño que
"nunca hubiera podido soñar" así lo deja
asentado en sus diarios íntimos. Andersen fue y es: ese
seguir de su "propio modo de ser".
Fragmento de un amplio artículo
escrito por Carmen Váscones
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