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'El turno del escriba' y 'Los
caminos a Roma'
Libros para reconocer la libertad
Dr. Oswaldo Paz Y Miño
J
cpaz2@andinanet.net
Por los Libros, para ser libres
todos, hoy, compartimos dos, en los que fondearemos líneas
más adelante. Antes presentaremos otros: 'Ecuador en jirones
de memoria'. Un volumen de ciento treinta páginas de letras
y acuarelas preciosas. Una joya. Tres autores: El poeta suizo
Jean Samuel Curtet; su traductor, el maestro Jorge Enrique Adoum,
y Oswaldo Muñoz Marino con el pincel. La garantía
la pone Editorial Archipiélago.De Libresa. Colección
'FUERA DE SERIE'.
'Quito: tradiciones, testimonio y nostalgia. Tomo V'. De Edgar
Freire Rubio. Cuatrocientas setenta y seis páginas tamizadas
con sabiduría, para testimoniar de la 'Capital Forajida
de Abril'. Enorme y entrañable trabajo de un quiteño
total.
Y, de Carlos Piñeiro Íñiguez, 'Pensamiento
Equinoccial'. Editorial Ariel. Ensayos, seis. Sobre la nación,
la cultura y la identidad ecuatorianas. Reflexiones de alto nivel.
Directas e independientes, suscritas por el diplomático
y catedrático argentino, que abarcan aspectos de permanente
debate: La relación entre los blancos mestizos y los pueblos
originarios y una panorámica sobre cuatro pensadores de
la tierra escogidos, por su proyección y visión
realista del Ecuador en el extranjero: Benjamín Carrión;
Leopoldo Benítez Vinueza; Agustín Cueva y José
María Velasco Ibarra.
A RECARGAR ENERGÍAS
Con los estertores de un gutierrismo
que 'pidiendo pista', aún resiste a dar su último
suspiro, por obra y gracia de las componendas políticas
y de ciertos entronques, nos queda como alternativa, leer y recargar
baterías, antes de volver a las calles. Porque el pueblo
no está satisfecho. El hambre sigue rumiando. Pan, techo,
educación, y empleo: vieja mentira.
La desesperanza es el único opio de los marginados, a
los que no les llegan los triunfos de ninguna selección
para mitigar, para disimular, para camuflar, el ardor de sus
heridas infectadas de caminar descalzos en el pavimento ardiente.
Ni para cubrir el frío de sus huesos, que en las veredas
encuentran lecho propicio para descansar, protegidos del medio
ambiente, por zurcidas mantas de periódicos usados.
La pobreza, la indigencia, la poca solidaridad. El hombre contra
todas las leyes universales. Sufrimientos, provocados a sabiendas,
por unos seres humanos a otros, que crean leyes que discriminan
a las personas por la cantidad de dinero que poseen. De
facto mandan, los que más tienen. No, los que más
saben. Injusticias a la orden de ellos.
Cárceles, opresión y falta de tolerancia, su receta.
Sociedades construídas con ladrillos cargados por pobres.
Sucede ahora, con los millones de ecuatorianos exiliados. Si
las puertas de los países ricos no se cerrasen, el Ecuador,
sería un país fantasma.
DOS MAGNÍFICOS TRAZADOS
Libros de historias humanas
recicladas en la ficción, o en la realidad, que casi es
lo mismo. Porque no se puede tapar el sol con un dedo. Porque
la literatura no ha de encubrir. Ha de decir, nosotros también.
Veamos como y que:
'El turno del escriba'. Doscientas cincuenta y ocho páginas
de las escritoras argentinas, Graciela Montes, Buenos Aires 1947
y Ema Wolf, Buenos Aires, 1948, ganadoras al alimón del
premio Alfaguara de Novela 2005.
La trama se ubica en el año 1928. El destino le ha enviado
al escriba Rustichello de Pisa -prisionero de guerra, -como compañero
de celda a Marco Polo. El impenitente viajero nacido en Venecia
quien guarda en su mente el tesoro más puro. El conocimiento.
Historias que de boca a oído.
Del navegante al escribiente, se redactan 'in situ', en la prisión,
en el secreto que busca la libertad, cercada por negros muros
y vigilantes parientes de cánidos hambrientos. Vividores
custodios que los sangran en cuerpo y alma. Pasado y presente
doliente. Realidad y ficción. Aquí y ahora.
UN LIBRO LIBERTARIO Y DE
LIBERTAD
Por eso, se ha dicho de éste
libro que: "es un acto de libertad". Libertad, que
no ha de ser enunciada como elemento de marketing. No. Y no ha
de ser creación meramente literaria. Ha de vivirse incluso
en las limitaciones de los penales. Por ello, la contagiante,
exultante, mágica y brillante idea de la novela estrella
de Alfaguara 2005.
La libertad ha de ser rescatada. Una mano tendida requieren los
presos de toda la tierra. Que si alguien es inocente, de lo que
sea, que tire la primera piedra. Un libro revitalizador dedicado
por estos párrafos, a esos seres humanos que dejaron de
mirar la luz y están en el claustro. Un salvavidas, para
leerlo allí, adentro en las celdas.
Y a ello nos ofrecemos. Para que sepan ellos, que crear allí
es posible. Que denunciar es factible. Que reclamar es un derecho.
Un libro cuya lectura nos ha de motivar a pensar en los derechos
humanos de los presos. Por mejor alimento, salud, esparcimiento,
sanidad, rehabilitación, y sobre todo humanidad.
Los presos, tienen su propia historia y merecen libertades, allí
,en su infierno. Cada uno, podría ser un premio de literatura.
El Alfaguara de Novela, sólo que, la terrible realidad,
por terrible, siempre, nos parecería ficción.
"¿No sería su compañero de celda, el
preciado poseedor de las historias peregrinas, el viajero a los
confines del mundo, el minucioso observador de costumbres, una
alma extraviada en las tinieblas de la idolatría? ¿0,
Peor, un disidente, un hereje loco de esos que la Iglesia echaba
de su seno o disciplinaba a fuerza de bulas, confiscaciones y
hogueras hasta que recuperaban la apostólica cordura?
Pág. 162.
OTRO TEMA DURO
Y, si de temas duros vamos,
y de escritores tales, también. Fernando Vallejo. Colombiano,
nacido en Medellín 1942, es de los que le ponen
'a parir'. Uno de esos que además de escribir bien, le
ponen cojones a lo que dice. Y se la juega. A muchos no agrada.
El 'status Quo', en todas sus manifestaciones, lo rechaza. 'Berraco',
si señores. Lo recordarán sin duda, por su novela
ícono, 'La Virgen de los Sicarios'.
Otra estupenda os traemos: 'Los caminos a Roma'. Escrita en 1988.
Libro de viajes, como los Marco Polo, descubridores, reales y
oníricos. Publicación 2004. Alfaguara doscientas
y un páginas.
Sueños de libertad dentro de la claustrofobia instalada
en un mundo mentiroso, e hipócrita. Tramoyas. Idiomas
que no comunican, ciudades tatuadas por su egolatría,
sus arrogancias y banalidades. El ser humano, arrinconado en
ellas. Las ratas, en libertad.
Caminos polvorientos y polvos, en los caminos. La proclamación
de la diversidad y del derecho a elegir en el sexo. Zapatos caminantes,
que se conocen todas las huellas de lo bueno y lo malo. Y que
a veces, pisan mierda. Cárceles y hoteles que se parecen,
que no tienen una ventana que cerrar.
Roma, una antigualla. El Vaticano. El Papa. Temas superados.
Santa anacronía cómplice de los todo poderosos.
París, decaída. La ciudad que se apagó la
luz así misma. En cualquier trance, es mejor evitarla.
Cavilaciones: El sexo sin olor, no sirve. Retazos autobiográficos.
Libro de memorias, su género más querido. Si es
que ha querido alguno.
El cine. Magia. Verdad o mentira. Ficción insultante y
maravillosa. Como la novela. Como la vida del escritor, repartida
en otras obras que se sugieren con toda fuerza.
Fernando Vallejo, todo un tipo. Melómano. Cinéfilo.
Lleno de saberes. Ha transitado terrenos que lo hacen, uno de
aquellos, que dejan huella. En su prosa irreverente si
hay espacios de ternura y amor. O quizá, todo es amor.
A su manera. Arte en cada página. Contenido en cada palabra.
"La otra tarde lo fuimos a conocer Santa Isabel y yo, a
una especie de concentración de una cantina, con aguardiente.
Me dio la impresión de que hablaba con la lengua
pesada. La arrastra, y detrás, a remolque, se le van arrastradas
las ideas. Porque ¿cómo un banquero revolucionario?'¿La
banca y la revolución? No se compaginan, no pueden ser.
Hombre, sí se compaginan, sí pueden ser; es que
la revolución no siempre tiene que ser para abajo; puede
ser para arriba. La revolución es cambio, y si uno sube
al poder pobre y se hace rico, pues cambió, y si sube
rico y se hace más, también cambió. Bueno,
yo con las ideas entonces no me meto, pero ¿por qué
no hacer unos ejercicios de dicción? Pág. 85
EL DESAFÍO
Libros en los que el ejercicio
de comunicar la libertad nos queda como tarea colectiva. Que
nadie se sienta libre, mientras exista uno, que no coma, que
no se eduque, que no lea, que no tenga seguridad social. Ninguna
sociedad es democrática, si los niños tienen que
trabajar para vivir y los adultos, no tienen trabajo para dar
de comer a los niños. Está dicho.
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