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Betancour y su mundo azul-jacarandá
El Centro Cultural Metropolitano
está presentando 'Arte Pictórica', primera exposición
de dibujos del pintor ecuatoriano Miguel Betancourt, quien exhibe
25 obras de poética materialización: acrílico
sobre papel de empaque.
ANÓNIMOS Y EFÍMEROS
MENSAJES
María Elena Machuca,
directora del Centro Cultural Metropolitano (CCM), cataloga al
pintor como un buscador incansable de una propia personalidad
pictórica. "Betancourt ha abandonado temporalmente
el pincel y la vaciedad del lienzo para indagar en la composición
de nuevas texturas paganas y significantes: sobre el oscuro papel
de empaque, juega con la arena sobre la que el hombre ha escrito
por milenios anónimos y efímeros mensajes; con
la cabuya que una vez fue quipu; con periódicos repletos
de azorados símbolos; con partituras, pentagramas y notas
de múltiples armonías", dice la Directora
del CCM.
Betancourt traslada a esas
nuevas texturas color y espacio con varas de limón astilladas
y ramas, empapadas de azul-jacarandá.
María Elena Machuca
describe la obra de Betancourt como " trazos nítidos
de cuerpos, paisajes, iglesias, se conjugan en la lectura de
los materiales para resignificar, en azul y celeste, el dibujo
renacentista, alcanzando la compleja plenitud del tiempo".
ALUSIOENS Y RECUERDOS
El intelectual Filoteo Samaniego
sostiene que la obra de Miguel Betancourt se caracteriza por
una búsqueda permanente de identidad; "una
necesidad de hacer obra propia y de evitar imitaciones que delaten
influencias extrañas, lo que de ninguna manera significa
que prescinda de formas cercanas al arte contemporáneo,
aunque siempre ejecutadas de acuerdo con su poderosa personalidad".
Samaniego enfatiza de Betancourt
"esa permanente investigación del color y la belleza,
motivados por un anhelo compositivo y ligados sus motivos a la
exaltación de arquitecturas o imágenes precolombinas
o inspiradas en el gótico o el barroco colonial, representó
figuras humanas, signos, letras y decoraciones que enriquecían
sus alusiones y sus recuerdos de magias y ritos, extraídos
de leyendas americanas".
EXTRAÑOS LIENZOS
Y es que el ímpetu artístico
de Betancourt lo lleva a aventurarse en ambientes, atmósferas,
tiempos, estilos "Nunca igual a sí mismo -lo conceptúa
Filoteo Samaniego-; siempre distinto de los demás, Betancourt
ensaya, en estos instantes, nuevos caminos de madurez y reflexión:
recuerda su educación europea, sus observaciones de museos
y su encuentro con los grandes genios de la pintura clásica;
graba estos recuerdos a su manera, y con las experiencias adquiridas,
se arma de insólitos materiales, ya antes mencionados;
corta las ramas de los árboles cercanos, las embadurna
como con cualquier paleta inventada, y, con un tinte descubierto
a su gusto, al que llama 'azul Jacarandá', dibuja bocetos
de rostros y escenas cercanas al renacimiento italiano, o a las
figuras barrocas. Logra convertirlas en objeto de sus extraños
lienzos, lo que, en efecto, produce reminiscencias clásicas,
salidas de la mano de un pintor de nuestro tiempo, sin que nada
tengan que ver sus obras con los motivos y técnicas de
los grandes maestros".
EL ARTISTA, EN POCAS PALABRAS
Marco Antonio Rodríguez
hace un paisaje del vuelo de Betancourt.
"En su niñez y adolescencia, su entorno natural fue
Cumbayá, un pueblo cercano a Quito. Allí absorbe
el paisaje andino, fluyendo sumiso a los pies del cerro Ilaló,
ese primer muro que pervivirá para siempre en su retina.
Sus maestros ya avizoran sus
innatas virtudes para el dibujo y piensan becarle a San Antonio
de Ibarra, pero su camino fue otro. Para el cuarto curso de secundaria
viene a Quito en peregrinación con su madre a buscar colegio.
Lo encuentra en el Benito Juárez y pronto se vincula con
otros pintores: Víver, Pazmiño, el 'Discípulo',
entre otros, para formar un sindicato de artistas. Desde entonces,
Quito es el eje de su arte. En la misma casa donde debate temas
políticos, en una suerte de buhardilla, encuentra al maestro
Oswaldo Moreno -a quien tanto le deberá el joven pintor-,
y empieza a tentar sus primeras acuarelas".
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