Rincón
poético
Fernando Farías Sacón
(A Cecilia)
Surcaba la gaviota
su vuelo de inocencia de atardecer.
A lo lejos el sol,
hundiéndose como un tizón de leño
en las entrañas del mar. Como quien dice:
Amarrando la luz de la luna en una esfera de constelación.
El bosque daba su fragancia
de primavera.
Las cascadas con sus líricas aguas
dibujaban la hermosura de las flores silvestres
los pájaros cantores hundían sus cuellos
entre las ramas de los árboles,
en sus revoloteos dibujaban rubíes entre las hojas;
era tanto su destello que un disco azul teñía a
las aguas en diamantes.
La gaviota seguía su
vuelo
a lo lejos la inspiración brotaba de mi pecho.
¡Cerca!,
muy cerca de mis ojos estabas tú
tan esbelta, tan tierna,
transformada en gema don perfecto de mujer.
Y comprendí que eran
tus labios,
los que medían el lago,
que eran tus manos las que acariciaban los peces
y que éstos saltaban en bandadas transformados en frutos
todo un compendio de riqueza y de alimentos;
para comer y brindar hasta saciarnos
hasta quedar satisfechos de corazón y conciencia.
A lo lejos la inspiración
toda una magia secreta;
eso que la gente llama musa,
que hace sonreír, escribir;
y hasta latir el corazón en la manifestación de
las palabras.
Gaviota solitaria en tu vuelo,
y yo en el mismo lugar;
en el mismo lugar;
en el mismo rincón poético de la inspiración,
esperando la flor de la tarde.
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