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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

Reo por confusión

Fernando Farías Sacón

Todo sucedió en el mismo día, cuando la secretaria me dijo:

- Dr. Ramírez, antes de que usted llegue hicieron una llamada misteriosa. Preguntaron si usted era catedrático universitario, y a qué partido político pertenecía. En ese instante yo traté de interrogar, -dijo- la mujer, pero el desconocido sentenció que por andar su persona en malos pasos lo iban a matar antes de que cante el gallo. -Y luego cerró la llamada.

Me sorprendí por tan absurda información que me dio ella.

- Le sugiero señorita, que la próxima vez que hagan una llamada anónima, infórmese de inmediato con la central de comunicación y cualquier cosa que averigüe, hágale saber a la policía.

- De acuerdo señor, eso mismo haré, precisó la chica.

Por la tarde abandoné mi despacho, con la sola intención de recoger a mi esposa, la que se desempeña como odontóloga en su consultorio privado, y antes de que pudiera abrir la portezuela del carro, recibí un recio puñetazo en el rostro.
El frío cañón de la "Browin" aprisionaban mis mejillas. La muerte me rondaba a milímetros, sabía que el mínimo error me costaría la vida.

-¡No te muevas hijo de puta! -vociferó el milico-. Se te acusa de terrorismo y de financiar la subversión en América latina y aún en el mundo entero. Te advierto que si lo haces te vuelo las tapas de los sesos. Es más a ustedes perros inmundos no hay quien les extienda la mano.

Otro enmascarado se acercó violentamente hacia mí, al mismo tiempo que descargaba un fuerte puntapié en mi costilla izquierda, me dejó fuera de combate. Inmediatamente, mis manos eran aladas hacia mis espaldas.
Cuando volví en mi, me encontré en un sucio, lúgubre y asqueroso lugar, el piso húmedo las paredes descoloridas y salpicadas de sangre.
Desde mi reclusión pude escuchar una acalorada discusión:

- Escuchen ustedes los tres -dijo el Capitán -, que lo que acaban de hacer no tiene nombre, imagínense si la prensa se entera de éste suceso, de seguro que se armaría el escándalo. Nuestra institución se diferencia por su alto grado de profesionalismo y no puede ser mancillada por el mero hecho de una equivocación. Les pongo en claro la situación, a usted Teniente, y de igual manera al Sargento y al Cabo, que si esto se descubre los tres se enfrentarán a la ley y a los Tribunales de los Derechos Humanos. Desháganse de él, no le maten, pero eso sí, déjenle en un lugar de difícil acceso, para que todo quede como un simple accidente.
Dichas éstas palabras el Capitán se retiró.

El Teniente escrutó con la mirada al sargento, al mismo tiempo que enfatizaba:

- Verdaderamente hemos torturado a un hombre inocente. Ya que el pez gordo ha sido otro: el Ramírez, un tal ingeniero experto en explosivos. Y el que tenemos adentro es un abogado sindicalista. Nuestro error fue actuar sin diferenciar el homónimo.
No habían pasado ni diez minutos cuando los tres enmascarados penetraron nuevamente en mi celda. Pero esta vez con actitud flexible y menos puteadera. Me levantaron del piso, me cubrieron el rostro con mi propia chaqueta y de inmediato me treparon al carro con rumbo desconocido.

-¡Aquí hay una quebrada mi Teniente!- dijo - el Sargento.

-No aquí, respondió el Teniente. Debe ser en otro lugar.

-¿Qué tal si lo botamos en Zámbiza?

-Excelente idea mi Teniente, respondió el Cabo.

-Pues bien ya llegamos -precisó el Teniente-.

Me tomaron por el brazo, así como cuando conducen un ciego. Me empujaron por el pecho y caí de espaldas sobre un montón de basuras y otras cosas putrefactas.
Amanecía y una viejecita que hurgaba entre los desechos, tropezó con mi cuerpo, al mismo tiempo que desgarraba un grito de espanto y terror. No supe nada más de mí, pues en ése instante perdí la noción del tiempo.
Cuando desperté de esa horrible experiencia se me estremeció el corazón, al ver a mi hijo Astrolabio, acariciándome con sus tiernas manos la frente y el rostro; su dulce sonrisa me trajo a la realidad de que yo aún estaba vivo. Lorena me dio un beso en la boca al mismo tiempo que sus ojos se llenaban de lágrimas como símbolo de amor y alegría.

- He velado tu silencio tal como lo hacen los dioses , -dijo -.

Quito, abril 3 del 2005

 
 

Las Mariposas

-Un cuento para Anahí-

Cecilia Jaramillo A.

Allá, en un bosque de aguacates,
donde cantaban las cosas,
se hallaron dos mariposas
que juntas gustaban volar.

Fue primero, en Primavera,
que visitaron las rosas,
que subieron por las ramas
y se conocieron más.

Se ayudaron, se rieron,
soñaron cosas hermosas,
comieron mieles sabrosas
y hasta ¡intentaron hornear!

Durmieron juntas ¡que locas!
pintaron con sus alas sueños
hicieron planes de novios
y se contaron sus cosas... tratando de dar siempre más!

La una, Anahí se llamaba
tenía sus patitas largas
y en sus ojos ese color de la paz,
sus manos siempre tan listas
como queriendo abrazar.

Su pelo, hermoso intocable
se la querían peinar;
y dibujaba mil soles
para siempre regalar.

La otra, era más grande,
pero con más experiencia
soñando sólo en el mar
tan solo sabía amar.

Un día, vino un viento con mil nubes;
negras, largas, mentirosas
y las intentó separar.

¡Sopló! tan fuerte! con furia!
que a la una, la más grande,
sus alas logró doblar
pero aún así, ella pronto logró escapar.

Pero, ése viento no sabe
que, hay cosas más hermosas
que él no puede evitar.

No tiene fuerza para poder apagar
el calor fuerte y profundo
de los que saben amar.

Porque ellas son tan libres,
son iguales en sus sueños,
fraternas porque se saben:
sinceras y sin afán.

Y ésas dos mariposas
a la distancia se sienten,
se extrañan, pero comprenden
que, aunque en distintos jardines les toque ahora volar,
¡siempre!, ¡siempre!, ¡siempre!
se van a querer más y más.

Quito/Abril/2005
 
 
 
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