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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

El pincel loco

ANA GABRIELA CHICAIZA MLINA

Había una vez un niños apodado cabezón. Estaba solo vivía en el fondo d eun desván se sentía triste porque no tenía amigos ni a nadie a quien contar sus penas y alegrías.
¿Se preguntaba pro qué nadie me quiere?

Tal vez por ser cabezón?

Cogió agua y un peine y se peinó, salió a pasear y todos lo miraban con asombro, quién será?

Más vino un terrible ventarrón y se acabó el encanto cabezón volvió a ser l mismo y regresó al desván a llorar su soledad.
Un día se le ocurró explorar por todo el desván, se dio cuenta que no era un desván común y corrinte; era el de un pintor, habían paletas, caballetes, mesas, lienzo unos en blancos otros terminados, otros sn terminar, otros cubiertos con tela negra, como si estuvieran de luto pinturas, pinturas y más pínturas y ni un solo pincel.

¿Por qué?

¿Por qué?

Cabezón se quedó con la incógnita se durmió pensando todo lo que miró, no es posible que no haya un solo pincel decía.
Amaneció y saltó de su cama a eguir invetigando miró nuevamente espatulas, paletas, caballetes, lienzos, pinturas, pinturas y más pinturas pero! Ni un solo pincel, que raro.

Buscó y buscó pero nada de pornto vio su reflejo.

¡Es un espejo voy a mirarme bien!

¡Oh sorpresa!

¡No soy un niño soy u npincel!

Ahora entiendo muchas cosas, porque me dicen cabezón, porque estoy solo, porque esto, y porque todo!
Soy un pincel y un pincel viejo, acabado y a los otros los botaron porque eran viejos talvez más que yo! Pero no importa no me daré por vencido; voy a buscar a los demás y el pincel buscó en papeleras, cartones, fundas, tachos y nada, otra vez anocheció sin la respuesta precisa, pero ya sabía porque se llamaba y se durmió pensando en los pinceles.
La idea prendida en sus amigos con pelos de marta; por encontrar otro día a su compañeros, volvió a buscar por todas partes y otra vez quitó una a una las telas que cubrían los grandes bastidores; unos estaban terminados, cuando iba a descubrir el último sintió como una mano larga le cogía delicadametne y le dijo:

¿Dónde estabas mi viejo pncel?

Mi gran amigo y compañero, ¿te acuerdas de mi?

Contigo hemos pasado muchas aventuras, grandes aventuras de mil colores y mil locuras ¡Te he extrañado mucho!

Entgonces recordé quien era yo, era el p incel favorito del gran maestro en la pintura.

¡Por fin!

No estaré solo porque mi amigo hará de mí lo que tiene que hacer, grande obras como:
¡El hombre invisible!

Y al final de cada una pondrá su rúbrica ¡Dalí!

Este cuento fue escrito por Ángela Gabriela Chicaiza Molina, a los 10 años de edad (ahora tiene 11). Con este cuento ganó el Premio Nacional para Pequeños Escritores 'Había una vez Dalí', promovido por MR. BOOKS.
Se ha respetado la redacción y puntuación del original, circunstancias que contribuyen a la ingenuidad y encanto del cuento.

La gráfica que acompaña al cuento es también obra de Ana Gabriela

 
 

PILAR ÁLVAREZ ARECES

Amado mío, en mi no está el olvido.
Eres ese amanecer constante a la vida
un nuevo día y estas presente.
 
No importa la distancia ¡no hay olvido!
 
Amado mío mi alma esta contigo
estás presente en mi vida, en el amanecer diario
en el vivir día a día.
 
No importa la distancia ¡no hay olvido!
 
Amado mío, no habrá olvido ni despedida
Eres el canto permanente, de cada día
el perfume del amor que da la vida.
 
No habrá olvido ni despedida, y vendrás una noche a buscarme, y yo ya dormida, sentiré tu perfume
que es mi vida.
 
Amado mío esta es la vida que une dos almas
en un nuevo día.
 
Nos unió el mismo dólar, y al encontrar esta dicha
no habrá olvido ni adiós.
 
Te propongo construir otra ruta del amor
que será siempre el perdón, de lo que puede ofender
la cólera, al mismo amor.
 
Amado mío
 
Cuando la noche impone su costumbre de insomnio,
y convierte cada minuto en el aniversario de todos los sucesos de la vida; allí, los recuerdos me asaltan.
Unos están con tu mirada, otros en el alma blanca de un lejano sueño implacable, labios en silencio,
¡el olvido ola vida! Me reclama.
Y sigo con este viejo hierro la memoria

 
 

ANA MINGA

El pasado 'enloque/sido' viene al cuarto
los fantasmas sudan envueltos en las sábanas
en la mitad de la noche
se escucha el llanto de los demonios
se murmuran cuchillos
se roban el mar para introducirlo en el alma
ella
que se atranca con la saliva
tras el mediodía de las calles.
 
Al cuarto oscuro
llegan los gallos despiertos
 
la memoria con herida abierta
muestra ojos embarazados de estrellas
que callan en el insomnio de la luna de mil nombres.
 
El cansancio deja su columna en la ropa
las cosas raras se sientan
los gallos despiertos
los demonios llorando
el lado obscuro del cuarto
coge la mano derecha
que por años ha temblado
 
todo tiembla
cuando el Dios vino reza en las venas.
 
El cuarto obscuro
la orquesta más fuerte
el fantasma tiene un niño con miedo en los ojos
le juega una rayuela compasiva
para las costillas solas y alcohólicas
que sobre este papel se extienden.

 
 

EMILIA BENS

El futuro no espera manadas
mucho menos a dos conjuntos de situaciones
cada cual tiene su sueño con insomnio
su fuego con su copa de vino
su cadena son su herida sentada frente a los tugurios del reloj.
 
"No somos dos, cada uno está solo"
y sobre los carbones de un gallinero entrometido
lo que queda es
atrapar a los desatinos guardados
y con nuestros cuatro ojos abiertos
acompañar a la noche más honda
del Dios que no nos conoce.

 
 

El jardín de nuestra vida

MARÍA ISABEL LEÓN PACHANO

En el jardín de los sueños
planté mi amor cierto día
y fue creciendo cual violeta
lleno de paz y armonía,
con un poco de agua clara
fui plantando la esencia
de algo que al parecer me contaba
que una vida duraría.
Y recogí las hojas secas
y sembré en mi la paciencia
para ir labrando roca a roca
a una vida que comienza.
Así empezó a florecer
aquel jardín abandonado,
porque ya había al parecer
un colibrí enamorado,
que abonó con su dulzura
cada lirio y margarita,
que cantó a las rosas blancas
"es mi amor quien resucita".
Ya no ha muerto, no marchita
este amor que planté un día,
va creciendo va amando
eso es lo que quería,
ya no hay lluvia no hay tormentas
ni hojas secas de agonía,
solo tú y solo yo...
en el jardín de nuestra vida.

Por un error en la edición, se equivocó el nombre de la autor de este poema -publicado en nuestra edición del 1 de Mayo-; ahora, querido lector, acogiéndonos a su generosa comprensión, volvemos a editar el poema bajo el nombre de su auténtica creadora.

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