| |
¡Y Se levantó
el telón!
Hace
117 años, justo un 24 de noviembre, el Teatro Nacional
Sucre abría sus puertas al mundo y se tornaba en proscenio
de la cultura universal. El tañir triunfal, el 25 de noviembre,
lo dieron las notas de un piano, que bajo las magistrales manos
del afamado Capitán Boyer, venido de París para
el acontecimiento, vistieron de solemnidad, por primera vez,
a la Plaza del Teatro, que se tornó en pasarela de las
más elegantes galas de quienes habitaron el Quito de aquella
época. La Banda de la Artillería del Ejército
trompeteó la ocasión.
La construcción del monumento se había iniciado
en 1880, bajo la presidencia del general Veintimilla, el contratista
se llamó Leopoldo Salvador, con quien se concretó
el negocio por 40 mil pesos. La convención de 1883 hizo
concesiones al contratista, de tal forma que para 1887, según
el historiador Pedro Fermín Cevallos, "el sólido,
grande y hermoso Teatro se hallaba concluido, y su costo había
subido a 111.000 sucres.
El lugar sobre el cual se levanta actualmente el Teatro Sucre
fue escenario de muchas instancias populares, fue camal, plaza
de toros, mercado, alguna vez hubo allí un puente Mas,
de pronto, se tornó en ambiente de aristócratas,
nobles y otras especies de narices paradas.
Las personalidades artísticas que pasaron por las tablas
del Sucre fueron deslumbrantes luminarias del mundo, como la
Ópera Lombardi (1904), Marcelli, (1909). En 1927, en este
escenario cantó María Victoria Aguilera, familiar
de la ahora famosa cantante Cristina Aguilera. El Sucre también
fue escenario de las actuaciones de la actriz Marina Moncayo
y el actor Marcon Antonio Barahona Lasso.
A partir de los 40, los aplausos resonaron por los pasillos
de Carlota Jaramillo. Las tres ecuatorianas fueron premiadas
allí y, a criterio de Yánez, eso hizo que el Sucre
se adentrara en la comunidad.
También el mundo de la política empezó a
girar alrededor del Teatro Sucre, y así fue escenario,
no solo de acontecimientos escénicos, sino de recepciones
de visitantes importantes, sesiones solemnes de la ciudad y el
país, transmisiones de mando presidenciales, velatorios,
elecciones y coronación de reinas, conferencias
De estas cosas habla emocionado Washington Troncoso Duque, quien
desde 1960 se desempeñó primero como guardalmacén-inspector
y como Director Administrador, después. Durante 40 años
fue protagonista de la historia del Teatro. De hecho fue él
quien lanzó el llamado de auxilio al Fonsal, donde logró
la atención de su Directora, Olga Woolsfo, cuya intensa
gestión logró que el Ejecutivo tome cartas en el
asunto y se inicien las tareas de rescate.
"El Teatro Nacional Sucre es la Primera Sala Oficial de
propiedad del Estado, y merece un tratamiento especial por parte
de las autoridades que dirigen la marcha administrativa del Teatro,
y así mantener su prestigio", enfatiza Washington
Troncoso.
Y es así, de aquí en adelante toca al Municipio
el cuidado y engrandecimiento del Sucre, pues hasta ahora "las
auditorías y exámenes especiales de la Contraloría
determinan en las actas finales, que durante 38 años de
administración, los fondos y bienes del teatro fueron
manejados dentro de las normativas, los fondos y bienes del Teatro,
con absoluta honestidad, sin haberse encontrado ninguna novedad",
insiste Washington Troncoso Duque.
La pléyade de luminarias, cuyo brillo continúa
proyectándose desde ese faro de cultura, eternos testigos
de la gloria del Teatro Nacional Sucre, fueron los testigos de
como, otra vez destellaron las luces, sonaron las fanfarrias
y se desencadenó la magia de 'Rigoleto', en el protagonismo
de las figuras de 'La Scala' y los talentos nacionales. ¡Si,
señor, la función debe continuar... Y continúa!
|
|