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¡En espera del Coyote!
Rosalía Arteaga Serrano
rarteaga@otca.org.br
La trayectoria artística
de Quito y también del país, en lo que tiene que
ver con el teatro, está unida, en los últimos años,
a la vida de una familia que se ha dedicado con empeño
a cultivar las artes escénicas y a continuar una tradición
que se ha vuelto entrañable.
Nos referimos a la familia
Guarderas, que a través de su Teatro, de su espacio para
el arte "El Patio de Comedias", se ha transformado
en un referente cultural de quiteños y de quienes visitan
la ciudad.
Pero no solamente sus realizaciones
se dan en este espacio expresamente destinado para la cultura,
si no también, el trabajo que primero el padre y luego
la hija han asumido como un compromiso de patria, haciéndonos
reír o llorar, exaltarnos, sentir la tragicomedia de la
vida, a través de sus representantes teatrales.
Confieso que disfruté
muchísimo la obra que se ha repetido por centenares de
ocasiones en todos los lugares del país y, si no me equivoco,
hasta del extranjero, a donde la andariega vocación de
los ecuatorianos, nos ha conducido. Me refiero a "la Marujita
se ha Muerto con Leucemia", en la que el gracejo, la ironía,
el humor con el que son tratados los temas nos han hecho reír
a carcajadas, sonreir, sentir atisbos de lágrimas. Los
estereotipos de la manaba, la quiteña y la cuencana se
han quedado fijos en la memoria colectiva. Debo decir que la
"cuencana" me tocó: el cantadito, los modales,
los decires, nos llevaron a las tierras, a las casas solariegas,
a percibir desde fuera ciertas cosas que desde dentro no se ven
y que tiñen de colores las remembranzas sobre todo cuando
se está lejos de la patria chica.
Ahora, tuve la oportunidad,
durante una reciente estadía en Quito, de disfrutar otra
vez de la gracia con que son concebidas las obras en las que
actúa Juanita Guarderas, en esta ocasión con la
puesta en escena de la obra del dramaturgo y director cuencano
Juan Andrade, que toma el argumento que la vida nos está
deparando a miles de ecuatorianos: la emigración voluntaria,
aquella que se la hace movido por la penuria económica,
en búsqueda de esperanzas, de mejores destinos para la
vida propia y de la familia.
Y se pone sobre la palestra
la figura omnisciente del "Coyote", figura siniestra,
vendedor de esperanzas, que se queda con el dinero de muchos
que ni siquiera emprenden el viaje, o que se quedan en el camino,
y si llegan, viven vicisitudes múltiples, tragedias que
se repiten a diario.
Por eso el Coyote hace reír en la representación
a la que aludimos, pero también hace reflexionar, nos
da tristeza ver a las mujeres esperanzadas que van quebrando
sus ilusiones, argumentándose mutuamente para encontrar
las razones del encierro al que se ven sometidas y del no viaje
prometido.
Así el Patio de las
Comedias otra vez se transforma en escenario para la presentación
de las actividades que deleitan a todos con sus representaciones
y nos dejan el sabor del teatro que refleja la vida, que arguye
y que se presta a reflexiones.
Bien por esta nueva obra, que
seguramente reeditará los éxitos a los que ya están
acostumbrados quienes hacen este espacio para el arte.
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