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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

"Ojo de agua" títeres, historias y construcción

María Gabriela Borja

"El teatro infantil en el Ecuador tiene un espacio que se ha ganado por sí mismo"- opina el grupo de Teatro y Títeres Ojo de Agua.

Sus integrantes sostienen que a pesar de la visión errónea que gran parte de la sociedad tiene sobre esta actividad, señalándola como un simple pasatiempo para fines de semana, el teatro infantil determina la percepción estética del futuro adulto. Afirman que tanto los actores como los títeres son elementos que se necesitan para liberar la inspiración, mantenernos sanos de espíritu, entretenernos y confrontar las facetas del ser humano. Creen que la brecha generacional impone el alejamiento, la construcción de prejuicios dados generalmente por los adultos y el teatro infantil es un espacio de reconciliación, un acercamiento de edades, mundos e historias. Sobre los grupos que actualmente trabajan en esta actividad, "Ojo de Agua" opina que sus productos son de calidad y que existen además, muchos nuevos intentos en iguales circunstancias. Sin embargo, el reconocimiento es mayor fuera que dentro del país: aún estamos construyendo la tradición interna.

"Ojo de Agua" está conformado por María Elena López y Roberto Sánchez, junto a todos los personajes que han conseguido crear en cuatro años de actividad. La necesidad de formar el grupo, que con su nombre nos lleva a imaginar las extrañas pupilas de un arroyo ignoto, nace de experiencias anteriores que no llegaron a satisfacer totalmente a sus dos integrantes. "Ojo de Agua" no es solo un espacio de formación o profesionalismo dramatúrgico. Es, ante todo, la realización de una búsqueda interior de sus miembros que se traduce en la creación, la exploración constante de nuevas situaciones y personajes, un trabajo arduo que va desde la sola concepción de la idea hasta el hallazgo y elaboración de los utilitarios adecuados para plasmarla.

María Elena y Roberto no pierden la costumbre de probar más y más técnicas en sus representaciones. No siguen una horizontalidad predeterminada, sino que juegan con las actitudes de la gente, con los espacios y el tiempo; imaginan la obra y luego trabajan en ella, resolviendo el laberinto enorme que descubre sus puertas, invitándolos a correr y realizar la idea en su centro, en el escenario.

Para ellos no existe distinción entre sus personajes. Los saben el producto exacto elaborado sobre la base de la idea, de la historia, del deseo. El deseo que está presente en todo lo que realizan, porque no pueden concebir el mundo sin esa condición que determina la diaria construcción de sus vidas. "Ojo de Agua" es como una fábrica de inquietudes materializadas sobre la marcha. Creen firmemente en sus elaboraciones y por eso intentan dotarles de una vida independiente: ninguno se repite o puede confundirse; caracterizan a los títeres como individualidades que coexisten y se unen en escena para dar lo mejor de sí. Sus personajes no son intentos sino seres completos, que bien podrían superar el nivel de humanidad de muchos hombres y mujeres carentes de fe. ¿Cómo lo consiguen?....Pues bien, María Elena y Roberto buscan primero la técnica que se ajuste a los requerimientos de la idea, es decir, un proceso de preparación desde la construcción del personaje hasta la interrelación de éste con sus creadores. La energía que emana de un personaje o actor es esencial para posibilitarle una existencia propia, sin aspectos racionales impuestos y con absoluta libertad de movimiento. María Elena y Roberto entienden que el mejor personaje es aquel que ha aprendido a jugar, como lo hiciera un niño en el escenario.

Equipo y pareja

Un detalle interesante de Ojo de Agua es que sus miembros, a más de ser un equipo de trabajo profesional, son una pareja que concibe al mundo desde sus individualidades, evitando contenerse el uno al otro y caminando juntos con el propósito de realizarse. Cuando pregunté si creían que el hecho de ser pareja facilita su compatibilidad, respondieron: "No hay recetas, simplemente disfrutamos el compartir ese espacio de creación, que como cualquier espacio tiene sus dificultades y va originando y buscando permanentemente la forma de trabajar sin desaparecer, siempre en el camino por la realización de los propios sueños."
Como es de suponerse, los espacios para el teatro infantil en el Ecuador son escasos. Ojo de Agua, justifica en parte esta situación con la demanda en aumento de los mismos grupos por conseguir un lugar; lo que en definitiva, no deja de ser bueno para la difusión de su trabajo. Por esta razón, María Elena y Roberto, conscientes de sus necesidades particulares, han elaborado un proyecto para inaugurar un espacio: "El Teatro Ojo de Agua", que funcionará a partir de febrero del año en curso en las instalaciones del Centro Cultural UNO, ubicado en las calles San Ignacio y González Suárez, al nororiente de Quito. El Teatro cuenta con financiamiento independiente y participación privada para proyectos educativos. Ojo de Agua dice que las puertas estarán abiertas solo para "niños y adultos sin prejuicios".

No a la cultura de la queja

Sus proyecciones sobre el futuro del teatro infantil en el Ecuador son positivas. María Elena y Roberto no creen en la cultura de la queja y piensan que en este contexto se pueden realizar muchos sueños. Ven un futuro exitoso por lo que el presente les indica y además, tienen la certeza de que "el arte de los pueblos es como su espíritu: la parte final que necesita desarrollar existe por sí misma y de la misma manera crece".

Ojo de Agua ha demostrado su trabajo en países como Colombia, Venezuela y ha compartido con varios grupos mexicanos. Luego de esas experiencias, opinan que los grupos de teatro no deben ser totalmente apoyados, ni totalmente olvidados. El equilibrio les permitirá aprender a enfrentar las crisis y los desafíos, a fin de producir mejores cosas que implican un mayor esfuerzo.

Las obras más representativas para María Elena son aquellas que está por realizar. Mientras que Roberto menciona a "Las aventuras del diablo Ucho" de su autoría, en títeres para niños y "La lengua de la Montaña" de Haold Pinter, en teatro de actores, como dos representaciones en las que podría actuar mil veces. El 15 de marzo de este mismo año, estrenarán la obra "Yo me lo guiso, yo me lo como: Vida y muerte de Juan Palomo", obra de títeres para adultos en la Casa Mala Hierba. "Ojo de Agua" invita a participar del universo mágico que se crea a partir del teatro y volar con la imaginación hacia otros rincones de nuestra propia conciencia que muchas veces evitamos encontrar. Nos invita pues, a soñar.

 
 
 
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