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"Ojo de agua" títeres,
historias y construcción
María Gabriela Borja
"El teatro infantil en
el Ecuador tiene un espacio que se ha ganado por sí mismo"-
opina el grupo de Teatro y Títeres Ojo de Agua.
Sus integrantes sostienen que
a pesar de la visión errónea que gran parte de
la sociedad tiene sobre esta actividad, señalándola
como un simple pasatiempo para fines de semana, el teatro infantil
determina la percepción estética del futuro adulto.
Afirman que tanto los actores como los títeres son elementos
que se necesitan para liberar la inspiración, mantenernos
sanos de espíritu, entretenernos y confrontar las facetas
del ser humano. Creen que la brecha generacional impone el alejamiento,
la construcción de prejuicios dados generalmente por los
adultos y el teatro infantil es un espacio de reconciliación,
un acercamiento de edades, mundos e historias. Sobre los grupos
que actualmente trabajan en esta actividad, "Ojo de Agua"
opina que sus productos son de calidad y que existen además,
muchos nuevos intentos en iguales circunstancias. Sin embargo,
el reconocimiento es mayor fuera que dentro del país:
aún estamos construyendo la tradición interna.
"Ojo de Agua" está
conformado por María Elena López y Roberto Sánchez,
junto a todos los personajes que han conseguido crear en cuatro
años de actividad. La necesidad de formar el grupo, que
con su nombre nos lleva a imaginar las extrañas pupilas
de un arroyo ignoto, nace de experiencias anteriores que no llegaron
a satisfacer totalmente a sus dos integrantes. "Ojo de Agua"
no es solo un espacio de formación o profesionalismo dramatúrgico.
Es, ante todo, la realización de una búsqueda interior
de sus miembros que se traduce en la creación, la exploración
constante de nuevas situaciones y personajes, un trabajo arduo
que va desde la sola concepción de la idea hasta el hallazgo
y elaboración de los utilitarios adecuados para plasmarla.
María Elena y Roberto
no pierden la costumbre de probar más y más técnicas
en sus representaciones. No siguen una horizontalidad predeterminada,
sino que juegan con las actitudes de la gente, con los espacios
y el tiempo; imaginan la obra y luego trabajan en ella, resolviendo
el laberinto enorme que descubre sus puertas, invitándolos
a correr y realizar la idea en su centro, en el escenario.
Para ellos no existe distinción
entre sus personajes. Los saben el producto exacto elaborado
sobre la base de la idea, de la historia, del deseo. El deseo
que está presente en todo lo que realizan, porque no pueden
concebir el mundo sin esa condición que determina la diaria
construcción de sus vidas. "Ojo de Agua" es
como una fábrica de inquietudes materializadas sobre la
marcha. Creen firmemente en sus elaboraciones y por eso intentan
dotarles de una vida independiente: ninguno se repite o puede
confundirse; caracterizan a los títeres como individualidades
que coexisten y se unen en escena para dar lo mejor de sí.
Sus personajes no son intentos sino seres completos, que bien
podrían superar el nivel de humanidad de muchos hombres
y mujeres carentes de fe. ¿Cómo lo consiguen?....Pues
bien, María Elena y Roberto buscan primero la técnica
que se ajuste a los requerimientos de la idea, es decir, un proceso
de preparación desde la construcción del personaje
hasta la interrelación de éste con sus creadores.
La energía que emana de un personaje o actor es esencial
para posibilitarle una existencia propia, sin aspectos racionales
impuestos y con absoluta libertad de movimiento. María
Elena y Roberto entienden que el mejor personaje es aquel que
ha aprendido a jugar, como lo hiciera un niño en el escenario.
Equipo y pareja
Un detalle interesante de Ojo
de Agua es que sus miembros, a más de ser un equipo de
trabajo profesional, son una pareja que concibe al mundo desde
sus individualidades, evitando contenerse el uno al otro y caminando
juntos con el propósito de realizarse. Cuando pregunté
si creían que el hecho de ser pareja facilita su compatibilidad,
respondieron: "No hay recetas, simplemente disfrutamos el
compartir ese espacio de creación, que como cualquier
espacio tiene sus dificultades y va originando y buscando permanentemente
la forma de trabajar sin desaparecer, siempre en el camino por
la realización de los propios sueños."
Como es de suponerse, los espacios para el teatro infantil en
el Ecuador son escasos. Ojo de Agua, justifica en parte esta
situación con la demanda en aumento de los mismos grupos
por conseguir un lugar; lo que en definitiva, no deja de ser
bueno para la difusión de su trabajo. Por esta razón,
María Elena y Roberto, conscientes de sus necesidades
particulares, han elaborado un proyecto para inaugurar un espacio:
"El Teatro Ojo de Agua", que funcionará a partir
de febrero del año en curso en las instalaciones del Centro
Cultural UNO, ubicado en las calles San Ignacio y González
Suárez, al nororiente de Quito. El Teatro cuenta con financiamiento
independiente y participación privada para proyectos educativos.
Ojo de Agua dice que las puertas estarán abiertas solo
para "niños y adultos sin prejuicios".
No a la cultura de la queja
Sus proyecciones sobre el futuro
del teatro infantil en el Ecuador son positivas. María
Elena y Roberto no creen en la cultura de la queja y piensan
que en este contexto se pueden realizar muchos sueños.
Ven un futuro exitoso por lo que el presente les indica y además,
tienen la certeza de que "el arte de los pueblos es como
su espíritu: la parte final que necesita desarrollar existe
por sí misma y de la misma manera crece".
Ojo de Agua ha demostrado su
trabajo en países como Colombia, Venezuela y ha compartido
con varios grupos mexicanos. Luego de esas experiencias, opinan
que los grupos de teatro no deben ser totalmente apoyados, ni
totalmente olvidados. El equilibrio les permitirá aprender
a enfrentar las crisis y los desafíos, a fin de producir
mejores cosas que implican un mayor esfuerzo.
Las obras más representativas
para María Elena son aquellas que está por realizar.
Mientras que Roberto menciona a "Las aventuras del diablo
Ucho" de su autoría, en títeres para niños
y "La lengua de la Montaña" de Haold Pinter,
en teatro de actores, como dos representaciones en las que podría
actuar mil veces. El 15 de marzo de este mismo año, estrenarán
la obra "Yo me lo guiso, yo me lo como: Vida y muerte de
Juan Palomo", obra de títeres para adultos en la
Casa Mala Hierba. "Ojo de Agua" invita a participar
del universo mágico que se crea a partir del teatro y
volar con la imaginación hacia otros rincones de nuestra
propia conciencia que muchas veces evitamos encontrar. Nos invita
pues, a soñar.
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