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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 
 

'Mujeres quiteñas de la primera mitad del siglo XX'

Ana María Goetchel es la mentalizadora de esta exhibición, un documento vivo que debería quedar como muestra permanente: para admirar el heroísmo, para no olvidar, para aprender lo que no debe volver a suceder.

En el Museo de la Ciudad (antiguo Hospital San Juan de Dios) las salas de exposición muestran una multiplicidad de tesoros, auténticas cápsulas de tiempo y conocimientos. Pero, en una de las salas el concepto se quiebra; de pronto, el devenir, las sapiencias y las vibraciones del espíritu se funden en un choque violento y tiernpo a la vez: es la sala donde se exhibe la muestra "Mujeres quiteñas de la primera mitad del siglo XX".

Una propuesta museográfica que trasciende los conceptos formales, sin transgredirlos, para entregar un mensaje que conviene eternizarlo.
El expectador empieza su recorrido mirando retratos, rostros que nos vienen desde el pasado, pero que se nos vuelven actuales, e incluso futúricos en la conciencia.

Los escenarios desde los cuales nos hablan esos personajes denuncian el árduo camino recorrido por las féminas en un mundo dominado por un patriarcado intolerante, que obliga -aunque sinconseguirlo- a la asfixia de los talentos, de las virtudes y las habilidades. Un crimen "lesa humanidad", no cabe duda.

Conforme se avanza en esta sala, dedicada a la mujer de la primera mitad del siglo XX, las dimensiones parecen perder su perspectiva física y su temporalidad, presentando los espacios reducidos, más bien rincones, que la mujer de la época usó como auténticas trincheras de combate, para evidenciar su presencia y su valía.

La muestra denuncia como la prensa publicaba planchas enteras con los rostros de damas anónimas, pues solo merecían ser anunciadas como "Bellas flores del jardín...", pero ninguna de ellas se merece un pie de foto con su nombre. En contraste se muestra una plancha conrostros de hombres, cada uno con su nombre.

Pero no es un mensaje que pide conmisceración, ¡no, para nada! Al contrario, muy cerca, una fotografía muestra a un grupo de periodistas de un diario quiteño declarado en huelga, y en medio de ellos una mujer, hermosa, digna, ¡comunista! Una guerrera quiteña.

Durante el recorrido por la muestra se siente el paso de los años 10, 20, 30, 40 del siglo pasado, cantarinos, pero duros; tiernos, pero plagados de lucha... y triunfos.

De pronto, cae en cuenta el expectador de una característica muy especial de la muestra, y es que a pesar de mostrar a las célebres mujeres quiteñas, que ya tienen ganado su sitial en la historia (cuyo nombre omitiremos esta vez), se muestra la grandeza de la mujer común, la mujer del pueblo, la mujer cotidiana. Es ella la que se proyecta como protagonista y heroína de la historia.

La muestra tiene como elemento de apoyo un testimonio fílmico hecho con la tecnología naciente de los primeros años de la centuria 20 -rescatada en video-, que muestra el entorno de aquel entonces, ahí está siempre presente la mujer, construyendo la historia y el futuro en aquel presente agresivo e injusto.

Al finalizar el recorrido por aquel universo, el visitante -sobre todo si es hombre- queda sumido en la reflexión y en la contricción, obligadas por ciertas sospechas de que todo ese cúmulo de oscuridades y crepúsculos no han pasado del todo del cáliz que beben las mujeres de este siglo XXI, a las que aún se agrede con una serie de prejuicios y limitaciones.

Ojalá dentro de 100 años, en el marco de una muestra sobre las mujeres de la primera mitad del siglo 21, nadie salga con el amargo cargo de conciencia histórico de las limitaciones que se imponga a la mujer de esta centuria.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador