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El mito de una mujer
PILAR ALVAREZ ARECES
llarinalvar95@hotmail.com
Pocas mujeres han despertado
tantas pasiones y sembrado tanto misterio a su alrededor como
Mata-Hari , que quiere decir "pupila de la aurora",
la más legendaria espía del pasado siglo. Ella
misma se encargó durante años de urdir la inextricable
red de rumores y fantasías que envolvieron en una nebulosa
a aquella bailarina exótica, iniciada en la pagoda de
Siva donde aprendió los sagrados ritos de la danza. Aclamada
en París, en Berlín y en Montecarlo. Apasionada,
amante de un batallón de caballeros influyentes. Y arriesgada
espía.
Pero lo malo no es que Mata-Hari, o mejor, Margaretha Geertruida
Zelle, fuera una impostora, una bailarina abominable y una espía
dispuesta a venderse al mejor postor.
"La verdad es que como espía fue poca cosa",
diría con cinismo el capitán Ladoux, el mismo que
había pedido para ella la pena capital, luego de ser engatusado
por ella.
SOLO, UNA MUJER
Lo cierto es que Margaretha
Geertruida, nacida el 7 de agosto de 19767 que se fabricó
un pasado en la India en el seno de una familia de brahamanes,
no era más que la hija de Adam Zelle, un modesto sombrerero
holandés al que sus vecinos apodaban el Barón,
por sus delirios de grandeza y sus costumbres extravagantes.
A los seis años, Margaretha Zelle, fue matriculada en
el colegio más caro de la ciudad y enviada a clase, el
primer día de curso, en una carretela dorada tirada por
dos cabritas blancas enjaezadas como para unos esponsales principescos.
Las burlas de sus compañeras no hicieron mella en la futura
Mata-Hari que descubrió pronto el placer de verse convertida
en el centro de todas las miradas. "En su naturaleza estaba
el deseo de brillar", -dijo años más tarde
una compañera suya.
El sombrerero, como era de esperar, acabó arruinado y
separado de su esposa, fallecida prematuramente minada por las
disputas conyugales, pero convencido de que la belleza exótica
de su hija le iba a resarcir de tanto sinsabor. Y no le faltaba
razón. La fama de seductora de Margaretha se inició
a los quince años, en la Escuela Normal de Lyden, donde
fue enviada junto con sus hermanos, en vista de la incapacidad
del padre para educarles con sensatez.
La mayor parte de sus años en Lyden los pasó huyendo
del acoso sexual y de los castigos del director de la institución,
quien llegó a arrastrarse a sus pies, a gimotear en público
y a escribir horrendas poesías con tal de conseguir sus
favores.
LA OPORTUNIDAD
Amante de la milicia. La obsesión
de Mata-Hari por los uniformes militares es bien conocida para
cualquiera que haya hojeado alguna de sus biografías.
"Amo a los militares. Los he amado siempre y prefiero ser
la amante de un oficial pobre que de un banquero rico",
declaró durante su proceso ante la acusación de
haberse acostado con la milicia de media Europa.
No es de extrañar que su matrimonio con el capitán
Rudolf McLeod apareciera ante sus ojos como la antesala de un
sueño, que muy pronto se tornaría en pesadilla.
La joven Zelle tenía entonces 18 años y muchas
ganas de zafarse de la vigilancia de su tío en La Haya,
con quien se había refugiado tras escapar del colegio.
Una mañana de 1895 encontró este anuncio salvador
en el periódico Her Nieuws Van Der Dag: "Oficial
destinado en las Indias Orientales holandesas desearía
encontrar señorita de buen carácter con fines matrimoniales".
Sólo se pedía una carta con referencias, pero Margaretha
añadió una fotografía.
EL CAMINO DE LA ESPÍA
La cita galante tuvo lugar
un día de marzo de 1895. Él tiene 39 años,
apostura marcial, un bigote aparatoso, galones, chaquetilla y
sable. Ella, 18, y es una insólita holandesa, morena y
de ojos profundos. Después del almuerzo, el deseo los
condujo a un coche de punto.
Nada cuesta imaginar una pasión incendiaria, un enredo
de brazos y piernas y, más tarde, unas cartas ansiosas
que sellan el amor iniciado. "Qué suerte que los
dos tengamos el mismo temperamento ardiente", escribiría
Margaretha en esos días. Tanto ardor acabó en un
embarazo y en una boda precipitada.
En las Indias Orientales holandesas se fraguará la aventura
de Mata-Hari. Mac Leod es nombrado comandante del primer batallón
de infantería en Java y allí se trasladan ambos
esposos con su hijo Norman. Allí nació Louise y
empezaría Margaretha a interesarse por las danzas nativas,
que le iban a proporcionar largas horas de placer ante el espanto
del comandante que empezó a acusarla de disoluta y viciosa.
Lo que antes era hechizo, ahora era perversión, y se desató
el infierno conyugal.
CUESTIÓN DE MALA
SUERTE
Tuvo la mala suerte de estar
actuando en Berlín cuando estalló la guerra del
14. Y lo que es peor, tuvo la mala suerte de ser por esas fechas
la amante del jefe de policía de la ciudad, y un poco
más tarde de Kraemer, cónsul alemán en Amsterdam
y jefe del espionaje de su país. Los franceses no se lo
perdonarían.
Lo cierto es que Kraemer piensa en ella para sonsacar información
a los militares franceses. A cambio, naturalmente, de sumas considerables.
Tras el regateo, Mata-Hari acepta y se convierte en la agente
H-21. Pero la bailarina era ambiciosa e inconstante en sus afectos,
y como siempre, decidió jugar con dos barajas y convertirse
en agente doble.
Ni corta ni perezosa se ofrece en París al capitán
Ladoux, a quien sabe al frente del Servicio de Espionaje y Contraespionaje
francés. A partir de ese momento, Ladoux se dedica a seguir
todos sus pasos y a vigilarla de cerca. Una mujer que no puede
pasar desapercibida, resulta ser una pésima espía.
Si además es propensa a la mentira, al embrollo y a acostarse
con cualquier apuesto caballero con tal de que tenga un par de
galones, las cosas pueden complicarse mucho.
En el interrogatorio se revelaron sus últimas andanzas:
"Desde junio de 1916 habéis entrado en relación
con los militares de todas las nacionalidades que estaban de
paso en París. Así el 12 de julio habéis
almorzado con el subteniente Hallaure. Del 15 al 18 de julio
habéis vivido con el comandante belga De Beaufort. El
30 de julio salisteis con el comandante de Montenegro, Yovilchevich.
El 3 de agosto con el subteniente Gasfield y el capitán
Masslov. El 4 de agosto os citabais con el capitán italiano
Mariani. El 16 almorzabais con los oficiales irlandeses, Plankette
y O'Brien, y el 24, con el general Baumgartem".
UN EPÍLOGO DIGNO
Ya no había salida:
Mata-Hari aseguró que amaba a los militares de todos los
países y que sólo se acostaba con ellos por placer,
no para sacarles información. Es muy probable que esa
fuera la única verdad que dijo en su vida. El tribunal
francés la acusó de alta traición y la condenó
a muerte sin pruebas concluyentes.
Murió con una serenidad inusitada el 15 de octubre de
1917. Vestida y maquillada como para una gran ceremonia, no permitió
que le taparan los ojos y miró sin rencor a los oficiales
del pelotón de fusilamiento. Nadie reclamó su cadáver.
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