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Buenos
Aires, también es una fiesta en invierno
Fernando Augusto Esparza
Dávalos
poetafe@hotmail.com
De Chile a Argentina por el
majestuoso Aconcagua será para siempre un recuerdo imborrable
y maravilloso. Sí, apenas a tres horas de Santiago estamos
ya empinados en los refugios y pistas de patinaje sobre la piel
misma de este nevado que se interpone colosal entre estos dos
países. La carretera fue hecha con dedicatoria para el
turista, así frente a las ventanas del mismo autobús
se ve lentamente subir por a los esquiadores por el teleférico.
El frío del gélido coloso se mete hasta el transporte
mismo y empaña la vista, donde los empecinados turistas
que no quieren dejarse vencer de la neblina, limpian y relimpian
el cristal de las ventanas para hacer una que otra toma del recorrido.
EN BUENOS AIRES
Finalmente después de una travesía de 22 horas
donde apenas hay una parada en la ciudad de Córdova,
se llega al majestuoso Buenos Aires. Hace varias años
habíamos tenido la oportunidad de estar por acá,
era la época juvenil de mi vida: jeans, pelo largo, mochila
y muchos deseos de aventura, Buenos Aires había sido
vista al paso de unos tres días de estancia. Esta vez
no, iba a pasar casi dos semanas, llegué a la estación
de Retiro y desde ahí tome rumbo a la residencia que tenía
fijada. La ciudad de mañana se me filtraba entre la neblina
Los síntomas del invierno en cualquier ciudad se evidenciaban:
árboles pelados, gente de caminar apresurado, chompas,
abrigos, guantes, gorras, paraguas y rostros contraídos
en los pocos transeúntes que paseaban por las avenidas..
Llegado a mi residencia y habiendo dado señas de presencia
a las personas que esperaban por mí, salí a la
ciudad, me lancé a la colosal urbe porteña, subí
por Corrientes hasta la altura de Florida donde está abierto
el Comercio, llovía , la gran ciudad lucía desierta,
se encontraban en fiesta nacional, conmemorando el natalicio
del gran prócer argentino José de San Martín.
Las doce, hora de comer, yo tenía la dirección
de un restaurante "el Pipos" a seis cuadras del Obelisco,
siempre por Corrientes, donde me hablaron de unas carnes maravillosas,
los famosos "beffes" "-Y, qué querés,
si estamos en Buenos Aires"- diría un argentino con
orgullo. Quien le quita su razón, si Argentina exporta
carne y si en Buenos Aires no se disfruta de estas, entonces
a qué carajo se ha venido. "Un beffe de chorizo,
por favor" Se lo sirve con papas fritas, una media botella
de vino, y ración de pan y mantequilla, todo por unos
18 pesos (seis dólares). Nada que ver con las carnes del
Ecuador, estas sí son carnes.
UN TRÁNSITO ELEGANTE
Ese primer día pasó volando, al siguiente y luego
de la primera reunión todo quedó en claro sobre
los que debíamos cumplir y listo, a trabajar, el otro
resto del tiempo era mío. Entonces, sin esperar más
me lancé a la ciudad, al día siguiente, volvió
a cobrar vida Buenos Aires, muy temprano sentí el trajinar
de buses y de autos, en las calles céntricas la gente
transitaba elegante, característica muy propia del porteño
que "se viste bien aunque no tenga un mango"; aunque
más allá de mi residencia que estaba ubicada en
el centro, cerca de la avenida Halen, a la altura de Reconquista,
sector el bajo, a tres cuadras de la Casa Rosada, los piqueteros
fregaban y de lo que yo pude constatar les dieron unos cuantos
días de bronca a la policía e hicieron unas duras
manifestaciones, que interrumpió el tráfico, a
pocos pasos, la Casa Rosada, estaba totalmente resguardada. A
esto se sumaban unas carpas en las cuales pernoctaban un grupo
de excombatientes de la guerra de las 'Malvinas', los cuales
tenían otros reclamos.
LAS CAFETERÍAS
Yo por mi parte desde el primer día hice lo que tenía
que hacer, esto es, conseguirme un plano de la ciudad e ir haciendo
círculos y poniendo fechas a los lugares que debía
visitar. La Biblioteca Nacional, en el sector de la Recoleta
estaba descartada, porque yo tenía que ir dos horas todos
los días a hacer un trabajo investigativo. De ahí
si empezó el recorrido, así puedo contarles del
Parque 'San Martín', luego de los múltiples encantos
de las cafeterías, donde yo tuve problemas en principio,
porque al pedir un tinto, como nosotros decimos para solicitar
un café negro y pequeño, allá es entendido
como una copa de vino tinto naturalmente, cosas para qué
aprenda un viajero, luego apea descubrir los múltiples
negocios de las diferentes avenidas: De Mayo, Córdova,
Santa Fe, Rivadavia, Belgrano, sus intersecciones, igualmente
grandes avenidas: Pueyrredon, Callao y por supuesto la gigantesca
, la magna avenida , 16 carriles, era la "9 de julio"
que viene desde la avenida del Libertador y va hasta la estación
de San Juan. Buenos Aires seguía manteniendo esa ornamentación
y elegancia que levantó el sueño de los emigrantes
sobre todo italianos y gallegos a finales del siglo XIX; de un
plumazo y pese a toda la debacle no podemos prescindir de los
grandes edificios y trazos hechos por los arquitectos italianos
para construir los grandes palacios que ostenta el Centro, estructuras
de mármol, de piedra, en estilos que van desde columnas
griegas como el de la majestuosa facultad de Ingeniería,
aunque ahora llena de graffittis y descuido en los alrededores,
hasta los elevados edificios, orgullo de otras épocas
como son: el Kavanagh, el banco de Boston o retazos de éstos
como la cúpula del pasaje Barolo sobre la avenida de Mayo;
ahí están inamovibles el Palacio del Correo, el
Banco de la Nación, el Teatro Colón y pare de contar,
son tantos edificios... por los cuatro puntos cardinales de
esta maravillosa ciudad, donde como nunca antes en ciertas avenidas
ya se ven mendigos, madres sosteniendo niños que se acercan
a pedir una ayuda.
EXPOSICIONES Y TANGO
Mi interés estaba indiscutiblemente en las librerías,
es los museos, por supuesto en el maravilloso museo Nacional
de Bellas Artes, ubicado en Recoleta, donde los más
grandes pintores del mundo en todas las épocas ¡Cuánto
esplendor! Volviendo al centro de la ciudad, tenemos también
las 'Galerías del Pacífico' enorme edificio que
se ubica entre Florida y San Martín, presentaba alternativamente
tres exposiciones: Una de Dalí, otra de Borges y una más
del sabio matemático, que saca la lengua y que tuvo un
hijo neurótico, el judío Einstein.
En la noche, la gente sale, la gente va a escuchar tango, no
hay plazas para poner un pie en el café Tortoní,
el más reputado de Buenos Aires, por una radio porteña
se invita a que asistan a un espectáculo de tango en los
'36 billares' era viernes y aquella noche se presentaba lo mejor
del tango, hombres y mujeres interpretes de tango y milonga,
naturalmente se interpretaba a Gardel, Canaro, Francisco Lomuto....
Cosa parecida se vivía en San Telmo, donde trajeados de
negro, con voces varoniles e insuperable acento, los tangueros
y su dama sostendrían en vilo al público durante
horas desde sus estrados. Noche de candonga y tango, nochecita
porteña. Otro día es domingo en San Telmo, las
calles se encuentran vestidas de antigüedades, a éstas
se botan anticuarios, pintores, talleristas, músicos,
poetas y esto se vuelve una fiesta, donde el recuerdo recoge
una postal que solo se irá cuando los sentidos se extingan.
Otro día en el barrio de Boca, barrio colorido, sitio
colorido donde llegaron los primeros emigrantes italianos revive
una nueva fiesta, no causada por argentinos ,sino por "brasileiros";
que complacen con su ritmo al son de samba. "aquí
si querés podés sacarte una foto con una bailarina
de tango" Hemingway dijo; "París es una fiesta",
pues Buenos Aires también es una fiesta y se lo digo yo,
el caminante andino. ¡Ah se me olvidaba! El periódico
Deportivo "El gráfico" estaba de fiesta y había
preparando una revista para regalar a sus visitantes, se encontraba
cumpliendo 100 años.
DE PIAZOLA A MARADONA
A dos cuadras de Corrientes había un almacén de
música con director propio, era un orate distinguido que
en la tarde aparecía para acompañar a Piazola,
al Cuarteto Cedrón o la Orquesta Nacional de Tango Argentina,
mientras metros más allá por unos pesos sobre la
calzada una pareja bailaba endemoniadamente un tango como tiene
que ser. Aplausos, vítores. No importaba el frío,
ni la tarde algo oscura pues estábamos en invierno, ¿qué
será Buenos Aires en verano? Maradona, siempre está
en el corazón del pueblo, pese a su narcodependencia,
en mala hora, la gente lo quiere y lo reconocerá por siempre.
De escritores unos han muerto, otros no morirán jamás.
Es el caso de Borges, de Sábato, de Cortázar,
me ocuparé de este último a quien tuve el gusto
de conocer en París, de dialogar en su Departamento en
la Rue L eperon; el gran Julio, para qué mencionar libros
de este coloso, cada cual tendrá su corazoncito al respecto.
JUSTIFICANDO EL DESTINO
Yo quiero recabar la consagración de un autor a la literatura,
pese a todo y contra todos, Cortázar no fue nunca un burgués,
no vivió sino para la literatura, ella le dio todo, sus
viajes, sus amores, sus luchas, sus locuras, pero sobre todo
su dignidad de escritor, dignidad que encarnan los personajes
a quienes exalta y cuando crítica se ríe con ese
sarcasmo argentino que es producto de dos mundos. Ahora justamente
y con todo derecho su figura está celebrando el aniversario
de su nacimiento, hay incluso una calle que lleva su nombre en
la actualidad. En un centro de exposiciones de Recoleta tenemos
todo para saber de Cortázar, vídeos, frases, conferencias,
libros. Esta exposición venía de Bogotá
y luego va a Europa. No anoté la palabra con exactitud,
pero Cortázar dijo más o menos lo siguiente: los
pueblos tienen los escritores que se merecen, con que el escritor
sea entendido y celebrado por su pueblo, es todo, habrá
justificado su destino.
Faltando dos días para venir, visité a Nuestra
Señora de Luján, maravillosa basílica, donde
en el subsuelo están expuestas todas las Madonas del mundo,
entre ellas la nuestra la de Oyacoto (del Quinche). Gracias
Argentina por tu vuelo, que igual que un avance de Maradona,
en cualquier momento te ves sorprendido ante la maravilla del
amor.
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