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Significación cultural
de la religión
Germán Rodas Chaves
grodas@uasb.edu.ec
El conocimiento respecto de
la significación cultural intrínseca que poseen
los diversos elementos de orden religioso, -especialmente aquellas
formas artísticas que le son propias como el arte y la
arquitectura-, y sus formas de pensamiento, -como la mitología
y la filosofía-, contribuyen en este momento histórico
de manera indiscutible a la comprensión de la identidad
de nuestros pueblos, pues los asuntos que provienen de este origen
los encontramos, entre otras cosas, en el lenguaje cotidiano
sea en el nombre propio de las personas o en la designación
de lugares que rememoran a una divinidad, santo o personaje bíblico
o, también, en la identificación de las fiestas
populares y ceremonias "profanas" que tienen su raíz
en las celebraciones religiosas lo cual hace evidente, en este
caso, el vínculo que se establece entre las expresiones
populares de la religiosidad y la cultura popular tradicional
de cada conglomerado social. Estas y otras actitudes forman
parte de los "códigos" de comportamiento que
identifican al individuo con el grupo o la comunidad a la que
se pertenece.
COEXISTENCIAS
La realidad referida tiene una gran significación en América
Latina por cuanto nuestros pueblos son, además, el resultado
de intensos procesos de mestizajes étnico y cultural,
lo cual se refleja en la creatividad religiosa típicamente
latinoamericana. Así, junto al catolicismo procedente
de Europa y las religiones originales de Africa y la supervivencia
de los sistemas mágico-religiosos indígenas se
produjeron sincretismos y recreaciones específicas. De
esta forma, y a manera de ejemplificación, el espiritismo
procedente de Europa y de Estados Unidos se integró a
corrientes animistas indígenas y africanas, propiciando,
luego, variantes muy vitales y peculiares como el umbanda del
Brasil o el espiritismo de cordón en Cuba y el rastafari,
expresión propia de algunas latitudes caribeñas.
Las particularidades históricas comentadas deben permitirnos,
más allá de cualquier otra intención, comprender
por qué la dimensión social de la religión
latinoamericana ha favorecido, más que en otras realidades
del mundo, la tolerancia con lo heterodoxo, la coexistencia de
posiciones aparentemente enfrentadas entre sí y el mayor
respeto a la diversidad. Incluso bajo este mismo prisma hoy
nos podemos explicar por qué la inquisición no
logró ser tan sangrienta, -aunque sin duda lo fue-, como
en Europa e incluso en Norteamérica; podemos develar,
asimismo, las causas para que se produjera la coexistencia de
religiones tan diferentes en las mismas comunidades o el desarrollo
ascendente de la teología de la liberación, la
misma que llegó a tener una fuerza extraordinaria y exponentes
de primera calidad que marcaron el quehacer de la historia reciente
de muchos de nuestros países.
SUBJETIVIDADES
Todas las circunstancias señaladas deben conducirnos,
necesariamente, a diferenciar la religión como un fenómeno
social determinado bajo un nombre específico o particular,
-como es el caso de la religión católica, el budismo,
etc-, caracterizado por determinadas creencias, determinados
mitos y determinadas estructuras eclesiales que distinguen a
unas religiones de otras, y la religiosidad, entendida esta como
la diversidad de forma que puede asumir la expresión de
la subjetividad humana, sin dejar de ser tal una religión
o, lo que lo hace más complejo, la coincidencia en determinados
individuos o grupos de prácticas procedentes de diversas
religiones.
En este marco y en la medida que en determinados lugares y momentos
predomina más una religiosidad que otra, los criterios
referenciales de la coparticipación varían.
Cuando de religiosidad popular se trata, -lo cual tiene un sello
de diversidad evidente-, resulta importante destacar como la
misma no posee una esfera delimitada de existencia, sino que
se expresa prácticamente en todos los actos, puntos de
vista y conductas asumidos por los diversos individuos en su
vida individual y colectiva.
De esta forma si un campesino corta un árbol o inicia
la siembra de una cosecha, en dichas actividades incorpora sus
particulares creencias, formas religiosas, supersticiones no
excluibles de su religiosidad. Así mismo cuando una persona
se enferma y trata su mal con un curandero, con un shamán
o con un médico o cuando usa medicina tradicional o fármacos
para la búsqueda del equilibrio de la salud-enfermedad,
dejará al descubierto, en buena medida, su religiosidad.
Estas y otras actitudes forman parte de los códigos de
comportamiento que identifican al individuo con el grupo o la
comunidad a la que se pertenece y deben se considerados como
parte de su identidad.
LO SINGULAR
Siendo la religiosidad un elemento de gran capacidad de conservación
y transmisión de significados, se comprende que por esta
vía también trascienda, de forma importante, los
valores que cualifican a los grupos sociales. Por ello precisamente
se impone que nos acerquemos a la significación cultural
de la religión, tanto más que la aprehensión
de la realidad de los pueblos también está configurada
de las singularidades que he puesto de manifiesto en este texto
y toda vez que la diversidad de nuestros pueblos solo puede ser
comprendida si reconocemos los múltiples factores que
la configuran, factores todos estos que, a su vez, son disímiles.
Por todas estas características nuestras sociedades latinoamericanas
son catalogadas como diversas y, al mismo tiempo, como dinámicas
y fundamentales en la edificación del futuro. La religión
y la religiosidad y sus diversas expresiones forman parte de
la configuración de la riqueza humana de nuestros pueblos.
Comprender la significación cultural de esta realidad
es un reto en la construcción de la nueva Patria Latinoamericana.
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