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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002

MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 

Significación cultural de la religión

Germán Rodas Chaves
grodas@uasb.edu.ec

El conocimiento respecto de la significación cultural intrínseca que poseen los diversos elementos de orden religioso, -especialmente aquellas formas artísticas que le son propias como el arte y la arquitectura-, y sus formas de pensamiento, -como la mitología y la filosofía-, contribuyen en este momento histórico de manera indiscutible a la comprensión de la identidad de nuestros pueblos, pues los asuntos que provienen de este origen los encontramos, entre otras cosas, en el lenguaje cotidiano sea en el nombre propio de las personas o en la designación de lugares que rememoran a una divinidad, santo o personaje bíblico o, también, en la identificación de las fiestas populares y ceremonias "profanas" que tienen su raíz en las celebraciones religiosas lo cual hace evidente, en este caso, el vínculo que se establece entre las expresiones populares de la religiosidad y la cultura popular tradicional de cada conglomerado social. Estas y otras actitudes forman parte de los "códigos" de comportamiento que identifican al individuo con el grupo o la comunidad a la que se pertenece.

COEXISTENCIAS
La realidad referida tiene una gran significación en América Latina por cuanto nuestros pueblos son, además, el resultado de intensos procesos de mestizajes étnico y cultural, lo cual se refleja en la creatividad religiosa típicamente latinoamericana. Así, junto al catolicismo procedente de Europa y las religiones originales de Africa y la supervivencia de los sistemas mágico-religiosos indígenas se produjeron sincretismos y recreaciones específicas. De esta forma, y a manera de ejemplificación, el espiritismo procedente de Europa y de Estados Unidos se integró a corrientes animistas indígenas y africanas, propiciando, luego, variantes muy vitales y peculiares como el umbanda del Brasil o el espiritismo de cordón en Cuba y el rastafari, expresión propia de algunas latitudes caribeñas.
Las particularidades históricas comentadas deben permitirnos, más allá de cualquier otra intención, comprender por qué la dimensión social de la religión latinoamericana ha favorecido, más que en otras realidades del mundo, la tolerancia con lo heterodoxo, la coexistencia de posiciones aparentemente enfrentadas entre sí y el mayor respeto a la diversidad. Incluso bajo este mismo prisma hoy nos podemos explicar por qué la inquisición no logró ser tan sangrienta, -aunque sin duda lo fue-, como en Europa e incluso en Norteamérica; podemos develar, asimismo, las causas para que se produjera la coexistencia de religiones tan diferentes en las mismas comunidades o el desarrollo ascendente de la teología de la liberación, la misma que llegó a tener una fuerza extraordinaria y exponentes de primera calidad que marcaron el quehacer de la historia reciente de muchos de nuestros países.

SUBJETIVIDADES
Todas las circunstancias señaladas deben conducirnos, necesariamente, a diferenciar la religión como un fenómeno social determinado bajo un nombre específico o particular, -como es el caso de la religión católica, el budismo, etc-, caracterizado por determinadas creencias, determinados mitos y determinadas estructuras eclesiales que distinguen a unas religiones de otras, y la religiosidad, entendida esta como la diversidad de forma que puede asumir la expresión de la subjetividad humana, sin dejar de ser tal una religión o, lo que lo hace más complejo, la coincidencia en determinados individuos o grupos de prácticas procedentes de diversas religiones.
En este marco y en la medida que en determinados lugares y momentos predomina más una religiosidad que otra, los criterios referenciales de la coparticipación varían.
Cuando de religiosidad popular se trata, -lo cual tiene un sello de diversidad evidente-, resulta importante destacar como la misma no posee una esfera delimitada de existencia, sino que se expresa prácticamente en todos los actos, puntos de vista y conductas asumidos por los diversos individuos en su vida individual y colectiva.
De esta forma si un campesino corta un árbol o inicia la siembra de una cosecha, en dichas actividades incorpora sus particulares creencias, formas religiosas, supersticiones no excluibles de su religiosidad. Así mismo cuando una persona se enferma y trata su mal con un curandero, con un shamán o con un médico o cuando usa medicina tradicional o fármacos para la búsqueda del equilibrio de la salud-enfermedad, dejará al descubierto, en buena medida, su religiosidad.
Estas y otras actitudes forman parte de los códigos de comportamiento que identifican al individuo con el grupo o la comunidad a la que se pertenece y deben se considerados como parte de su identidad.

LO SINGULAR
Siendo la religiosidad un elemento de gran capacidad de conservación y transmisión de significados, se comprende que por esta vía también trascienda, de forma importante, los valores que cualifican a los grupos sociales. Por ello precisamente se impone que nos acerquemos a la significación cultural de la religión, tanto más que la aprehensión de la realidad de los pueblos también está configurada de las singularidades que he puesto de manifiesto en este texto y toda vez que la diversidad de nuestros pueblos solo puede ser comprendida si reconocemos los múltiples factores que la configuran, factores todos estos que, a su vez, son disímiles.
Por todas estas características nuestras sociedades latinoamericanas son catalogadas como diversas y, al mismo tiempo, como dinámicas y fundamentales en la edificación del futuro. La religión y la religiosidad y sus diversas expresiones forman parte de la configuración de la riqueza humana de nuestros pueblos. Comprender la significación cultural de esta realidad es un reto en la construcción de la nueva Patria Latinoamericana.

 
 
 
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