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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002

MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 

Arunachala

"Si la vida es una jornada interminable, ¿dónde está su finalidad? Por doquier. Nos hallamos en éste palacio sin límites al que hemos llegado. Si lo exploramos, ampliaremos nuestra comprensión del mismo, tornándolo más y más nuestro." (Rabindranath Tagore)

(Primera parte)

Ma. Helena Barrera-Agarwal
kagarwala@earthlink.ne

A diferencia de la cordillera andina, donde elevaciones brotan de elevaciones, en Tamil Nadu, India, las montañas surgen de improvisto, en soledad, desde un suelo totalmente plano. Mirarlas por primera vez es una experiencia única: Ellas dan la impresión de un grupo de gigantes, emergiendo inmóviles de la vasta planicie, congregados y sin embargo extrañamente separados. Con sus pináculos azafranes o pardos, parecen contemplar el cielo como esperando.

LA IBAGEN DE BRAHAMA

Entre esas montañas se levanta Arunachala, triángulo dorado e irregular emplazado sobre la tierra. Las escrituras hindúes la consideran como la manifestación física - Iswara swarupa en sánscrito -de Shiva, quien junto con Brahma y Visnú forma la trinidad divina central al hinduismo. Arunachala constituye un vórtice de devoción, lugar sagrado al que acuden millones de peregrinos, dónde el fervor es un omnipresente hecho de la vida diaria.
A primera vista, Arunachala parece ser tan sólo una montaña más. Sin embargo, luego de un primer vistazo la mirada del viajero no puede abandonarla. Cuanto más se la observa, mayor es la dificultad de obtener una imagen mental certera. Misterios reales no necesitan un velo de oscuridad para existir - florecen a plena luz y medran allí donde todo el mundo puede observarlos. En Arunachala un curioso efecto visual parece germinar de la combinación de luz y barro áureo: Sol y montaña se confunden en una imagen que permanece más allá de la mirada.

PERREGRINAJE

Peregrinos de todo el mundo toman parte cada día en la caminata conocida como giripradakshina - en sánscrito giri, montaña, pradakshina, circunvolución. Muchos lo hacen en las madrugadas, prefiriendo el recogimiento brindado por el silencio.
El trayecto se extiende por casi dieciocho kilómetros alrededor de Arunachala. A orillas del camino, se encuentran múltiples lugares de reposo y de contemplación que van desde elaboradas capillas hasta sencillísimos altares; es posible detenerse en los mismos y ofrecer una plegaria antes de continuar con el recorrido.

LAS MURALLAS DE ARUNACHALESWARA

Una parte de la ruta del giripradakshina pasa por las calles de la ciudad de Tiruvanamalai, a los pies de Arunachala. En el centro de tal urbe se halla Arunachaleswara, el segundo templo hindú más grande de la India, cuya arquitectura monumental está marcada por trece siglos de continua reverencia. Sus altas murallas trazan un inmenso cuadrilátero de granito en la falda oriental de la montaña.
En cada uno de los costados del complejo se abren cuatro puertas gigantescas - en sánscrito raja gopuras, entradas principales - cuyos arcos están coronados por torres piramidales. Otras cinco puertas menores - kuti gopurams - de las mismas características se abren dentro del templo.
En el recinto así delimitado numerosos elementos arquitectónicos o naturales coexisten - seis santuarios mayores, capillas, altares, fuentes, arboledas, jardines.
Uno de los lugares más impresionantes es el sala central - mandapam en sánscrito - sitio de recogimiento y de oración puntuado por mil pilares de granito. Los sacerdotes a cargo del templo conducen diariamente cientos de ceremonias individuales llamadas pujas, rituales en los que el devoto pide a la divinidad por su salud, vida y progreso.

LA FE PROFUNDA

La fe de quienes participan en esos rituales es palpable: Exactamente como en América Latina, gente sencilla y humilde invoca la ayuda divina con total entrega y sin sombra de duda.
Cualquier persona puede visitar Arunachaleswara, desde sus dinteles hasta el sancto sanctorum, sin importar su religión, raza u origen. La única exigencia expresa es hacerlo con pies descalzos; a sus puertas se encuentra, como en todo espacio considerado sagrado en la India, un pequeño pabellón donde se depositan. Implícitamente, se espera también que el visitante se comporte con un recato igual al que mantendría en los lugares religiosos de su propia patria.
Cerca de la salida un gran elefante prodiga con su trompa un gentil toque en la cabeza de los visitantes que lo deseen. Cada uno de los así favorecidos paga unos cuantos centavosa cambio de esa bendición de la naturaleza, respetada y celebrada de tal modo.

TRADICIÓN MIENARIA

La tradición monástica de la India es milenaria, parte de la vida en sociedad y profundamente respetada. En Tiruvannamalai, particularmente, multitud de asahramas han sido instituidos a través de los siglos.
La palabra asharama en sánscrito tiene un doble significado. Ella alude a la tercera etapa de la vida del ser humano, aquella que idealmente debería dedicarse a la contemplación religiosa.
Adicionalmente y por extensión, el término asharama indica un monasterio creado bajo la inspiración o en homenaje a un santo hindú. Santos hindúes son usualmente referidos con la palabra guru que en sánscrito significa maestro, término que ha sido usado y abusado con fines comerciales fuera de la India.

El místico misterio

Dos monasterios católicos se han establecido en la ciudad, uno de benedictinos y otro de carmelitas. La raigambre cristiana en Tiruvannamalai no se limita a tal presencia: En 1952, fray Henri Le Saux (1910-1973), gran místico francés conocido en la India bajo el nombre de Swami Abishiktananda, vivió por algunos meses como eremita en Arunachala. En las notas de su diario correspondientes a ese período, publicadas bajo el título 'La Montée au Fond du Coeur' - 'Ascensión a las Cumbres del Corazón' - se lee respecto de la montaña:
"Un misterio reside en Arunachala. ¿Qué misterio es éste? ¿Por qué tantas personas se sienten atraídas por ella? [] Yo mismo he llegado hasta aquí atravesando océanos, fascinado. ¿Por qué este sentimiento insólito? ¿Por qué, a pesar de todas las inconveniencias de la vida en éste lugar, aquí me siento feliz y en paz como en ningún otro sitio? Esta es la fascinación que ha atraído ascéticos por siglos."

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador