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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002

MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 

Arunachala

(Segunda parte)

"Cuán magnificente era el panorama que se desplegaba frente a mí, mientras el día emergía en esplendor La belleza del mundo me abrumaba. Nunca antes había conocido una exaltación igual y una felicidad tan trascendente." (W. Somerset Maugham)

Ma. Helena Barrera-Agarwal
kagarwala@earthlink.ne

Arunachala, triángulo dorado e irregular emplazado sobre la tierra, cumbre en los Himalayas considerada como la manifestación física de Shiva, es un escenario místico de acercamiento a la divinidad.
Durante su primera visita a Tiruvannamalai en enero de 1949, Fray Le Saux tuvo la oportunidad de conocer personalmente al gran santo hindú Sri Ramana Maharshi (1879-1950) conocido como el sabio de Arunachala. En 1896, luego de una crisis espiritual, Sri Ramana, en ese entonces un joven de dieciséis años, se sintió impulsado a abandonar su pueblo natal y su familia en búsqueda de Arunachala.
Luego de un viaje pleno de incidencias, llegaría a la montaña donde, por más de cuarenta y seis años, viviría en profunda comunión con lo divino. La base de su espiritualidad se encierra en una pregunta básica y paradójicamente henchida de significado, con la que impulsaría a todo el mundo a auto interrogarse: "¿Quién soy yo?".

MEDITACIÓN

Originalmente la solitaria contemplación espiritual y meditativa de Sri Ramana tomó lugar en la sala central de los mil pilares en el templo de Arunachaleswara. Tal lugar fue reemplazado sucesivamente por otros templos localizados en Tiruvannamalai y sus alrededores, campos abiertos, una cueva en Arunachala y finalmente, un asharama construido a los pies de la montaña. Inicialmente una humilde edificación de barro, Sri Ramana Asharama es en nuestros días un complejo monástico de dimensiones, al que llegan no sólo peregrinos hindúes sino también visitantes de toda latitud y religión. El ecumenismo de las sencillas y al mismo tiempo profundas enseñanzas de Sri Ramana ha alcanzado en nuestros días el mundo entero.

PIEDAD Y ARMONÍA

La rutina monástica es idéntica a aquella de tiempos del sabio. Los religiosos residentes y los huéspedes comparten tres comidas diarias. Los platos ofrecidos son aquellos típicos de la cocina del sur de la India, la misma que, a pesar de compartir muchos ingredientes con la del norte del país, es inconfundible por lo omnipresente del arroz comoingrediente.
Una costumbre instituida por Sri Ramana también continúa: cada día el asharama brinda alimentos a cientos de personas de escasos recursos y a monjes itinerantes - sadhus en sánscrito. Estos últimos son figuras omnipresentes en las calles de Tiruvannamalai, usualmente envueltos en ropajes de tono naranja oscuro.

LIBERTAD

A diferencia de otros asharamas en los que se imparten clases y conferencias, en Sri Ramana Asharama cada quien se dedica a la actividad espiritual que desee: En prístinas salas, permanentemente abiertas, es posible observar personas meditando, leyendo o recitando plegarias. Sacerdotes adscritos al asharama cumplen con ritos y pujas a horas establecidas o a pedido de visitantes y devotos.
Sri Ramana mantenía una franciscana afinidad con los animales, y, en consecuencia, los mismos son bienvenidos en el asharama. En los jardines es común observar aves de todo tipo, incluyendo raros pavorreales albinos, cuyo abrupto y penetrante canto se escucha a intervalos.

MAGNÍFICA ARQUITECTURA

Desde la puerta posterior del asharama es posible emprender el camino que conduce a Skandashrama, una de las cuevas que Sri Ramana ocupara en la Arunachala. El camino se inicia con un graderío de piedra bruñida por décadas de uso y continúa con un sendero también empedrado, bordeado de arbustos y vegetación variada. Luego de ascender por aproximadamente una hora, se arriba a un promontorio desde el cual es posible observar Tiruvannamalai.

EL TEMPLO Y LA MONTAÑA

El templo de Arunachaleswara se divisa entonces como un enorme mapa tridimensional, la magnificencia de su arquitectura y proporciones tornada aún más evidente por la perspectiva aérea.
El panorama de la planicie está marcado por incesante movimiento y sonido, perceptible aún desde lejos.
La montaña, por el contrario, proyecta un silencio inexplicable, preñado de energía. Estudios contemporáneos sugieren que la placa tectónica en la que Arunachala reposa se halla entre las más estables de la tierra. Ello contrasta con la permanente llamada telúrica de los Andes, que se elevan exactamente al otro lado del globo terrestre. A pesar de su serenidad geológica, la energía de Arunachala no resulta totalmente desconocida para el viajero de origen andino: Ella evoca la presencia de volcanes, figuras tutelares en una región lejana, contrastante y sin embargo extrañamente similar.
En 1938 el escritor inglés W. Somerset Maugham visitó Sri Ramana Maharshi. Años después incorporaría su experiencia en su novela 'El Filo de la Navaja', donde, refiriendo un amanecer visto desde Arunachala escribiría:
"Cuán magnificente era el panorama que se desplegaba frente a mí, mientras el día emergía en esplendor La belleza del mundo me abrumaba. Nunca antes había conocido una exaltación igual y una felicidad tan trascendente."

Tal vez una experiencia de tal intensidad no sea dada a todo el mundo. Sin embargo, nadie que visite el corazón de Tamil Nadu podrá permanecer impasible. En el palacio ilimitado del que hablaba Tagore, Arunachala es uno de esos espacios en los que la jornada es interior por excelencia.

 
 
 
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La Hora 2002
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