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Arunachala
(Segunda parte)
"Cuán magnificente
era el panorama que se desplegaba frente a mí, mientras
el día emergía en esplendor La belleza del mundo
me abrumaba. Nunca antes había conocido una exaltación
igual y una felicidad tan trascendente." (W. Somerset Maugham)
Ma. Helena Barrera-Agarwal
kagarwala@earthlink.ne
Arunachala, triángulo
dorado e irregular emplazado sobre la tierra, cumbre en los Himalayas
considerada como la manifestación física de Shiva,
es un escenario místico de acercamiento a la divinidad.
Durante su primera visita a Tiruvannamalai en enero de 1949,
Fray Le Saux tuvo la oportunidad de conocer personalmente al
gran santo hindú Sri Ramana Maharshi (1879-1950) conocido
como el sabio de Arunachala. En 1896, luego de una crisis espiritual,
Sri Ramana, en ese entonces un joven de dieciséis años,
se sintió impulsado a abandonar su pueblo natal y su familia
en búsqueda de Arunachala.
Luego de un viaje pleno de incidencias, llegaría a la
montaña donde, por más de cuarenta y seis años,
viviría en profunda comunión con lo divino. La
base de su espiritualidad se encierra en una pregunta básica
y paradójicamente henchida de significado, con la que
impulsaría a todo el mundo a auto interrogarse: "¿Quién
soy yo?".
MEDITACIÓN
Originalmente la solitaria
contemplación espiritual y meditativa de Sri Ramana tomó
lugar en la sala central de los mil pilares en el templo de Arunachaleswara.
Tal lugar fue reemplazado sucesivamente por otros templos localizados
en Tiruvannamalai y sus alrededores, campos abiertos, una cueva
en Arunachala y finalmente, un asharama construido a los
pies de la montaña. Inicialmente una humilde edificación
de barro, Sri Ramana Asharama es en nuestros días un complejo
monástico de dimensiones, al que llegan no sólo
peregrinos hindúes sino también visitantes de toda
latitud y religión. El ecumenismo de las sencillas y al
mismo tiempo profundas enseñanzas de Sri Ramana ha alcanzado
en nuestros días el mundo entero.
PIEDAD Y ARMONÍA
La rutina monástica
es idéntica a aquella de tiempos del sabio. Los religiosos
residentes y los huéspedes comparten tres comidas diarias.
Los platos ofrecidos son aquellos típicos de la cocina
del sur de la India, la misma que, a pesar de compartir muchos
ingredientes con la del norte del país, es inconfundible
por lo omnipresente del arroz comoingrediente.
Una costumbre instituida por Sri Ramana también continúa:
cada día el asharama brinda alimentos a cientos
de personas de escasos recursos y a monjes itinerantes - sadhus
en sánscrito. Estos últimos son figuras omnipresentes
en las calles de Tiruvannamalai, usualmente envueltos en ropajes
de tono naranja oscuro.
LIBERTAD
A diferencia de otros asharamas
en los que se imparten clases y conferencias, en Sri Ramana Asharama
cada quien se dedica a la actividad espiritual que desee: En
prístinas salas, permanentemente abiertas, es posible
observar personas meditando, leyendo o recitando plegarias. Sacerdotes
adscritos al asharama cumplen con ritos y pujas
a horas establecidas o a pedido de visitantes y devotos.
Sri Ramana mantenía una franciscana afinidad con los animales,
y, en consecuencia, los mismos son bienvenidos en el asharama.
En los jardines es común observar aves de todo tipo, incluyendo
raros pavorreales albinos, cuyo abrupto y penetrante canto se
escucha a intervalos.
MAGNÍFICA ARQUITECTURA
Desde la puerta posterior del
asharama es posible emprender el camino que conduce a
Skandashrama, una de las cuevas que Sri Ramana ocupara en la
Arunachala. El camino se inicia con un graderío de piedra
bruñida por décadas de uso y continúa con
un sendero también empedrado, bordeado de arbustos y vegetación
variada. Luego de ascender por aproximadamente una hora, se arriba
a un promontorio desde el cual es posible observar Tiruvannamalai.
EL TEMPLO Y LA MONTAÑA
El templo de Arunachaleswara
se divisa entonces como un enorme mapa tridimensional, la magnificencia
de su arquitectura y proporciones tornada aún más
evidente por la perspectiva aérea.
El panorama de la planicie está marcado por incesante
movimiento y sonido, perceptible aún desde lejos.
La montaña, por el contrario, proyecta un silencio inexplicable,
preñado de energía. Estudios contemporáneos
sugieren que la placa tectónica en la que Arunachala reposa
se halla entre las más estables de la tierra. Ello contrasta
con la permanente llamada telúrica de los Andes, que se
elevan exactamente al otro lado del globo terrestre. A pesar
de su serenidad geológica, la energía de Arunachala
no resulta totalmente desconocida para el viajero de origen andino:
Ella evoca la presencia de volcanes, figuras tutelares en una
región lejana, contrastante y sin embargo extrañamente
similar.
En 1938 el escritor inglés W. Somerset Maugham visitó
Sri Ramana Maharshi. Años después incorporaría
su experiencia en su novela 'El Filo de la Navaja', donde, refiriendo
un amanecer visto desde Arunachala escribiría:
"Cuán magnificente era el panorama que se desplegaba
frente a mí, mientras el día emergía en
esplendor La belleza del mundo me abrumaba. Nunca antes había
conocido una exaltación igual y una felicidad tan trascendente."
Tal vez una experiencia de
tal intensidad no sea dada a todo el mundo. Sin embargo, nadie
que visite el corazón de Tamil Nadu podrá permanecer
impasible. En el palacio ilimitado del que hablaba Tagore, Arunachala
es uno de esos espacios en los que la jornada es interior por
excelencia.
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