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Sensacionalismo y crónica
roja
César Ulloa Tapia
cesarulloa77@hotmail.com
LO APARENTE EXTRAORDINARIO
Cualquier noticia se caracteriza por la actualidad, novedad,
proximidad e importancia con que está escrita. Razones
fundamentales para que el público se sienta persuadido,
recicle conocimientos y consuma este producto de manera cotidiana.
Asimismo, que haga de este género periodístico
un sitio común y lugar de encuentro para la charla formal
y también informal en diversos momentos y espacios. Sin
embargo, estos rasgos no se cumplen a raja tabla ni son códigos
universales, pues hay múltiples formas de abordar la realidad,
en donde el espectáculo, la exageración y la «teatralización»
de los actores y los hechos son constantes. Esto es cierto, pero
lamentable, sino prenda la televisión o revise algunos
diarios.
En las últimas dos décadas, varios medios de comunicación
nacionales y mundiales han brillado por la cobertura y difusión
de lo aparentemente extraordinario. Y bajo el supuesto de que
nada es oculto (al igual que el «Gran Hermano») han
vulnerado la intimidad de los personajes públicos (políticos
e ídolos de la farándula). Esta suerte de polémica
trastoca el carácter de lo íntimo, familiar y doméstico
en público. En ese sentido, nada ni nadie está
fuera del alcance de la cámara. Somos mirados como si
estuviésemos detrás de una vitrina. La primicia
de los medios se sustenta en la exploración de nuevas
formas de escándalo. Podría decirse que la lógica
del rating está supeditada a la anulación de la
vida privada.
Entre otras situaciones, esta práctica ha promovido la
fama de múltiples fotógrafos, quienes han cambiado
la concepción del reporterismo gráfico o de la
imagen artística por la, estrictamente, detectivesca y
cargada de morbo, sino recordemos el caso de Lady Diana. Los
«caza momentos» bajo la idea de captar otros planos,
ángulos o matices de la vida diaria han transmitido noticias
de gran éxito, pues apuntan sus lentes a escenarios y
situaciones antes inéditos. Y cuando lo oculto se populariza
se convierte en patrimonio informativo de todos. No obstante,
el problema se ahonda más, debido a la manera como se
divulgan las noticias, si cabe llamarlas de ese modo.
SENSACIONALISMO
En este contexto, no se puede omitir tampoco el sensacionalismo,
ya que es un discurso bien elaborado para capturar a la audiencia
a través de la magnificación, distorsión
y exagerado protagonismo de hechos vagos, sin contenido y de
dudosa investigación. Para algunos medios y comunicadores,
la nota exclusiva no es otra cosa que brindar imágenes
inescrupulosas en donde el dolor, la muerte, la intriga y el
maltrato a la honra ajena son los principales condimentos. Sal
y pimienta de un terremoto informativo. Esta actitud circense
ha ganado adeptos y ha llegado a instalarse en miles de hogares
por falta de otro tipo de programación. Súmele
a ello la dosis de violencia de muchos programas.
El sensacionalismo se legitima por el abordaje hiperbólico
de los hechos. El eje central del reportaje, crónica o
pastilla está en el cómo se dicen las cosas. Y
esto no tiene que ver solamente con las imágenes que se
vomitan desde la televisión y la prensa, sino en la manera
de hablar de los reporteros, en las palabras que utilizan, en
la forma cómo se mueven, en los lugares desde donde se
presentan, en los tonos funestos con que pronuncian cada frase,
en la música de fondo, en la «presentación
estelar» del otro lado de la nada. El sonido de las ambulancias,
patrullas, bomberos, etc., es una carta de presentación
de las famosas notas policiales. Entre sensacionalismo y crónica
roja hay un romance de años. Un secreto a voces.
DEFENSORES DE LA CRÓNICA ROJA
Resulta inadmisible escuchar a los defensores de la crónica
roja, pues su criterio no responde nada. Para estos actores,
la realidad debe presentarse en la más mínima expresión,
porque según ellos es una estrategia de denuncia social.
También opinan que nada debe estar oculto, que nada es
invisible y que la pasión humana requiere ser mostrada
en todas sus facetas. En definitiva, no hay carácter privado
para estos sujetos, pues lo público engrandece el espectáculo
y atiborra las arcas. Tampoco hay buenas noticias, pues «la
buena noticia, no es noticia». Entonces, la vida mediatizada
es una especie de ruleta rusa. Retazos de blanco y negro cubren
las coberturas periodísticas.
Lo más curioso de este asunto es que se pretende educar
a través de la televisión y la prensa sensacionalista
con este tipo de periodismo. ¿De qué criterio podrán
gozar los miles de estudiantes escolares, colegiales y universitarios
que miran estos productos? Es muy probable que la mayoría
piense que la realidad se reduce al conflicto y al caos, que
la convivencia es un cúmulo de actos violentos, que la
matanza, el asesinato, el atropello y el tráfico son tan
normales porque se miran a diario y en el horario más
estelar: triple A. Es decir, en la transmisión de noticieros.
Por otro lado, esto promueve la creación de juegos infantiles,
donde lo lúdico gira en torno de la confrontación.
Sin perder de vista el Nintendo.
De otra parte, la crónica roja no viene acompañada
solo de sangre, sino de pornografía, novedad y casos
judiciales. Se confunde, mezcla y entreteje el sexo, la corrupción,
la farándula y el manejo policial en un solo bloque como
si todas estas concreciones tuviesen una misma madre. Lamentablemente,
las páginas rojas son las más leídas, porque
producen un gran impacto visual. Lo extraordinario y aparentemente
no visto hasta ese momento sale a flote, aun cuando se narre
una tragedia. En el imaginario colectivo se ha creado una idea
errónea del disfrute: «el lector es todavía
inmune a las violencias urbana y ajena». Rojos y amarillos
son los colores más usados por los ilustradores de la
crónica roja, ya que atraen a la retina por su fuerza.
Desnudos, cuerpos mutilados y fotografías de alguna banda
de delincuentes llenan los espacios de las últimas páginas
de muchos periódicos y se presentan con gran cobertura
en los noticieros.
FUENTES Y LUGARES
Las casas de salud, cárceles, recintos policiales, zonas
rojas, morgues, entre otras, son los epicentros informativos
de la crónica roja. Desde ahí, se producen los
reportajes, se hilvanan las historias, se reconstruyen las muertes,
agresiones, tragedias, intoxicaciones y grescas Los guiones se
reiteran diariamente. Parece que solo cambian los nombres de
los protagonistas. Incluso se designa al mismo reportero para
cubrir estos eventos. Ni qué hablar de las fuentes, pues
no varían con el tiempo. Los responsables de trasladar
estas noticias son encargados de algún recinto, hospital,
etc., quienes utilizan una jerga desconocida para la población.
Otra de las características de la crónica roja
es el manejo de los titulares. Pocas palabras, pero muy contundentes
para activar la imaginación dirigida al desconcierto.
De esa forma, se genera un voyerismo solapado o disfrute por
medio de la vista. Vale señalar que el tratamiento de
la narración toma cuerpo en la descripción de los
personajes y los ambientes. Es posible que en este tipo de información,
el reportero juegue más con su fantasía. Uno de
los detalles más importantes es el uso de cifras, pues
el número de heridos, muertos, acusados, víctimas,
puñaladas, gramos, kilos, está en primer sitial.
Amén.
VARIACIONES
· «Hay múltiples
formas de abordar la realidad, en donde el espectáculo,
la exageración y la «teatralización»
son constantes».
· «Para el
sensacionalismo y la crónica roja nada es oculto, pues
han vulnerado el carácter de lo público».
· «La crónica
roja no viene acompañada solo de sangre, sino de pornografía
y novedad».
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