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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002

MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 

La resurrección de la esperanza

Fernando Esparza Dávalos
Poetafe@hotmail.com

Vamos en estas líneas a curiosear a un personaje con igual o mayor pretensión de la que puede tener cualquier individuo frente a un autorretrato.

Vamos al caso ¿Qué piensa Roberto, el cuencano, cuando está curioseando la biblioteca 'Reale' de Turín, donde se encuentra el autorretrato de Leonardo da Vinci?
(Porque también hay Leonardo, el cantante colombiano; y está mi vecino Leonardo, el que tiene ese bello pastor alemán con quien trota cada mañana frente al parque).
Pero éste de quien hablamos es, sin lugar a dudas, uno de los más grandes pintores del mundo, el Gran Leonardo.

FRENTE A LO DIVINO

Entonces, mirándole, empezamos a pensar: ¿Y cómo sería este Leonardo de quien se dice que fue un genio e inventó tantas cosas? ¿A la época en que se pintó tendría más o menos la edad del protagonista de mi artículo; y cierta parecida mirada?
Lo que no sabemos es si era cordial y ameno, como mi personaje: el uno era fundamentalmente pintor e inventor; el otro, escritor y periodista. Ambos posiblemente recordaban la juventud como una fuente de grandes logros y desafíos.

UNA NOCHE EN TURÍN

¡Ah, la primera vez que llegué a esta maravillosa ciudad de Turín, tan caracterizada; y es que cada ciudad en Italia tiene su hilo y ovillo y hay algunas que tienen para rato por ejemplo 'Firenza', tal y cual como se dice en Italiano, como si empujáramos la vocal a, con una escoba en forma de 'Tza', así acentuando la vocal a, como si dijéramos 'Faenza'.
Florencia, cuna de tantos ilustres renacentistas. A esta, llegué de noche, y estaba toda iluminada; me pareció que estaba asistiendo a la filmación de Romeo y Julieta de Zeferelli.
Me acordaba también, algo emocionado, de las enseñanzas del profesor de historia diciéndonos: "Renacimiento significa volver a nacer"; y yo veía a Miguel Ángel, a Maquiavelo, a Tiziano. ¿Es posible volver a nacer?
El vendedor de revistas de la esquina que no ha leído mucho que digamos y que posiblemente tampoco ha viajado, me va a contestar sin mayor problema: "No, que yo sepa no es posible volver a nacer". Y tiene toda la razón; es que, además, no se necesita de mucho para responder tal pregunta.
Pero en este preciso caso se trata de evidenciar la resurrección de la esperanza en una persona que en su tratar es todo, menos desesperanza.

LA RESURRECCIÓN

Bueno dejemos a Leonardo, dejemos Turín, Florencia y entremos finalmente al hombre del libro.
Estábamos en eso de la desesperanza; y todo simplemente por la dedicatoria que me hace en su libro 'La escoba de la bruja', que dice así: "En la esperanza de que te satisfaga este librito lleno de faltas y sin ninguna esperanza".
¡CÓMO SIN NINGUNA ESPERANZA! ¡Un hombre que ha trabajado tanto por su pueblo! Un hombre que no ha sido de los autoexiliados burgueses con olor a tabaco cubano y loción inglesa, que luego regresan al país a criticarlo los defectos del país, cuando nunca dieron nada. Un hombre que ha trabajado, que ha amado -talvez no bien y bueno quien es perfecto para que tire la primera piedra-, que ha vivido, que ha sembrado hijos, que se ha peleado con sus congéneres defendiendo la justicia, no puede estar jamás sin ninguna esperanza, un hombre a quien el Ecuador, su Patria le ha concedido el premio literario 'Mejía Lequerica' y luego el 'Eugenio Espejo'. Para que más.
¿Que me quiso decir al darme tal dedicatoria?

MI RÉPLICA

Va aquí pues mi réplica a modo de reencuentro.
Permítaseme, entonces, dar a conocer algo de su vida; así, suave, sencillamente, con el mismo ejercicio de un hombre que contempla en Turín el cuadro de Leonardo.
Para comenzar, empezaré esbozando la figura de Nicolás, que es así como se llama mi amigo: alto, como de un metro setenta y ocho de estatura; proveniente por el lado paterno de un norteamericano, y por el lado materno de una hermosa dama lojana de apellido Riofrío, quien está emparentada con el primer novelista ecuatoriano Miguel Riofrío, autor de 'La Emancipada'.

UN RETRATO

De contextura más bien delgada; rostro aguileño y cabello ahora blanco -otrora con seguridad habrá sido castaño ensortijado-; bigotes medianos, boca pequeña y ojos algo caídos y cerrados, como consecuencia de teclear y teclear por horas y de vez en cuando sostener un cigarrillo en los labios.
Quien le conoce más a fondo sabrá que le gusta el humor.
Ah, y siempre el tango, el cual incluso interpreta con verdadera virtuosidad. Todavía conserva el tíket que le hubiera permitido ver a Gardel, en Guayaquil, sino se hubiera interpuesto ese fatal accidente aéreo que cegó la vida del gran cantante cuando llegaba a Bogotá, luego debía pasar al Ecuador.

RAÍCES

¡Helas, nadie sabe nada del destino! Pero también es romántico nuestro amigo, que lo certifiquen sus queridas, a quienes visitaba con boleros en sus casas. Y por supuesto los libros, pues es un periodista, un creador de cuentos y novelas, un ensayista.
Vamos a sus raíces, porque también es bueno mirar al hombre en sus raíces. ¿Será verdad aquello que dice: "Donde fuertes raíces fuertes los árboles"? No, mis amigos, pues Dios escribe la historia y el destino de los hombres a veces a renglones torcidos; y, a grandes sufrimientos, grandes desafíos. Y en este preciso caso, la vida fue más bien dura, más bien triste, como la de Chaplin o la de Churchill,
La madre de los Kingman fue lojana y muy bella. Muy joven quedó viuda, por esas cosas que traza el destino, como si fuera un descuido de Dios. Así se quedó, en principio, con dos hijos de un señor Córdova.
Luego de esto, y por esas cosas del destino, llegó a Loja un buen día un gringo que trabajaba en las minas de oro de Portovelo, un gringo parecido a Da Vinci de joven; profesión: médico y que estaba contratado para atender a los trabajadores de las minas en Portovelo.
Éste, pues, un buen día había sido invitado a Loja para que conozca la ciudad y a la vez para que atienda a una persona que se encontraba en estado delicado de salud. La idea del gringo era entrar, ver, curar y regresar; pero no fue así, pues desde que vio a la joven lojana, con toda la estirpe y finura de los Riofrío, se quedó fascinado; no le importó que ella era viuda y tenía dos hijos.
Para qué explicar los pormenores del amorío. Lo cierto es que unos años después el gringo había formado familia y tenía tres hijos, dos varones y una mujer; y luego de haber vivido ocho años en Loja, quizás por lo encerrado de la provincia, por la soledad y el aislamiento, el galeno se vio sin futuro, desperdiciando una gran profesión; además, no siendo lojano, no era buen amigo de la bohemia, menos de la guitarra y no mucho de los libros, por lo que terminó aburriéndole la tal vida y se mandó a cambiar a su país de origen.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador