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A sangre y fuego
La familia Kingman, desde el
regreso del padre a su tierra, quedó, como se dice, afectada
desde todo punto de vista. Vinieron duros momentos: soledad,
abandono, pobreza, y cuando se está así, no son
muchos los que dan una mano; peor con seis hijos; son cosas que
dejan huellas y que, por supuesto, fueron decididoras para la
futura militancia socialista de los Kingman, así como
para su ubicación en defensa de los más pobres.
Hablemos por ejemplo del primer cuadro de Eduardo Kingman, su
famoso y querido hermano mayor, quien a los doce años
elaboró en acuarela en un magnífica pintura de
denuncia: su retina grabó más que el paisaje externo,
el interno que hería a su corazón.
¿Cuál fue el contenido de dicha pintura? A los
doce años, el pequeño pintor dibujó en acuarelas
el embargo que le hizo un llamado filántropo lojano sin
misericordia alguna. La pintura evidencia, como idea central,
desolación: en la puerta de una sala está el agiotista,
se ve también un policía y el alguacil, la madre
con los brazos al cielo implorando, la abuela metida debajo de
una mesa, un tío huyendo por una puerta y Nicolás
(nuestro personaje) "montadito en un caballito de madera".
Luego les quitaron una hacienda en el valle del Catamayo, lo
que marcó las completas.
Los Kingman emprendieron un éxodo por diferentes ciudades
del país en busca del sustento.
ÉXODO
Estamos hablando de los años
1920. La situación les llevó a Quito, luego a Riobamba
y, por fin, a Guayaquil. Cada cual, desde muy niño, tuvo
que aprender a defender la vida y su espacio; naturalmente esta
defensa del sustento marcó una idea no siempre conciliadora
con todos.
Eduardo llegó a ser quien fue. Nicolás, el hermanito
menor, alternó su vida entre la política, la administración
de personal y el periodismo; llegando a trabajar en el Telégrafo,
con el señor Adolfo Simons. "Gran ecuatoriano, a
quien la ingratitud ha borrado casi de la memoria", dice
Nico con mucha gratitud, característica de los grandes
hombres.
EL LIBERTARIO
Luego vendrá una estancia
de cinco años en el Oriente, donde trabajó para
la compañía Shell. Ahí pudo constatar la
inmisericorde explotación de nuestro patrimonio por parte
de los gringos, donde las autoridades nacionales no decían
nada.
Eso y las ideas de la época lo llevaron al socialismo,
al estudio de Marx, Engels, Mariategui, Ponce y unos cuantos
más.
Pasó luego al CFP, dirigido por Guevara Moreno; y tuvo
la desazón de conocer y tratar con el turco Asaad Bucaram,
con joroba y todo, pero feroz para hacer las combinaciones políticas
que terminaron sepultando al CFP y, por supuesto, todos los grandes
ideólogos del partido tuvieron que salir.
EL ESCRITOR
Su coterráneo Benjamín
Carrión le dedica muy serias líneas a la creatividad
y corte literario de Nicolás Kingman: enmarcado en la
denuncia.
Así, en 1974 aparece el libro de cuentos 'Comida para
locos'. En 1982 publica 'Dioses, semidioses y astronautas'. Su
pasión definitiva es escribir y leer, rasgo de lojanos.
Su personalidad, pese a los diferentes cambios que le toca vivir,
no podríamos encuadrarla bajo los trazos de la aventura;
más bien, los Kingman buscaron el reposo y la tranquilidad
en la madurez; ya les fue suficiente con los embates nada dulces
de la infancia.
Sin embargo, su literatura es denuncia, pero matizada de ternura.
Nicolás es de los que cree en la amistad y respeta elamor,
tanto será así que la dedicatoria de su último
libro dice: "A mis hijos con amor".
EL PERIODISTA
Ahora es el Director de nuestro
diario LA HORA; hombre disciplinado, acostumbra a llegar a las
nueve de la mañana en punto a su oficina, donde se sumerge
con vigor a su trabajo, olvidándose que tiene 87 años;
con especial dedicación corrige el Suplemento Cultural
de la Hora, me cuenta Jaime Barahona.
Rompe reglas, porque el Nico, fuma duro y toma su traguito, para
no olvidarse que en el periodismo antiguo había que pegarse
un traguito para que no haga mal el plomo de las placas en linotipos
de la época manual de elaboración de periódicos.
EL GUERRERO NO ABANDONA
LA ESPADA
Una vida así, con la
altura de la modestia, le ubica en esa categoría de los
caballeros que quisieran vivir por siempre, pues ha habido "mucha
suerte con harto palo", como decía el escritor peruano
Ciro Alegría, sus metas son cada vez mayores.
Persona de sangre dulce, cordial, sin poses; bueno, es también
sabiduría actuar en la vejez así; pero es sobre
todo cuestión de corazón.
Nicolás Kingman ha combatido a la mediocridad con la sonrisa
y nunca han tenido la mezquindad de negarle a nadie la capacidad
de soñar.
Sin embargo, por paradoja, parece que nada ha hecho, que nada
es y que la vida que camina hacia la muerte no tiene ya ninguna
esperanza; pero aquí bien precisa se ubica aquella celebre
cita de Ernesto 'Che' Guevara, que dice: "Bien venida sea
la muerte siempre que nuestro grito de guerra haya llegado hasta
un oído receptivo y nuevas manos se tiendan para coger
fusiles y se ensalce a la libertad con nuevos cantos de guerra
y victoria".
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