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«EL MEJOR OFICIO DEL
MUNDO»
¿PRIVILEGIO O DESTACADA
LABOR?
- CÉSAR ULLOA TAPIA
- cesarulloa77@hotmail.com
El periodista responde a una
suerte de privilegio. Y no, precisamente, porque cuente con mayores
ventajas, beneficios o recursos que los demás, sino más
bien porque vive -en el ejercicio de su profesión- situaciones
únicas y para muchos inalcanzables. Para decirlo en términos
más sencillos, está en las decisiones parlamentarias,
en medio del fuego cruzado, en los lugares más inhóspitos,
en las protestas y movilizaciones sociales, en la búsqueda
incesante de la paz entre los pueblos, en diálogo con
los personajes que deciden sobre las políticas económicas,
culturales y sociales, y también está cerca del
actor anónimo que entrega una fuerte dosis de energía
diaria.
En ese sentido, es testigo,
relator y difusor de la realidad. Llámese a esta local,
regional, nacional o global. Su oficio se legitima en mantener
bien informada a la población para que la toma de decisiones
sea más oportuna, clara y coherente, cuando también
para que llegue al mayor número de personas. Para ello,
pone a trabajar su capacidad investigativa y ese sexto sentido
que le traslada al sitio desde donde se generan los hechos. No
escatima esfuerzos ni le obstaculizan las malas condiciones.
Está siempre presto para enviar un mensaje esclarecedor
sobre cualquier tema y ámbito. No hay reto que le desaliente.
Su trabajo está en función de la colectividad y
no de intereses personales.
La lucha permanente del periodista
es contra el tiempo, pues no hay noticia que espere o valga de
reserva. De ahí que sea ágil para concatenar ideas,
armar propuestas y divulgar mensajes. Pero su labor no queda
ahí, pues sigue uno de los principios básicos como
es educar sin sesgos políticos, económicos, culturales
y religiosos. Situación que obedece a la libertad de expresión
con que cuenta, la cual no debe ser entendida como una acción
arbitraria y sin asidero. En su tarea diaria respeta la dignidad
de las personas.
RELACIÓN ESTRECHA
CON LAS CIENCIAS
El periodista también
es un autodidacto. Enriquece su bagaje profesional mediante una
relación estrecha con todas las profesiones y oficios.
Además, con la lectura. En su trajinar establece contacto
con múltiples y diferentes actores para auscultar a profundidad
los cambios que se gestan en la realidad y darle un tratamiento
prolijo y atinado a temas complicados, de fuerte impacto social
y conmoción colectiva. Asimismo, investiga, analiza y
se enriquece de todo tipo de temas. No está dentro de
su accionar la exclusión de ningún actor: todas
las personas son protagonistas e iguales. Bajo esta óptica,
muestra un sinnúmero de facetas, matices, eventos y hechos.
La capacidad de contar, decir,
trasladar un mensaje es otra destreza del periodista, pues traduce
conceptos complejos en términos sencillos, selecciona
la información más importante y puntual sin omitir
el entorno, descubre nuevas realidades, busca permanentemente
las fuentes más confiables para elaborar una noticia,
sopesa criterios y presenta todas las caras de lo visible como
no. Por medio de su oficio, la opinión pública
se recrea, renueva y fortalece. Gracias a ello, la gente está
en capacidad de tejer un imaginario social sobre diversas causalidades.
El periodista es más
que una cámara de vídeo, fotografía o grabadora
de mano. En el cumplimiento de su trabajo pone a prueba su olfato.
Sentido que le conduce por los caminos más novedosos,
actuales, próximos y de gran interés, sin que esto
se traduzca en sensacionalismo, exageración, espectáculo,
egocentrismo o burla. Por esa razón, la curiosidad es
el principal argumento de este trabajador de la información.
¿Qué sería del mundo sin saber lo que ocurre,
lo que está más allá de nuestras narices,
lo que está fuera de nuestro alcance, lo que se conoce
solo en las esferas del poder?
PERIODISTA, NO FISCALIZADOR
Para muchos, el periodista
hace las veces de detective, porque está detrás
de cualquier señal, indicio, pista, palabra. Bajo este
esquema asume una actitud de abogado del diablo, sin resolver
juicios, entrar en procesos de fiscalización o dictar
sentencias, porque no le corresponde estas competencias. Más
bien, aclara dudas, enciende luces y abre caminos. Su actividad
es una suerte de contrapoder en la medida que desnuda verdades
a medias, presenta casos insólitos, muestra las dos caras
de la moneda, fomenta interrogantes y lidera procesos por medio
de la entrega de información veraz.
La responsabilidad de este
actor es gigantesca, ya que su palabra es tan delicada como el
pulso de un cirujano al momento de hacer una intervención
quirúrgica. Sobre todo, si sus palabras pueden glorificar
o conducir a la deshonra a cualquier persona, institución
o empresa. De ahí que sea un buen compañero del
equilibrio informativo, aunque muchos insistan en la inexistencia
de esta actitud. Por tal razón, consulta una multiplicidad
de fuentes para escribir sobre algo, mete el dedo en la llaga
para no parcializar los mensajes, indaga hasta el fondo y camina
con la frente en alto.
El cambio de paradigmas comunicacionales
y la innovación de las tecnologías de la información
promueven una capacitación constante del periodista, porque
la inmediatez con que circulan los relatos impide justificaciones
de los retrasos en la producción y circulación
de noticias. La red, sobre todo, ha acelerado la intercomunicación
de los sujetos y ha promovido la renovación informativa
en cuestión de segundos. Así, nadie puede ejercer
el mejor oficio del mundo si camina a paso de tortuga o deja
en el congelador notas frescas. Esta competencia obliga al líder
de opinión a capacitarse e innovar sus maneras de trabajar
en el tratamiento de contenidos y formatos.
NO HAY QUE CERRAR LOS OJOS
En esta ocasión no se
ha tratado de endiosar al periodista, sino de recordar el por
qué de su protagonismo, servicio social y uso de la libertad
de expresión como práctica, defensa y derecho a
una sociedad más democrática y justa. Esto tampoco
quiere decir que se omitan los errores, gazapos y patadas de
ahogado de algunos medios y mediadores que buscan la egolatría,
el sensacionalismo y el enaltecimiento de algunos grupos, personas
y empresas, como ya se ha manifestado en anteriores columnas.
Lo que sí se pretende es desarrollar un análisis
del «mejor oficio del mundo» como lo denomina Gabriel
García Márquez, pero potenciando lo rescatable.
El buen cumplimiento profesional
no debe quedarse en el discurso reiterativo de las escuelas y
facultades de comunicación, sino convertirse en una realidad
concreta. Caso contrario, la opinión pública podría
empañarse por manejos inadecuados y faltos de rigor. Basta
un error en el uso de términos, cifras, resultados, declaraciones
por parte de los periodistas para que se tergiversen las situaciones.
Esto tampoco implica que los reporteros se conviertan en recaderos
del poder o héroes de la pantalla chica, periódicos,radios
o portales de Internet. Es necesario que cada cosa esté
en su lugar. Y para ello, el periodista debe especializarse y
vencer los viejos paradigmas. No hay fórmulas, si creatividad
y profesionalismo. Amén.
VARIACIONES
«La lucha permanente
del periodista es contra el tiempo, pues no hay noticia que espere
o valga de reserva».
«El buen sentido del
olfato, le conduce al periodista por caminos inhóspitos,
novedosos, actuales, próximos y de gran interés».
«Su actividad es una
suerte de contrapoder en la medida que desnuda verdades a medias».
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