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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002

MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 

«EL MEJOR OFICIO DEL MUNDO» 

¿PRIVILEGIO O DESTACADA LABOR?

CÉSAR ULLOA TAPIA
cesarulloa77@hotmail.com 

El periodista responde a una suerte de privilegio. Y no, precisamente, porque cuente con mayores ventajas, beneficios o recursos que los demás, sino más bien porque vive -en el ejercicio de su profesión- situaciones únicas y para muchos inalcanzables. Para decirlo en términos más sencillos, está en las decisiones parlamentarias, en medio del fuego cruzado, en los lugares más inhóspitos, en las protestas y movilizaciones sociales, en la búsqueda incesante de la paz entre los pueblos, en diálogo con los personajes que deciden sobre las políticas económicas, culturales y sociales, y también está cerca del actor anónimo que entrega una fuerte dosis de energía diaria.

En ese sentido, es testigo, relator y difusor de la realidad. Llámese a esta local, regional, nacional o global. Su oficio se legitima en mantener bien informada a la población para que la toma de decisiones sea más oportuna, clara y coherente, cuando también para que llegue al mayor número de personas. Para ello, pone a trabajar su capacidad investigativa y ese sexto sentido que le traslada al sitio desde donde se generan los hechos. No escatima esfuerzos ni le obstaculizan las malas condiciones. Está siempre presto para enviar un mensaje esclarecedor sobre cualquier tema y ámbito. No hay reto que le desaliente. Su trabajo está en función de la colectividad y no de intereses personales.  

La lucha permanente del periodista es contra el tiempo, pues no hay noticia que espere o valga de reserva. De ahí que sea ágil para concatenar ideas, armar propuestas y divulgar mensajes. Pero su labor no queda ahí, pues sigue uno de los principios básicos como es educar sin sesgos políticos, económicos, culturales y religiosos. Situación que obedece a la libertad de expresión con que cuenta, la cual no debe ser entendida como una acción arbitraria y sin asidero. En su tarea diaria respeta la dignidad de las personas.

RELACIÓN ESTRECHA CON LAS CIENCIAS 

El periodista también es un autodidacto. Enriquece su bagaje profesional mediante una relación estrecha con todas las profesiones y oficios. Además, con la lectura. En su trajinar establece contacto con múltiples y diferentes actores para auscultar a profundidad los cambios que se gestan en la realidad y darle un tratamiento prolijo y atinado a temas complicados, de fuerte impacto social y conmoción colectiva. Asimismo, investiga, analiza y se enriquece de todo tipo de temas. No está dentro de su accionar la exclusión de ningún actor: todas las personas son protagonistas e iguales. Bajo esta óptica, muestra un sinnúmero de facetas, matices, eventos y hechos.

La capacidad de contar, decir, trasladar un mensaje es otra destreza del periodista, pues traduce conceptos complejos en términos sencillos, selecciona la información más importante y puntual sin omitir el entorno, descubre nuevas realidades, busca permanentemente las fuentes más confiables para elaborar una noticia, sopesa criterios y presenta todas las caras de lo visible como no. Por medio de su oficio, la opinión pública se recrea, renueva y fortalece. Gracias a ello, la gente está en capacidad de tejer un imaginario social sobre diversas causalidades.  

El periodista es más que una cámara de vídeo, fotografía o grabadora de mano. En el cumplimiento de su trabajo pone a prueba su olfato. Sentido que le conduce por los caminos más novedosos, actuales, próximos y de gran interés, sin que esto se traduzca en sensacionalismo, exageración, espectáculo, egocentrismo o burla. Por esa razón, la curiosidad es el principal argumento de este trabajador de la información. ¿Qué sería del mundo sin saber lo que ocurre, lo que está más allá de nuestras narices, lo que está fuera de nuestro alcance, lo que se conoce solo en las esferas del poder?

PERIODISTA, NO FISCALIZADOR 

Para muchos, el periodista hace las veces de detective, porque está detrás de cualquier señal, indicio, pista, palabra. Bajo este esquema asume una actitud de abogado del diablo, sin resolver juicios, entrar en procesos de fiscalización o dictar sentencias, porque no le corresponde estas competencias. Más bien, aclara dudas, enciende luces y abre caminos. Su actividad es una suerte de contrapoder en la medida que desnuda verdades a medias, presenta casos insólitos, muestra las dos caras de la moneda, fomenta interrogantes y lidera procesos por medio de la entrega de información veraz.

La responsabilidad de este actor es gigantesca, ya que su palabra es tan delicada como el pulso de un cirujano al momento de hacer una intervención quirúrgica. Sobre todo, si sus palabras pueden glorificar o conducir a la deshonra a cualquier persona, institución o empresa. De ahí que sea un buen compañero del equilibrio informativo, aunque muchos insistan en la inexistencia de esta actitud. Por tal razón, consulta una multiplicidad de fuentes para escribir sobre algo, mete el dedo en la llaga para no parcializar los mensajes, indaga hasta el fondo y camina con la frente en alto.  

El cambio de paradigmas comunicacionales y la innovación de las tecnologías de la información promueven una capacitación constante del periodista, porque la inmediatez con que circulan los relatos impide justificaciones de los retrasos en la producción y circulación de noticias. La red, sobre todo, ha acelerado la intercomunicación de los sujetos y ha promovido la renovación informativa en cuestión de segundos. Así, nadie puede ejercer el mejor oficio del mundo si camina a paso de tortuga o deja en el congelador notas frescas. Esta competencia obliga al líder de opinión a capacitarse e innovar sus maneras de trabajar en el tratamiento de contenidos y formatos.

NO HAY QUE CERRAR LOS OJOS 

En esta ocasión no se ha tratado de endiosar al periodista, sino de recordar el por qué de su protagonismo, servicio social y uso de la libertad de expresión como práctica, defensa y derecho a una sociedad más democrática y justa. Esto tampoco quiere decir que se omitan los errores, gazapos y patadas de ahogado de algunos medios y mediadores que buscan la egolatría, el sensacionalismo y el enaltecimiento de algunos grupos, personas y empresas, como ya se ha manifestado en anteriores columnas. Lo que sí se pretende es desarrollar un análisis del «mejor oficio del mundo» como lo denomina Gabriel García Márquez, pero potenciando lo rescatable.  

El buen cumplimiento profesional no debe quedarse en el discurso reiterativo de las escuelas y facultades de comunicación, sino convertirse en una realidad concreta. Caso contrario, la opinión pública podría empañarse por manejos inadecuados y faltos de rigor. Basta un error en el uso de términos, cifras, resultados, declaraciones por parte de los periodistas para que se tergiversen las situaciones. Esto tampoco implica que los reporteros se conviertan en recaderos del poder o héroes de la pantalla chica, periódicos,radios o portales de Internet. Es necesario que cada cosa esté en su lugar. Y para ello, el periodista debe especializarse y vencer los viejos paradigmas. No hay fórmulas, si creatividad y profesionalismo. Amén.      

VARIACIONES

«La lucha permanente del periodista es contra el tiempo, pues no hay noticia que espere o valga de reserva».

«El buen sentido del olfato, le conduce al periodista por caminos inhóspitos, novedosos, actuales, próximos y de gran interés».

«Su actividad es una suerte de contrapoder en la medida que desnuda verdades a medias».

 
 
 
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