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La historia y la realidad
del ser humano
Germán Rodas Chaves
grodas@uasb.edu.ec
Los procesos históricos
ocurridos en la vida de la humanidad han provocado en el género
humano respuestas distintas. Unos individuos, en el mismo momento
de los acontecimientos, se han apasionado en la defensa de estos
y han interpretado el hecho histórico desde particulares
expectativas. Otros sujetos han denostado, sin contemplación
alguna, aquellos mismos acontecimientos históricos. El
resultado son visiones contradictorias respecto de los mismos
eventos.
Si este comportamiento asimétrico invadió la huella
de los pueblos -mientras ellos caminaban construyendo la historia-;
igual conducta se ha
podido descubrir, en más de una oportunidad, por parte
de quienes han acometido el oficio -como historiadores- de transmitirnos
los sucesos de la humanidad.
Así por ejemplo -y solamente para poner un ejemplo de
un proceso contemporáneo-, el triunfo de Fidel Castro
y de su revolución ocurridos el
primero de enero de 1959 propició, en los diversos rincones
del mundo, conductas de variada naturaleza. Estas actitudes dependieron
a su vez de los rasgos ideológicos con los cuales se ha
confrontado tan importante hecho histórico.
EL CASO CUBANO
Un fenómeno singular,
en todo caso, fue que ni observadores ni víctimas, ni
estudiosos ni actores, tuvieron una lectura uniforme de tal acontecimiento.
Me atrevería a decir que, incluso, al interior de Cuba,
muchos han sido los matices de interpretación de su revolución,
más allá de que la comprensión del proceso
haya tenido, en la Isla, un discernimiento colectivo común.
En este punto bien vale que nos preguntemos ¿es posible
que un hecho histórico pueda ser contado, analizado y
estudiado desde parámetros opuestos? Si es así,
¿cómo se puede y se debe escribir la historia desde
una postura científica?
La historia de la humanidad -y para el ejemplo, los acontecimientos
en Cuba de hace 46 años-, han sido transmitidos desde
corrientes históricas perfectamente delimitadas, muchas
de ellas encargadas de depredar y distorsiona la realidad en
medio de un vaho supuestamente académico.
EL NEOPOSITIVISMO
En efecto, en los diversos
rincones del planeta los seguidores del positivismo en todas
sus variantes -aunque hoy existe una especie de encanto cuando
se les reconoce como neopositivistas- optaron por fragmentar
el estudio de la humanidad de una forma anacrónica y peligrosa.
En el caso de la revolución cubana, que me sirve de ejemplo
para este artículo, se trabajaron supuestos textos históricos
a los cuales se los convirtió en una especie de paradigma
o de Biblia -gracias a la propaganda concertada que el 'stablishmet'
suele organizar conforme sus requerimientos-, y se los ensalzó
como si fuesen estudios supuestamente estupendos debido a que
estos textos optaron por la utilización de un recurso
que les permitió ahondar en los detalles de determinados
asuntos del proceso revolucionario cubano, a fin de juzgar, a
partir del conocimiento de esos detalles, -detalles a veces intrascendentes-,
la totalidad del hecho histórico en referencia.
De esta forma se fragmentó la realidad y se manipuló
el conocimiento científico de uno de los procesos de mayor
significación universal, al cual, entonces, en medio de
esta circunstancia y en más de una oportunidad se lo agravió
con evidente intencionalidad ideológica. Lo propio ha
ocurrido y ocurre con muchos y muchos episodios referentes a
la vida de los pueblos y de sus procesos históricos.
LA HISTORIA
En este mismo entorno de análisis,
hemos sido testigos de como otras corrientes históricas
-así la conocida bajo el nombre de la 'escuela de Annales'-han
intentado aproximarse al estudio de los acontecimientos universales
-y por ende a la revolución cubana que hoy me sirve para
particularizar estos comentarios-, y han incorporando en su metodología
los procesos interactivos que pueden permitir la interdisciplinaridad
de conocimientos, logrando así asertos en los propósitos
de la investigación histórica, no obstante que
las reservas -por decir lo menos- para usar en su metodología
el componente analítico de las estructuras de clases,
las pueden hacer pecar de vulnerables, académicamente
hablando, a la hora del resultado final.
Frente a este panorama -que siempre despertó críticas
y confrontaciones en el mundo académico- fue ganando espacio
la necesidad de conocer
la historia, también, a partir de comprender el proceso
de surgimiento y desarrollo de las formaciones económico-sociales
de los pueblos, sin
que aquello supusiera transitar en el estudio histórico
de la mano de un nuevo reduccionismo -el economicista-, sino
el que se adoptara, en la
investigación, de un instrumento que permitiera la interrelación
entre la economía y las demás ciencias sociales
con la sociedad y las más
variadas expresiones ideológicas de una época,
en la cual las mediaciones del mundo de la subjetividad humana
deben tener, sin duda, una
fundamental importancia.
REPLANTEALIENTOS Y ESPERANZAS
La Amenaza del exterminio masivo,
el alcance de la internacionalización del capital a través
de las transnacionales y la reducción del papel del Estado
mediante el modelo neoliberal vaticinan la presencia, en la historiografía
actual, de la escuela académica a la que me he referido
en el párrafo anterior.
Dicho comportamiento científico reaparece en el contexto
de las ciencias sociales, conteniendo, dentro de sí, propuestas
a las interrogantes e incitaciones a las búsquedas. Para
el historiador, además, reaparece una concepción
más profunda de la historia y, con ella, un replanteamiento
del modo de trabajar su objeto de estudio.
Finalmente, para los pueblos -para los hombres y mujeres comunes
de nuestro entorno-, renace la esperanza de conocer adecuadamente
al género humano -a los colectivos sociales, a los individuos-,
y, a partir de esta aprehensión, la certeza de poder transformar
la realidad que nos circunda y la seguridad de que un día
se contará dicha hazaña tal cual ella sucedió
y en que contexto se produjo.
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