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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002

MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 

La historia y la realidad del ser humano

Germán Rodas Chaves
grodas@uasb.edu.ec

Los procesos históricos ocurridos en la vida de la humanidad han provocado en el género humano respuestas distintas. Unos individuos, en el mismo momento de los acontecimientos, se han apasionado en la defensa de estos y han interpretado el hecho histórico desde particulares expectativas. Otros sujetos han denostado, sin contemplación alguna, aquellos mismos acontecimientos históricos. El resultado son visiones contradictorias respecto de los mismos eventos.
Si este comportamiento asimétrico invadió la huella de los pueblos -mientras ellos caminaban construyendo la historia-; igual conducta se ha
podido descubrir, en más de una oportunidad, por parte de quienes han acometido el oficio -como historiadores- de transmitirnos los sucesos de la humanidad.
Así por ejemplo -y solamente para poner un ejemplo de un proceso contemporáneo-, el triunfo de Fidel Castro y de su revolución ocurridos el
primero de enero de 1959 propició, en los diversos rincones del mundo, conductas de variada naturaleza. Estas actitudes dependieron a su vez de los rasgos ideológicos con los cuales se ha confrontado tan importante hecho histórico.

EL CASO CUBANO

Un fenómeno singular, en todo caso, fue que ni observadores ni víctimas, ni estudiosos ni actores, tuvieron una lectura uniforme de tal acontecimiento. Me atrevería a decir que, incluso, al interior de Cuba, muchos han sido los matices de interpretación de su revolución, más allá de que la comprensión del proceso haya tenido, en la Isla, un discernimiento colectivo común.
En este punto bien vale que nos preguntemos ¿es posible que un hecho histórico pueda ser contado, analizado y estudiado desde parámetros opuestos? Si es así, ¿cómo se puede y se debe escribir la historia desde una postura científica?
La historia de la humanidad -y para el ejemplo, los acontecimientos en Cuba de hace 46 años-, han sido transmitidos desde corrientes históricas perfectamente delimitadas, muchas de ellas encargadas de depredar y distorsiona la realidad en medio de un vaho supuestamente académico.

EL NEOPOSITIVISMO

En efecto, en los diversos rincones del planeta los seguidores del positivismo en todas sus variantes -aunque hoy existe una especie de encanto cuando se les reconoce como neopositivistas- optaron por fragmentar el estudio de la humanidad de una forma anacrónica y peligrosa.
En el caso de la revolución cubana, que me sirve de ejemplo para este artículo, se trabajaron supuestos textos históricos a los cuales se los convirtió en una especie de paradigma o de Biblia -gracias a la propaganda concertada que el 'stablishmet' suele organizar conforme sus requerimientos-, y se los ensalzó como si fuesen estudios supuestamente estupendos debido a que estos textos optaron por la utilización de un recurso que les permitió ahondar en los detalles de determinados asuntos del proceso revolucionario cubano, a fin de juzgar, a partir del conocimiento de esos detalles, -detalles a veces intrascendentes-, la totalidad del hecho histórico en referencia.
De esta forma se fragmentó la realidad y se manipuló el conocimiento científico de uno de los procesos de mayor significación universal, al cual, entonces, en medio de esta circunstancia y en más de una oportunidad se lo agravió con evidente intencionalidad ideológica. Lo propio ha ocurrido y ocurre con muchos y muchos episodios referentes a la vida de los pueblos y de sus procesos históricos.

LA HISTORIA

En este mismo entorno de análisis, hemos sido testigos de como otras corrientes históricas -así la conocida bajo el nombre de la 'escuela de Annales'-han intentado aproximarse al estudio de los acontecimientos universales -y por ende a la revolución cubana que hoy me sirve para
particularizar estos comentarios-, y han incorporando en su metodología los procesos interactivos que pueden permitir la interdisciplinaridad de conocimientos, logrando así asertos en los propósitos de la investigación histórica, no obstante que las reservas -por decir lo menos- para usar en su metodología el componente analítico de las estructuras de clases, las pueden hacer pecar de vulnerables, académicamente hablando, a la hora del resultado final.
Frente a este panorama -que siempre despertó críticas y confrontaciones en el mundo académico- fue ganando espacio la necesidad de conocer
la historia, también, a partir de comprender el proceso de surgimiento y desarrollo de las formaciones económico-sociales de los pueblos, sin
que aquello supusiera transitar en el estudio histórico de la mano de un nuevo reduccionismo -el economicista-, sino el que se adoptara, en la
investigación, de un instrumento que permitiera la interrelación entre la economía y las demás ciencias sociales con la sociedad y las más
variadas expresiones ideológicas de una época, en la cual las mediaciones del mundo de la subjetividad humana deben tener, sin duda, una
fundamental importancia.

REPLANTEALIENTOS Y ESPERANZAS

La Amenaza del exterminio masivo, el alcance de la internacionalización del capital a través de las transnacionales y la reducción del papel del Estado mediante el modelo neoliberal vaticinan la presencia, en la historiografía actual, de la escuela académica a la que me he referido en el párrafo anterior.
Dicho comportamiento científico reaparece en el contexto de las ciencias sociales, conteniendo, dentro de sí, propuestas a las interrogantes e incitaciones a las búsquedas. Para el historiador, además, reaparece una concepción más profunda de la historia y, con ella, un replanteamiento del modo de trabajar su objeto de estudio.
Finalmente, para los pueblos -para los hombres y mujeres comunes de nuestro entorno-, renace la esperanza de conocer adecuadamente al género humano -a los colectivos sociales, a los individuos-, y, a partir de esta aprehensión, la certeza de poder transformar la realidad que nos circunda y la seguridad de que un día se contará dicha hazaña tal cual ella sucedió y en que contexto se produjo.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador