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La cultura de la amistad fraguada
al calor de las ideas
Germán Rodas Chaves
grodas@uasb.edu.ec
La historia tiene sus casualidades,
o mejor dicho, la historia se
construye con un abanico de causalidades y de casualidades. No
de otra
forma debe recordarse el 28 de enero, -fecha remontada hace pocos
días-, y que para los latinoamericanos es de trascendencia,
pues en dicha data
se conmemora, de un lado, el nacimiento del ilustre cubano José
Martí
Pérez y, por otra parte, corresponde a la trágica
muerte del compatriota
Eloy Alfaro en medio de lo que el historiador ecuatoriano Pareja
Diez
Canseco denominó "la hoguera bárbara".
MARTÍ
En efecto el 28 de enero de
1853 nació en La Habana José Martí, hijo
de
españoles, del Valenciano Mariano Martí Navarro
y de la isleña canaria
Leonor Pérez Cabrera. José Martí, el hermano
mayor de América, fue
encarcelado en su juventud, - a los 16 años-, por luchar
en contra del
coloniaje español.
Su posterior deportación a España y la culminación
de su formación académica en dicho país,
contribuyeron de manera notable en la consolidación de
una de las personalidades más notables del siglo
19 en el continente Americano, cuya huella sigue manteniéndose
vigente
en momentos que nuestras patrias se hunden en medio de la adversidad
que impone la presencia de tutelajes extraños.
POETA Y GUERRERO
Martí fue un notable
poeta; un consumado prosista y ensayista que marcó
toda una escuela en las Letras hispanas; un polemista de fuste;
un
pensador de enorme significación para el mundo de las
ideas y un
constructor de la identidad latinoamericana a partir de reconocer
la presencia de la diversidad de nuestros pueblos en la germinación
de la identidad de nuestras Patrias.
Su talento y erudición fueron características indelebles
en sus escritos. Pero quizá su compromiso militante con
las tesis e ideas que profesó constituye uno de los perfiles
trascendentes que lo vuelven parte de las figuraras estelares
del siglo en el que vivió, tanto más que su pasión
y lucha por liberar a Cuba de la metrópli, -bajo el concepto
de que aquella libertad no podía constituirse en una antesala
de permuta a favor de cualquier otra potencia extranjera-, lo
llevaron a la muerte en 1895, el mismo año en el que en
nuestros lares triunfó la revolución del 'viejo
luchador'.
ALFARO
De otra parte, el insigne ecuatoriano
Eloy Alfaro Delgado nació en
Montecristi el 25 de junio de 1842 Fue hijo del español
Manuel Alfaro y de
la manabita Natividad Delgado. No tuvo una educación sistemática.
Pronto se dedicó a la actividad comercial pero los temas
de la política lo
atrajeron con gran intensidad.
En 1864 participó en una conspiración contra García
Moreno y tuvo que huir a Panamá, donde contrajo matrimonio.
En dicho país, además, conoció a Juan Montalvo
cuyo pensamiento influenció notablemente en el insigne
manabita. En 1875 Alfaro volvió al Ecuador y se enfrentó
al gobierno de Borrero. Inicialmente pactó con Veintimilla
para avanzar en su proyecto político, pero cuando éste
gobernó sin cumplir el proyecto liberal lo enfrentó
con denodado ímpetu.
Alfaro acaudilló varias revueltas contra Veintimilla desde
1880. Entre
1882 y 1883 fue proclamado jefe supremo de Manabí y Esmeraldas.
En
1884 encabezó la revuelta de los 'montoneros' contra Caamaño.
En 1895, en el entorno de lo que se conoció como "la
venta de la bandera", -y
cuando el estado oligárquico terrateniente se derrumbaba-,
Alfaro, quien
había estado en los últimos años en permanente
exilio, víctima de toda
clase de persecuciones y por ello sin aparente posibilidades
de triunfo,
-al extremo que se le acuñó la frase de ser el
'general de las
derrotas'-, se constituyó en el referente de la transformación
que demandaban ciertos sectores latifundistas costeños
e importantes grupos populares movilizados.
EL REVOLUCIONARIO
Así, luego de la renuncia
al gobierno por parte de Luis Cordero, Alfaro llegó al
poder e inició un proceso de transformación liberal
de enorme trascendencia que perturbó a la estructura conservadora
especialmente de la sierra ecuatoriana, la misma que se estructuró
como una fracción organizada al interior de las filas
liberales bajo la dirección de Leonidas Plaza. En 1912,
este sector así como grupos de clérigos y conservadores
permitieron que luego de haber sido apresado Eloy Alfaro fuera
cobardemente asesinado. Ocurrió esto el 28 de enero.
Eloy Alfaro, entre los años de 1885 y 1890, dedicó
sus esfuerzos a una
serie de contactos internacionales con caudillos y dirigentes
del
pensamiento liberal existentes en América Central, en
el Caribe y en los
países vecinos al Ecuador.
DOS TITANES
Su pasión por construir
una especie de pacto liberal continental fue muy importante.
En este contexto Alfaro y Martí hicieron amistad. Sus
ideales por una América libre los unió prontamente
así como su vinculación masónica les permitió
trazar acuerdos que, de llegar al poder en Cuba o Ecuador, cada
uno de ellos se comprometía a cumplirlos.
Uno de estos convenios fue el que en cuanto llegara Eloy Alfaro
al
poder en el Ecuador, solicitaría a la Reina regente de
España, María
Cristina, que permitiese la independencia de Cuba, asunto que,
efectivamente en diciembre de 1895 fue cumplido por Alfaro mediante
una comunicación que en dicho sentido fuera enviada a
España, honrando de esta manera su compromiso con José
Martí, -quien en combate había fallecido unos meses
atrás-, más allá de que el propio Alfaro
promovió, además, varios mecanismos para favorecer
con recursos económicos la lucha de los insurrectos 'mambise'",
así como intentó constituir un ejército
de apoyo para que los cubanos construyeran su independencia,
asuntos que no prosperaron debido a las contingencias de la política
interna en el Ecuador.
UNA HERMANDAD INDIVISIBLE
De esta manera nótese
la profunda vinculación que guardaron Alfaro y
Martí en el entorno de una amistad invariable y de compromiso
político
cuyas huellas bordean no solamente la historia, sino las raíces
mismas de
la constitución de nuestros estados nacionales que día
a día se
entrelazan en el ardiente horno de las aspiraciones comunes.
No de otra manera puede entenderse, por ello, la casualidad de
que el 28 de enero sea una fecha de doble significación
para los ecuatorianos, en particular, y, también, para
el resto de ciudadanos latinoamericanos, pues la memoria histórica
en este día rinde admiración a quien construyó
la identidad latinoamericana y a quien fraguó el nuevo
estado ecuatoriano.
Los dos colosos latinoamericanos, -que soñaron y murieron
en plena
convicción de sus ideas-, siguen iluminando el camino
de nuevos días para nuestra América dolorida. Sus
enseñanzas y pensamiento prevalecen sobre la incertidumbre.
Su ejemplo nos fortalece el alma y su recuerdo debe proyectar
el trajín del nuevo hombre latinoamericano, aquel que
como dijera Martí "no debe mirar de que lado se vive
mejor, sino de que lado está el deber".
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