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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002

MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 

Francisco Umbral: viejo zorro del periodismo

Efraín Villacís
 
Hay quienes piensan, antes de escribir, en el origen de las palabras, o sea que son estudiantes de alfabetización o, en su perfección, sacerdotes de la Etimología, digamos que saben toda la doctrina pero no aplicarla. Ramón Gómez de la Serna decía que la palabra es 'puro milagro', es decir que es una cuestión de fe: es, la palabra, o no es, punto.
El francés Valery, místico él, profesaba que la sintaxis es una facultad del alma, por tanto el orden lógico de una oración, la 'puesta de pie' entre palabras, según el escribano innovador en su texto, se cumple por un toque divino, algo así como la Virgen del Cajas hablando a través -no atravesada- de la muchacha del pueblo. A cada feligrés su devoción y al madrileño Francisco Umbral su pagana y universal contribución.
 
TODO UN PERSONAJE

Feérico, tunante, a veces chambón, genial y estúpidamente inteligente, ingenuo jamás, morboso, no mórbido, cínico, no clínico, diabólico y felón, avaro lector: qué no ha acaparado y entendido, de viejo: cabrón -intelectualmente claro está-, zorro y verde, no por inmaduro, sino por las nínfulas del mundo que aún se le enredan y cuelgan de sus ojos, y despreciador de un mundo que le hilvana el invectivo deseo de joder a los demás. ¡Pardiez! Tantos adjetivos y todos funcionales que le van a los dedos como tantas ligas pueden ir en los muslos de Madame Bovary.
Umbral, en la literatura, no se quedó en el umbral, creó su propio y densamente poblado purgatorio -el cielo y el infierno aún no glosan su obra-. Más de cien libros publicados, -sin contar con las entrevistas y artículos desperdigados en el erial de los periódicos- en todos los géneros posibles -no he leído ni un tercio, faltaba más- y en otros que dicen inventó: cuento corto, novela, diario íntimo, epistolario, poesía, ensayo, biografía, etc, además de periodista, radiodifusor, reportero de sociales, moda, deporte, cronista, articulista, perfilero, diatribista y vaya usted a saber qué más. Y en todo esto una constante: crítico siempre, como una sala de cuidados intensivos o un embarazo no deseado, experto como un cirujano, sus frases son tajos certeros de un bisturí.

UN INTELECTO FEROZ
 
Articulista feroz y en cada texto la ironía, la mordacidad, la pasión desbocada, el desprecio constante y lo perverso hasta en la ternura, brotan de sentencias bíblicas de un 'burgués' inteligente y complacido de sí mismo, aun sabiendo que Dios -según el gregario- y la Biblia -según el lector- son personaje y género literarios. Umbral tiene información a la que da sentido su formación personal; reubica los datos que expone, transfigurándolos y propicia otros vértices oscuros y procaces que no podemos ver.
Más premiado que Almodóvar sin haber ido a Cannes porque los perros le son indiferentes, le han colgado más medallas que a Lewis en las olimpiadas y no le sirven ni para comprar una tarjeta para el Metro, ha sido más condecorado que embajador de gobierno militar y tercermundista por ser temendista, pero no le dieron una silla en la Real Academia de la Lengua, no porque no supiera español sino porque él es pura lengua. Lengua que es como las manos del alfarero: saben hacer lo que la mente quiere. La viperina de don Francisco siempre ha sabido decir y cómo decirlo aunque lo dicho le haya salido de los cojones de su alma, sintácticamente hablando.
Gárrulo y niño de derechas, aunque se rasque con la izquierda, se inició como periodista en Valladolid, tutelado por Miguel Delibes, aquel autor de La mortaja, cuento largo maravilloso y desgraciadamente corto. Francisco escribe, para el Norte de Castilla, crónicas de la ciudad y sucesos de aldea mientras arma broncas en una radio de León. Sus sentidos quieren más, listo y suspicaz anhela la feria del planeta y no la covacha de cabildo.

UN RETRATO FUGAZ

Guapo y delgado, le sobraba la ropa y a veces una mujer, caminaba garboso y relumbrón, como salido del 'Último cuplé' de Orduña, lleno de ideas robadas a los libros leídos, ladrón literario para conseguirse el gasto y forjarse como escritor. En Castilla 'Nunca pasa nada', como en la película del crítico y censurado Juan Antonio Bardem, aquel director de 'Cómicos' y 'Muerte de un ciclista', y el caballero Francisco burlón y lisonjero monta en autobús sin cuotas ni cota de malla a tomarse Madrid.
La miopía no le arredra y sus gruesas gafas de carey le hacen parecer pendejo, adjetivo que sólo le va, como sustantivo, al vello, pero eso no le impide husmear por doquier: sótanos y buhardillas, castillos y tiendas, comisarías y hospitales, en estadios y callejones, bajo las faldas y entre calzones, en los libros, en la pintura y la música como el único ruido placentero que no espanta a la luna.
Escribe el maldito como una bestia, a diario y más de un texto por jornada y le pone luz a lo oscuro, adorna lo austero, afina lo tosco, consigue un orgasmo de una monja y a la famosa modelito de actualidad le escribe un artículo digno de sor Juana Inés de la Cruz. Siempre claro aunque a veces se cargue con un tema o contra alguien, siempre fino y elegante, tan lúcido que le queda bien lucirse ante una mayoría humana que no podrá rasgar el velo de la ignorancia en que se halla sumida desde el inicio de su miserable existencia.

PERIODISTA Y TROTACALLES
 
Tanto ha leído el delincuente que escribe más cada día, parece vampiro que no duerme sin embargo sigue por ahí riéndose con Cela y los otros en el Café Gijón, y publicando en revistas y diarios: léase Mundo Hispánico, Interviú, ABC, El País, El Mundo y un mundo más. Es que para abarcar mucho hay que ser más que una gallina y saber apretar aunque falten fuerzas y sobren los gusanos del mundillo intelectual y burgués para no variar.
Umbral periodista y trotacalles intelectual que va con la libreta en la mano para guardar cada suceso con la alegría de su palabra suelta, precisa y sin rebuscamientos. La belleza de la prosa de este escritor prolífico y contumaz está en que a todo le encuentra otro ángulo y brota el delicado giro de una descripción inusitada como el puesto de periódicos de la esquina: 'alegre y ligero como un velero de papel'.

UNA DULCE PERVERSIÓN
 
Ve, Umbral, en cada libro releído o autor retomado a una muchacha lozana a quien hay que pervertir -aunque nos haya pervertido de antemano- para amarla o despreciarla. La prosa es como un pañuelo de seda que adorna; que esconde las arrugas de ciertas obras 'envejecidas' o una venda que cubre sus heridas por las guerras contra sus propias pasiones. Pudoroso en todo su impudor prefiere lo que no se dice, lo que encuentra en diarios íntimos, en cartas ajenas; lo que solo él es capaz de leer entre líneas.
Y si de literatura se trata, cuando roba -plagio dicen los agentes de policía- no lo hace para su consumo y prestigio sino para glosar al autor y hacernos gozar a los lectores aunque el planeta se caiga a pedazos o aparezcan genios del mercado editorial y don Quijote siga siendo el ejemplo cuerdo de todos los orates que aspiran a escribir. Viejo zorro y verde del periodismo he dicho de Francisco Umbral, es mucho más que eso y será para otra vez.

 
 
 
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