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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002

MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 

La Diablada Pillareña

Patricio Robalino Espín
Centro Cultural Huasipungo

Desde el día 1 de enero hasta el día 6 de enero de cada año se celebra en el Cantón Píllaro, Provincia del Tungurahua, La Diablada Pillareña.
Es una fiesta donde, grandes grupo de disfrazados, hombres y mujeres, jóvenes, ancianos y niños, salen desde sus parroquias hacia el centro de Píllaro para "tomarse" la ciudad por algunas horas y luego reiterarse.
Si bien la celebración se da en los primeros seis días del año, es el último día, el 6 de enero el más fuerte, el día principal de la Fiesta.
Esa fecha, desde muy temprano los morados de Píllaro empiezan a prepararse para recibir a los diablos. Las tiendas se llenan de tragos y colas. Las fritaderías hacen doble ración para la venta. Igual sucede con las empanadas de harina de maíz que se preparan en la calle, en carpas cubiertas con plásticos. Se miran vendedores de papas, chifles, caramelos, helados de algodón de azúcar, juguetes de plástico, chupetes; los habitantes alistan puestos en los balcones de sus casas para no correr riesgos bajando a la acera para mirar a los diablos. Así mismo, llegan muchas gentes de otras ciudades del Ecuador, con cámaras y grabadoras para llevar recuerdos de la diablada.

LA LLEGADA DE LA DIABLADA

Al medio día empiezan a escuchar los primeros voladores anunciando la inminente llegada de la primera diablada; enseguida se escuchan los alegres tonos de la banda que baja por la "Plaza de los Puercos" acompañando al primer grupo de disfrazados, corresponde a la parroquia Marcos Espinel.
Una ligera llovizna empieza mojarnos, pero nadie quiere moverse del Centro de Píllaro, total, entre la impresión que se avecina, unas copitas brindadas por nuevos amigos y los gritos de alegría y de susto, quien se va a fijar que ya estábamos mojados?
La impresión es fuerte: Son como doscientas personas disfrazadas de diablos, predomina el color rojo, las máscaras son monstruosas y feas. Los diablos tienen en sus manos animales muertos y embalsamados para asustar a los descuidados. Al menor descuido te ponen en la boca esos animales. Tienen kuyes, pericotes, raposas, culebras, por allí alguien carga una calavera de perro adaptada a un muñeco que le da una apariencia hostil y diabólica. Otros cargan juguetes nuevos de ositos, de niños, etc. Como señalando que el diablo carga con todos.

LOS DIABLOS

Los diablos también tiene un hacial con el que van abriendo camino para la comparsa y con el que, a los hombres descuidados les meten en la entrepierna y golpean sus genitales. Siempre hay dos cabezas guía de diablos con alas, que encabezan el grupo y bailan en puntillas todo el tiempo, moviendo sus brazos en simulación de querer salir volando. Todos usan zapatillas deportivas.
Hay un reducido número de payados ¨malcriados¨, ellos cargan unos penes de plástico o de tela que se colocan en la nariz o en la parte correspondiente para, al menor descuido, acercártelo a la cara.
En cada grupo de diablos, hay un grupo de parejas de danzantes con mascara de malla de alambre, llenos de pañuelos. Los hombres van con camisas blancas y pantalones negros y zapatos negros de uso común; las mujeres utilizan vestidos deun solo color, celeste, rosado, morado, etc. Son vestidos que les llegan a las rodillas, usan medias nylon y zapatos negros. Siempre van bailando de brazos.

EL PRIOSTE

En cada grupo se destaca el ¨prioste¨o responsable de la diablada, un señor mayor, con sombrero, a veces con chompa, leva o poncho, es indistinto, pero siempre lleva una botella de trago en la mano. A su lado va otro señor, de menor rango que lleva los voladores en la mano. El prioste paga la banda de música, les da traguito y chicha en el trayecto y cuando regresan a su parroquia luego de la presentación les da de comer kuy, gallina, puerco, papas, mote, todo esto con bastante chicha y traguito. Paga unas horas más de la banda para que bailen frente a su casa hasta el cansancio.

LA SOGA

Delante de ellos va un grupo de señores y señoras que sujetan fuertemente una soga con la cual "atajan¨ a los diablos para que no se salgan de su respectiva cuadrilla, porque suelen escaparse para ir a buscar bronca a los otros grupos o para ¨meterse¨en otro grupo y bailar mal, portarse exageradamente mal, hacerse el borracho, etc. Para hacer quedar mal a ese grupo y luego escaparse y volver a su propio grupo; cuando les descubren se arman grandes peleas en la calle.

LOS GRUPOS

Siguiendo con el relato de ese día, luego de Marcos Espinel, llegaron los danzantes de Chakata, San Vicente, Baquerizo Moreno, Panguigua, Hayna Kury, Cruzñan, San Andrés y Píllaro Nuevo. Todos gritaban el nombre de su parroquia y remataban con viva Píllaro Carajo!!

Algunos danzantes causaron verdadero susto cuando en sus manos portaban ratones vivos, lagartijas vivas, perritos vivos, un pollito recién muerto y aún sangrando e incluso alguno llevaba una culebra viva. Otros se acercaban a brindar trago a los hombres y cuando éstos iban a coger la botella les daban con el hacial en las manos y se iban riendo.

Alguien nos contó que era todo un ritual las noches de víspera el ir a buscar ratones pequeños, chukuris, raposas, lagartijas y otros seres parecidos para utilizarlos en la fiesta. Que se hacían grupos de jóvenes para ir de cacería. Igual ritual era el de la preparación de la máscara, trabajo de hombres; y de la ropa, este era trabajo de mujeres. Predominan los colores rojo, amarillo, negro.

LAS BANDAS

Cada grupo de disfrazados es acompañado por una banda de pueblo. La banda sale con ellos desde su sector, los acompaña hasta Píllaro, sigue tocando en el retorno y, luego de la comida que brinda el prioste del grupo, continúa tocando esta vez frente a la casa del prioste, muchas veces hasta el otro día, total, es el último día de la fiesta y luego ya se guardan los disfraces hasta el próximo año.

EL SENTIDO Y OTROS ASPECTOS

Preguntando sobre el sentido y otros aspectos de la diablada pillareña, una vecina de Panguigua (Barrio de la parroquia San Miguelito), nos dijo que ella salía a estas comparsas desde chiquita, de la mano de su padre y que sus abuelitos le contaban que, era una fiesta de rebeldía contra los curas, porque ellos pedían que hay que ser buenitos, que no hay que pecar para ir al cielo y otros cuentos, entonces en esta fecha del día de los inocentes se hace todo lo contrario, todos asoman vestidos de diablos y haciendo cosas feas, se paran frente a la iglesia y bailan y cantan y gritan como diablos para rebelarse ante la iglesia y sus imposiciones.

También se podría tomar como una toma indígena de la ciudad de Píllaro por varias horas, donde los diablos mandan y los mestizos sienten temor de esa invasión. Luego vuelve la calma.

NUESTRA OBSERVACION

Es un espectáculo impresionante, te impacta. Si bien, siendo niño mis padres me llevaban a mirar, protegidos por ellos, cada vez que los vuelvo a ver siento cierto temor que a estas alturas parecería irracional, pero es así.

El escenario se presenta como una gigantesca carnestolenda donde todo es permitido. Imagínense que a mi lado alguien aceptó un trago de un diablo y una señora después le dijo ¨Se tomo? Seguro que era trago? ¿Por qué ellos se orinan en las botellas para ir repartiendo"

Es decir, es una mezcla de rebeldía contra la iglesia católica y contra los mestizos que habitan en el centro de Píllaro y que aún en estas circunstancias aprovechaban para hacer dinero.

Averiguamos una careta de diablo, pequeña, en una tienda de mestizos y nos pidieron cuarenta dólares por ella. Amén de los ¨fotógrafos¨ mestizos que por una foto de algún diablo, cobraban a sus familiares entre tres y cinco dólares.

Cuando regresábamos con Margarita sentimos esa profunda energía que nos habían trasmitido, estábamos mareados y pesados; el aire era denso, frío y dolía la cabeza. Nos pegamos unos traguito y alguien nos hizo fumar unos cigarrillos para que nos pegue el mal aire.

Volvimos felices de haber visto una cara más de nuestra identidad oculta. Esas cosas que hasta nuestros propios padres nos negaban a cuenta de que eran ¨cosas de indios¨. Me daban ganas de escuchar y cantar Píllaro Viejo y ponerme a bailar en el carro mientras la gente nos miraba tomar la botellita de Limero que compramos en Píllaro y escuchábamos los casetes que grabamos en la Diablada.

 
 
 
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