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La Diablada Pillareña
Patricio Robalino Espín
Centro Cultural Huasipungo
Desde el día 1 de enero
hasta el día 6 de enero de cada año se celebra
en el Cantón Píllaro, Provincia del Tungurahua,
La Diablada Pillareña.
Es una fiesta donde, grandes grupo de disfrazados, hombres y
mujeres, jóvenes, ancianos y niños, salen desde
sus parroquias hacia el centro de Píllaro para "tomarse"
la ciudad por algunas horas y luego reiterarse.
Si bien la celebración se da en los primeros seis días
del año, es el último día, el 6 de enero
el más fuerte, el día principal de la Fiesta.
Esa fecha, desde muy temprano los morados de Píllaro empiezan
a prepararse para recibir a los diablos. Las tiendas se llenan
de tragos y colas. Las fritaderías hacen doble ración
para la venta. Igual sucede con las empanadas de harina de maíz
que se preparan en la calle, en carpas cubiertas con plásticos.
Se miran vendedores de papas, chifles, caramelos, helados de
algodón de azúcar, juguetes de plástico,
chupetes; los habitantes alistan puestos en los balcones de sus
casas para no correr riesgos bajando a la acera para mirar a
los diablos. Así mismo, llegan muchas gentes de otras
ciudades del Ecuador, con cámaras y grabadoras para llevar
recuerdos de la diablada.
LA LLEGADA DE LA DIABLADA
Al medio día empiezan
a escuchar los primeros voladores anunciando la inminente llegada
de la primera diablada; enseguida se escuchan los alegres tonos
de la banda que baja por la "Plaza de los Puercos"
acompañando al primer grupo de disfrazados, corresponde
a la parroquia Marcos Espinel.
Una ligera llovizna empieza mojarnos, pero nadie quiere moverse
del Centro de Píllaro, total, entre la impresión
que se avecina, unas copitas brindadas por nuevos amigos y los
gritos de alegría y de susto, quien se va a fijar que
ya estábamos mojados?
La impresión es fuerte: Son como doscientas personas disfrazadas
de diablos, predomina el color rojo, las máscaras son
monstruosas y feas. Los diablos tienen en sus manos animales
muertos y embalsamados para asustar a los descuidados. Al menor
descuido te ponen en la boca esos animales. Tienen kuyes, pericotes,
raposas, culebras, por allí alguien carga una calavera
de perro adaptada a un muñeco que le da una apariencia
hostil y diabólica. Otros cargan juguetes nuevos de ositos,
de niños, etc. Como señalando que el diablo carga
con todos.
LOS DIABLOS
Los diablos también
tiene un hacial con el que van abriendo camino para la comparsa
y con el que, a los hombres descuidados les meten en la entrepierna
y golpean sus genitales. Siempre hay dos cabezas guía
de diablos con alas, que encabezan el grupo y bailan en puntillas
todo el tiempo, moviendo sus brazos en simulación de querer
salir volando. Todos usan zapatillas deportivas.
Hay un reducido número de payados ¨malcriados¨,
ellos cargan unos penes de plástico o de tela que se colocan
en la nariz o en la parte correspondiente para, al menor descuido,
acercártelo a la cara.
En cada grupo de diablos, hay un grupo de parejas de danzantes
con mascara de malla de alambre, llenos de pañuelos. Los
hombres van con camisas blancas y pantalones negros y zapatos
negros de uso común; las mujeres utilizan vestidos deun
solo color, celeste, rosado, morado, etc. Son vestidos que les
llegan a las rodillas, usan medias nylon y zapatos negros. Siempre
van bailando de brazos.
EL PRIOSTE
En cada grupo se destaca el
¨prioste¨o responsable de la diablada, un señor
mayor, con sombrero, a veces con chompa, leva o poncho, es indistinto,
pero siempre lleva una botella de trago en la mano. A su lado
va otro señor, de menor rango que lleva los voladores
en la mano. El prioste paga la banda de música, les da
traguito y chicha en el trayecto y cuando regresan a su parroquia
luego de la presentación les da de comer kuy, gallina,
puerco, papas, mote, todo esto con bastante chicha y traguito.
Paga unas horas más de la banda para que bailen frente
a su casa hasta el cansancio.
LA SOGA
Delante de ellos va un grupo
de señores y señoras que sujetan fuertemente una
soga con la cual "atajan¨ a los diablos para que no
se salgan de su respectiva cuadrilla, porque suelen escaparse
para ir a buscar bronca a los otros grupos o para ¨meterse¨en
otro grupo y bailar mal, portarse exageradamente mal, hacerse
el borracho, etc. Para hacer quedar mal a ese grupo y luego escaparse
y volver a su propio grupo; cuando les descubren se arman grandes
peleas en la calle.
LOS GRUPOS
Siguiendo con el relato de
ese día, luego de Marcos Espinel, llegaron los danzantes
de Chakata, San Vicente, Baquerizo Moreno, Panguigua, Hayna Kury,
Cruzñan, San Andrés y Píllaro Nuevo. Todos
gritaban el nombre de su parroquia y remataban con viva Píllaro
Carajo!!
Algunos danzantes causaron
verdadero susto cuando en sus manos portaban ratones vivos, lagartijas
vivas, perritos vivos, un pollito recién muerto y aún
sangrando e incluso alguno llevaba una culebra viva. Otros se
acercaban a brindar trago a los hombres y cuando éstos
iban a coger la botella les daban con el hacial en las manos
y se iban riendo.
Alguien nos contó que
era todo un ritual las noches de víspera el ir a buscar
ratones pequeños, chukuris, raposas, lagartijas y otros
seres parecidos para utilizarlos en la fiesta. Que se hacían
grupos de jóvenes para ir de cacería. Igual ritual
era el de la preparación de la máscara, trabajo
de hombres; y de la ropa, este era trabajo de mujeres. Predominan
los colores rojo, amarillo, negro.
LAS BANDAS
Cada grupo de disfrazados es
acompañado por una banda de pueblo. La banda sale con
ellos desde su sector, los acompaña hasta Píllaro,
sigue tocando en el retorno y, luego de la comida que brinda
el prioste del grupo, continúa tocando esta vez frente
a la casa del prioste, muchas veces hasta el otro día,
total, es el último día de la fiesta y luego ya
se guardan los disfraces hasta el próximo año.
EL SENTIDO Y OTROS ASPECTOS
Preguntando sobre el sentido
y otros aspectos de la diablada pillareña, una vecina
de Panguigua (Barrio de la parroquia San Miguelito), nos dijo
que ella salía a estas comparsas desde chiquita, de la
mano de su padre y que sus abuelitos le contaban que, era una
fiesta de rebeldía contra los curas, porque ellos pedían
que hay que ser buenitos, que no hay que pecar para ir al cielo
y otros cuentos, entonces en esta fecha del día de los
inocentes se hace todo lo contrario, todos asoman vestidos de
diablos y haciendo cosas feas, se paran frente a la iglesia y
bailan y cantan y gritan como diablos para rebelarse ante la
iglesia y sus imposiciones.
También se podría
tomar como una toma indígena de la ciudad de Píllaro
por varias horas, donde los diablos mandan y los mestizos sienten
temor de esa invasión. Luego vuelve la calma.
NUESTRA OBSERVACION
Es un espectáculo impresionante,
te impacta. Si bien, siendo niño mis padres me llevaban
a mirar, protegidos por ellos, cada vez que los vuelvo a ver
siento cierto temor que a estas alturas parecería irracional,
pero es así.
El escenario se presenta como
una gigantesca carnestolenda donde todo es permitido. Imagínense
que a mi lado alguien aceptó un trago de un diablo y una
señora después le dijo ¨Se tomo? Seguro que
era trago? ¿Por qué ellos se orinan en las botellas
para ir repartiendo"
Es decir, es una mezcla de
rebeldía contra la iglesia católica y contra los
mestizos que habitan en el centro de Píllaro y que aún
en estas circunstancias aprovechaban para hacer dinero.
Averiguamos una careta de diablo,
pequeña, en una tienda de mestizos y nos pidieron cuarenta
dólares por ella. Amén de los ¨fotógrafos¨
mestizos que por una foto de algún diablo, cobraban a
sus familiares entre tres y cinco dólares.
Cuando regresábamos
con Margarita sentimos esa profunda energía que nos habían
trasmitido, estábamos mareados y pesados; el aire era
denso, frío y dolía la cabeza. Nos pegamos unos
traguito y alguien nos hizo fumar unos cigarrillos para que nos
pegue el mal aire.
Volvimos felices de haber visto
una cara más de nuestra identidad oculta. Esas cosas que
hasta nuestros propios padres nos negaban a cuenta de que eran
¨cosas de indios¨. Me daban ganas de escuchar y cantar
Píllaro Viejo y ponerme a bailar en el carro mientras
la gente nos miraba tomar la botellita de Limero que compramos
en Píllaro y escuchábamos los casetes que grabamos
en la Diablada.
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