La mantilla española,
más allá de la Semana Santa
Pilar Alvarez Areces
llarinalvar95@hotmail.com
Se trata de una prenda que
acompaña al vestir esencialmente española. Su uso
comenzó a extenderse ya en el siglo XVII, aunque fue durante
los reinados de Carlos III y Carlos IV cuando su difusión
alcanzó mayores cotas. En las ciudades eran las majas
las encargadas de lucir hermosas mantillas de diversos colores
que sujetaban en la parte superior de la cabeza con altas peinetas
o tejas.
Durante el reinado de Fernando VII las mujeres pertenecientes
a la clase social alta eran las encargadas de lucirlas. Aunque
en los comienzos los materiales empleados para su confección
fueron fundamentalmente el paño y la seda. Estas mantillas
fueron progresivamente sustituidas por las de blonda -encaje
de seda fina que puede hacerse con bolillos y aguja- o encaje
sobre tul. Este último fue un trabajo destacado de la
artesanía española que contribuyó de manera
notable al desarrollo de la manufactura de mantillas, en algunos
puntos de España.
Parece que la tradición
de los encajes llegó a España a través de
los árabes aunque la posibilidad de que llegaran por el
Mediterráneo desde Venecia también se baraja.
Los primeros encajes españoles se hicieron a la aguja
y llegaron a Flandes en el siglo XVI con la dominación
española. Los flamencos (neerlandeses) a su vez, proporcionaron
la técnica de los encajes de bolillos.
España exportaba ya lo que se conoce con el nombre de
Punto de España y que consistía en un punto de
festón trabajado con hilos de seda de varios colores sobre
hilo de oro o plata, que daban como resultado bellísimos
encajes policromos que ya se trabajaban en las juderías
de Toledo durante los siglos XII al XIV, y que resultaron ser
muy apreciados en Francia e Inglaterra a partir del siglo XVI.
SU USO EN LAS CONMEMORACIONES
RELIGIOSAS
En España y en ibero
América desde hace ya bastantes años, las mujeres
lucían el Jueves y Viernes Santos, la mantilla negra en
señal ineludible de luto por la muerte de Jesús.
En esos tiempos quedaba sumido en un profundo silencio en esos
días. La radio sólo emitía música
sacra y los bares y demás lugares de ocio permanecían
cerrados.
La tarde del Jueves Santo y el Viernes Santo, era tradición
visitar los Monumentos al Santísimo Sacramento que con
esmero y extraordinario sentido de la estética se erigían
en diferentes iglesias y conventos. Era fácil ver transitar
por las calles del centro de la ciudad a mujeres ataviadas con
la mantilla negra de encaje y su correspondiente peineta de carey
para visitar los Sagrarios.
TULES Y VELOS
Según el diccionario
de la Lengua Española, la mantilla es una prenda femenina,
generalmente de encaje, tul o seda, con guarnición o sin
ella, que cubre la cabeza y a veces parte del vestido. La mantilla
es una prenda tradicional española, que tiene una especial
raigambre en Andalucía.
Es una variante del velo que desde antiguo usaban las mujeres
para acudir a las celebraciones religiosas. La mantilla adquiere
su mayor significado durante la Semana Santa. Es una pieza que
ha tenido una evolución muy antigua.
En el libro 'El tejido artístico en Castilla y León
desde el S. XVI al XX', nos señalan datos históricos
donde nos podemos remontar a la cultura Ibérica como origen
de la mantilla española.
RITOS Y TOROS
A mediados del siglo XVI las
encajeras catalanas eran especialistas en labrar tocas y mantos
de reina (otra evolución de la mantilla).
Fue en el siglo XIX cuando se impulso la mantilla grande toda
hecha de encaje, introduciéndose la mantilla blanca, en
contraste con la negra que había sido la que tradicionalmente
se había impuesto.
La mantilla corta se lleva a los cultos cotidianos de la iglesia,
reservándose la mantilla grande para los días de
Semana Santa. La mantilla blanca y de madroños es propia
de ir a los toros.
A partir de la segunda mitad del siglo XX la mantilla decae notablemente
en su uso, aunque aún se sigue viendo en Semana Santa,
bodas, funerales y otras ceremonias de aparato.
MANTILLA VS. SOMBRERO
De paño y seda al principio
no tardaron estos tejidos por las mantillas de blonda y encaje.
Pero no fue hasta el siglo XVIII cuando se generalizó
su uso por las damas, pues hasta entonces la mantilla era utilizada
casi exclusivamente por las mujeres del pueblo.
Sería durante el reinado de Fernando VII cuando empezaron
a utilizarla por primera vez las mujeres de elevada condición.
Ya en el siglo XIX la mantilla adquiere especial relevancia como
tocado distinguido de la mujer española. La reina Isabel
II gran aficionada a los encajes, impulsó en gran manera
el uso de la mantilla.
A partir de 1868 el uso de la mantilla se abandonó siendo
sustituido por el uso del sombrero en algunos lugares, con excepción
de Andalucía y Madrid.
LA CONSPIRACIÓN DE
LAS MANTILLAS
Durante el reinado de Amadeo
de Saboya y su esposa María Victoria se produjo un hecho
que fue conocido como 'la conspiración de las mantillas'.
Las damas de la nobleza se manifestaron por las calles madrileñas
llevando en lugar de sombreros la clásica mantilla y peineta
españolas.
En esta época el uso de la mantilla fue quedando relegado
a las conmemoraciones y actos, especialmente los de Semana Santa.
Hoy nuevamente recobra vigencia, especialmente en los actos sociales
y de conmemoraciones cívicas a través del uso por
la Casa Real y las grandes firmas del diseñadores de modas.
TECNICAS
Existen varios tipos de técnicas a la hora de realizar
una mantilla:
La mantilla mecánica
es la que se ha realizado toda ella a máquina y, aunque
algunas imitaciones se logran notablemente a la mantilla de blonda,
la persona experta y especializada en el arte del encaje sabe
distinguirlas perfectamente.
La técnica de la blonda, se utilizan dos tipos de seda:
una hebra lasa, para los elementos de adorno; otra de hilo fino
y retorcido, seda granadina, para la realización de fondos
y puntos de adornos. El punto técnico utilizado para los
nutridos es el llamado encaje de bolillos.
La técnica blonda bordana o encaje granadino, es
un encaje a la aguja. Se hace sobre tul mecánico con técnica
de zurcido, imitando en gran medida a la textura del encaje en
bolillos de blonda.
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