| |
Más allá del
poder y los medios
César Ulloa Tapia
cesarulloa77@hotmail.com
Un tema que no deja de ser
debatido y que causa polémica tiene que ver con el manejo
de la información por parte de los medios; sobre todo,
en la esfera política. Tal es la relevancia, que se han
creado múltiples teorías que van desde lo puramente
apocalíptico hasta el más blando comentario. Sin
embargo, este fenómeno sociocultural puede ser explicado
desde una primera entrada, al decir que el descrédito
de la institucionalidad, el agotamiento de los líderes
tradicionales, la falta de popularidad de los gremios y diversas
agrupaciones han incidido en el imaginario colectivo para que
la población se acerque más a las industrias de
la imagen y el texto.
¿MEDIOS O SUSTITUTOS
DEL PODER?
Parafraseando a Jesús
Martín Barbero, se podría argumentar que los mass
media se han convertido desde hace muchos años atrás
en sustitutos de las instituciones encargadas de velar por el
bienestar colectivo. De ahí que la ciudadanía busque
en los medios a los mejores aliados para que representen sus
intereses y denuncien las lacras del sistema, asumiendo posturas
y roles que les hacen competir con las funciones judicial y legislativa.
Por eso no causa extrañeza que algunos canales de televisión,
radios, periódicos y portales de Internet en todo el mundo
asuman y hagan las veces de tribunas de consumidores, juzgados
informales, árbitros de conflictos y hasta consultorios
sicológicos muy mal instalados.
Dentro de este contexto, la fiesta de la palabra se trastoca
en una orgía de opiniones, porque la mayoría de
comunicadores quieren ser fiscales, legisladores, contralores,
auditores y jueces a la vez. Hay una excesiva oferta de mensajes
y cúmulo de valores. Nadie quiere desconectarse de los
medios, por lo cual les convierten en su primera fuente de consulta.
Este hecho se explica, porque la ciudadanía no se siente
respaldada, representada y, mucho menos, beneficiada por quienes,
aparentemente, eran los más idóneos. Y aunque suene
paradójico, pero muy real, la gente deposita su confianza
en la prensa, porque sin haberle entregado nada, esta denuncia,
soluciona y hasta ofrece recetas gratuitas en todos los ámbitos.
Creen que desde las pantallas, los presentadores "les dan
diciendo lo que no pueden y creen".
Producto de esta situación, entre otras cosas, los periodistas
políticos llegan a transformarse con el tiempo en los
referentes primarios de la colectividad y, por ende, se convierten
en los primeros enemigos del poder formal, dejando de lado, en
varios casos, la orientación y equidad que les permite
construir una opinión pública fuera de sesgos yapasionamientos
extremistas, porque se dejaron ganar por el ego, la popularidad
y el afán de llegar a ser una suerte de semidioses. En
otras palabras, confundieron el rol por el cual ganaron prestigio.
Resultado de ello, muchos periodistas lideran las encuestas para
ocupar cargos o designaciones de orden popular.
Pero, ¿hasta qué
punto esta actitud de los actores de la noticia es saludable
en un sistema que se agota por los equívocos de unos y
otros? ¿No será que medios y políticos están
perdiendo de vista, las aristas que trazaron antes de asumir
sus funciones? ¿Acaso es una lucha por el poder, que comienza
donde termina el del otro? En este aspecto, no se puede dejar
de lado que el puente entre las instituciones y los medios está
colapsado, porque se ven como el producto de sus males simultáneamente.
Bajo este supuesto, no hay periodista ni institución que
valgan, pero las cosas no se pueden reducir a esta visión
tan estrecha.
EL VALOR DE LA IMAGEN EN
LOS MEDIOS
El poderío de los medios
en la construcción de referentes, modos de vida, señales
de identidad, culturas y valores ha provocado, paradójicamente,
un cisma con la población, ya que ve en sus personajes
a figuras inalcanzables o "estrellas". Es decir, que
están más allá del cielo y sin el más
mínimo interés de bajar a la tierra, porque su
influencia en la vida pública es indiscutible. Para algunos,
los comentaristas son los verdaderos líderes del pueblo.
Este efecto hace que tengan un control superior al que ejercen
los políticos. Una palabra suya puede pesar más
que un discurso proselitista en plaza pública.
Giovanni Sartori, politólogo italiano, nos habla de la
vídeo-política o efecto que se produce desde los
medios en la población en temas de elección popular,
creación de líderes, campañas, etc. Algo
así como un juego de imágenes y discursos por medir
fuerzas. Poder contra poder. Entonces, no hay tal objetividad,
porque los candidatos son moldeados y construidos en el imaginario
colectivo por la manera en cómo fueron presentados en
la pantalla, la radio y la prensa. Eso explica el cuidado que
tienen muchos actores en temas que van desde el cuidado personal,
pasando por el desenvolvimiento verbal y gestual hasta el cumplimiento
de una camaradería ambigua.
En ese sentido, la televisión asume las veces de termómetro
para los políticos, ya que los candidatos, aspirantes
a varias dependencias y dirigentes de diversos grupos tratan
de ganar espacios en la colectividad, propiciando ser mirados,
vistos y conocidos gracias al número de intervenciones
en los medios. Así, surge una actitud de captar la atención
de los periodistas mediante la denuncia, el insulto, la agresión
y en pocas ocasiones proponiendo medidas concretas a problemáticas
de amplios sectores. La cuestión es figurar o dar un salto
desde el anonimato hacia el ámbito público.
MEDIOS-POLÍTICA
El tratamiento de este aspecto
atañe a la relación política-medios, medios-política,
pues surge un vínculo de dependencia entre periodista
y político. Primero, porque el medio requiere información
de las funciones del Estado y sus protagonistas para delinear
un entorno paraluego moldear la opinión pública,
mientras que desde los políticos se genera la necesidad
de mostrarse en los medios por un estricto afán de popularidad.
No obstante, esta vinculación puede degenerarse, si se
toma en cuenta que está de por medio el tema de la democratización
de los relatos, porque algunos personajes han llegado a posicionarse
como referentes únicos de opinión, negando directamente
la participación de otros actores.
De otra parte, la monopolización de los medios en el concierto
internacional ha generado su desgaste y rechazo, pues la población
ha visto intereses ocultos y vinculaciones con partidos y otras
empresas. Bajo este clima, la validez de la información
que se difunde es puesta a prueba, porque no hay equilibrio en
lo que se transmite. En muchos casos, se toma favoritismo por
alguien y se entierra el criterio contrario. Tampoco se puede
soslayar que algunos políticos han adquirido medios de
comunicación como catapultas. El panorama no es tan sencillo,
pues detrás hay múltiples aristas desde donde analizar
los fenómenos.
La monopolización de los medios no consiste únicamente
en la concentración de estaciones de televisión,
radio y periódicos, sino también en el efecto más
inmediato: el inexistente acceso de la población a la
agenda mediática. El criterio de la mayoría no
se difunde, pero se maquilla esto con encuestas telefónicas,
llamadas al aire, sondeos en las calle, etc., cuando se sabe
que estas técnicas no siguen esa lógica. Hasta
el día de hoy, la voz del común es lejana como
aquellas regiones donde los medios nunca llegan. Siempre prevalece
la voz de los tres o cuatro ya conocidos. Amén.
Variaciones
"Los medios asumen las
veces de termómetros para los políticos, ya que
los protagonistas tratan de ser mirados, escuchados y conocidos
por el número de intervenciones en la pantalla, radio
y prensa".
"Los candidatos son moldeados
y construidos en el imaginario colectivo por la manera en cómo
fueron presentados en los medios".
"Desde hace algunas décadas,
los mass media se han convertido en sustitutos de las instituciones
encargadas de velar por el bienestar colectivo por su desgaste
y crisis de credibilidad".
|
|