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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002

MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 

'Primavera' y 'Diana', bellas por siempre

Los eternos murales de Roma (I)

Andrea Moreno Aguilar

Tal vez Roma no era un pueblo de grandes poetas y filósofos como lo era Grecia, pero reconocía la trascendencia de registrar y transmitir su historia, tradiciones y valores. Más aún, muchas fuentes como pinturas, mosaicos y relatos, reflejan el vínculo ineludible y habitual, casi referencial, que mantuvo con sus deidades.
"La historia de los dioses en sí misma se identifica con la del pueblo romano y su aventura es viva y perecedera como la de los hombres... El mundo de los dioses desciende al mismo nivel de la vida romana y ofrece un sistema de referencias, un repertorio de figuras y episodios en el que el artista de la Campania se inspirará ampliamente". (Historia de la Pintura, p. 128).

EL GOCE ESTÉTICO

El pueblo romano se identifica con los mitos y relatos que narran las acciones, tragedias de los dioses; y plasma vivamente en personajes que cruzan las fronteras entres hombres y seres inmortales.
En Roma no se buscaba sólo el goce estético en la pintura, también deberá tener una utilitas, es decir utilidad práctica. El conjunto de cuatro pinturas murales por su belleza estética y presencia de hermosas figuras, sin duda formaron una serie decorativa para los interiores de casas romanas.
Sin embargo, no sólo presentan una función ornamental, también son fuentes de vivo simbolismo que tratan de explicar o relatar fenómenos, actitudes, características de los distintos pueblos de Roma.

PRUEBAS AL CANTO

Un conjunto de cuatro pinturas provenientes de Stabia forma un magnífico ejemplo de la relación ineludible que establece el pueblo romano con sus dioses. El conjunto (actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles) consiste en paneles decorados con una sola figura femenina en el centro; aparentemente representando las estaciones del año.
Se han definido como cuatro figuras femeninas mitológicas: 'Medea dolorosa', 'Leda sensual', 'Diana púdica' y 'Primavera grácil'. Según ciertos estudios se ha definido al conjunto como representante del cuarto estilo 'ilusionista' de la pintura romana (desde el reinado de Nerón a fines del s. I d.C.); mientras, que otros lo colocan dentro del segundo estilo "arquitectónico" (principios del s. I a.C. hasta fines de éste).

UN CANTO A LA ARMONÍA

La pintura de 'Primavera' o 'Flora' representa a una joven y delicada mujer de espaldas en cuyo brazo izquierdo reposa un ramo de flores blancas. La figura es esbelta y está descalza, es de piel blanca y pelo castaño, colocada sobre una superficie de tonalidades verdes.
El pintor ha insinuado el movimiento de la figura por medio de las líneas ondulantes de su ropaje, como si la túnica y mantos se revolviesen delicadamente al paso que da la joven. De igual forma, el pintor ha enfatizado la animación de la figura al presentar el pie izquierdo levemente levantado del suelo, imitando y sugiriendo la acción de dar un paso; algo que recuerda al movimiento del Doríforo, canon clásico de la figura humana.
La joven tiernamente ha girado un poco su cuello y rostro para recoger unas flores que ha encontrado en el camino. Exquisitamente el pintor ha destacado la actitud delicada de tomar las flores, casi sin tocarlas, con el dedo índice y el pulgar de la mano derecha. La finura con que ha representado tal actitud, forma en la mente del espectador la imagen de un rostro bello sin defectos, sin necesidad de verlo.
Además, ha pintado con detalle una cofia sobre la cabeza de la joven, al igual que una pulsera de oro. Asimismo, los ropajes son realzados con colores cálidos como el naranja, amarillo; y sobretodo, al definirlos con líneas curvas y ondulantes, se insinúan texturas suaves de finas telas.

ESPACIOS Y COLORES

El artista creador de esta obra, no sólo ha apuntado la gracilidad de la muchacha y sus ropajes, sino que ha querido sugerir un espacio ilusorio donde se realiza la acción. El pequeñísimo giro que otorga al cuello y rostro, así como la superposición de los pies crean una espacialidad, aunque mínima, en la pintura. Precisamente, la joven y la delgada planta en flor, parecen estar en medio de un gran campo verde, como en una ladera de los montes mediterráneos.
Del mismo modo, la planta emula a la figura de la muchacha, pues es esbelta y fina con flores blancas y delicadas. De esta forma el pintor ha unificado los dos elementos figurativos de la composición, otorgándole estructura.
La descripción anterior, el delicado color de piel y las actitudes graciosas, proponen ser la representación de alguna joven noble, o más aún la de una joven diosa. Así, la imagen de Flora o la Primavera, se identifica claramente con el personaje mitológico de Perséfone o Proserpina, una deidad hija de Zeus (Júpiter) con su hermana Deméter (Ceres), en el momento justo que recoge sus flores preferidas antes de ser raptada.

UN MITO, UAN ODA

El mito cuenta que Hades, hermano de Zeus y dios del bajo mundo, se enamoró perdidamente de Perséfone cuando ésta recogía flores en los campos del Monte Etna en Sicilia, junto a sus compañeras Artemisa y Atenea.
Al igual que la mayoría de dioses mitológicos grecorromanos, Hades rapta violentamente a la joven Perséfone y la lleva en su carruaje de oro a vivir como reina del bajo mundo.
Deméter llena de rabia y tristeza busca a su hija por todo el mundo, errando incansablemente. La diosa enfurecida no atiende los campos y cosechas; el mundo sufre hambrunas y sequías; el hombre se enfrenta crudamente a la muerte; el clima es el verdadero enemigo de los mortales.

 
 
 
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