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'Primavera' y 'Diana', bellas
por siempre
Los eternos murales de Roma
(I)
Andrea Moreno Aguilar
Tal vez Roma no era un pueblo
de grandes poetas y filósofos como lo era Grecia, pero
reconocía la trascendencia de registrar y transmitir su
historia, tradiciones y valores. Más aún, muchas
fuentes como pinturas, mosaicos y relatos, reflejan el vínculo
ineludible y habitual, casi referencial, que mantuvo con sus
deidades.
"La historia de los dioses en sí misma se identifica
con la del pueblo romano y su aventura es viva y perecedera como
la de los hombres... El mundo de los dioses desciende al mismo
nivel de la vida romana y ofrece un sistema de referencias, un
repertorio de figuras y episodios en el que el artista de la
Campania se inspirará ampliamente". (Historia de
la Pintura, p. 128).
EL GOCE ESTÉTICO
El pueblo romano se identifica
con los mitos y relatos que narran las acciones, tragedias de
los dioses; y plasma vivamente en personajes que cruzan las fronteras
entres hombres y seres inmortales.
En Roma no se buscaba sólo el goce estético en
la pintura, también deberá tener una utilitas,
es decir utilidad práctica. El conjunto de cuatro pinturas
murales por su belleza estética y presencia de hermosas
figuras, sin duda formaron una serie decorativa para los interiores
de casas romanas.
Sin embargo, no sólo presentan una función ornamental,
también son fuentes de vivo simbolismo que tratan de explicar
o relatar fenómenos, actitudes, características
de los distintos pueblos de Roma.
PRUEBAS AL CANTO
Un conjunto de cuatro pinturas
provenientes de Stabia forma un magnífico ejemplo de la
relación ineludible que establece el pueblo romano con
sus dioses. El conjunto (actualmente en el Museo Arqueológico
Nacional de Nápoles) consiste en paneles decorados con
una sola figura femenina en el centro; aparentemente representando
las estaciones del año.
Se han definido como cuatro figuras femeninas mitológicas:
'Medea dolorosa', 'Leda sensual', 'Diana púdica' y 'Primavera
grácil'. Según ciertos estudios se ha definido
al conjunto como representante del cuarto estilo 'ilusionista'
de la pintura romana (desde el reinado de Nerón a fines
del s. I d.C.); mientras, que otros lo colocan dentro del segundo
estilo "arquitectónico" (principios del s. I
a.C. hasta fines de éste).
UN CANTO A LA ARMONÍA
La pintura de 'Primavera' o
'Flora' representa a una joven y delicada mujer de espaldas en
cuyo brazo izquierdo reposa un ramo de flores blancas. La figura
es esbelta y está descalza, es de piel blanca y pelo castaño,
colocada sobre una superficie de tonalidades verdes.
El pintor ha insinuado el movimiento de la figura por medio de
las líneas ondulantes de su ropaje, como si la túnica
y mantos se revolviesen delicadamente al paso que da la joven.
De igual forma, el pintor ha enfatizado la animación de
la figura al presentar el pie izquierdo levemente levantado del
suelo, imitando y sugiriendo la acción de dar un paso;
algo que recuerda al movimiento del Doríforo, canon clásico
de la figura humana.
La joven tiernamente ha girado un poco su cuello y rostro para
recoger unas flores que ha encontrado en el camino. Exquisitamente
el pintor ha destacado la actitud delicada de tomar las flores,
casi sin tocarlas, con el dedo índice y el pulgar de la
mano derecha. La finura con que ha representado tal actitud,
forma en la mente del espectador la imagen de un rostro bello
sin defectos, sin necesidad de verlo.
Además, ha pintado con detalle una cofia sobre la cabeza
de la joven, al igual que una pulsera de oro. Asimismo, los ropajes
son realzados con colores cálidos como el naranja, amarillo;
y sobretodo, al definirlos con líneas curvas y ondulantes,
se insinúan texturas suaves de finas telas.
ESPACIOS Y COLORES
El artista creador de esta
obra, no sólo ha apuntado la gracilidad de la muchacha
y sus ropajes, sino que ha querido sugerir un espacio ilusorio
donde se realiza la acción. El pequeñísimo
giro que otorga al cuello y rostro, así como la superposición
de los pies crean una espacialidad, aunque mínima, en
la pintura. Precisamente, la joven y la delgada planta en flor,
parecen estar en medio de un gran campo verde, como en una ladera
de los montes mediterráneos.
Del mismo modo, la planta emula a la figura de la muchacha, pues
es esbelta y fina con flores blancas y delicadas. De esta forma
el pintor ha unificado los dos elementos figurativos de la composición,
otorgándole estructura.
La descripción anterior, el delicado color de piel y las
actitudes graciosas, proponen ser la representación de
alguna joven noble, o más aún la de una joven diosa.
Así, la imagen de Flora o la Primavera, se identifica
claramente con el personaje mitológico de Perséfone
o Proserpina, una deidad hija de Zeus (Júpiter) con su
hermana Deméter (Ceres), en el momento justo que recoge
sus flores preferidas antes de ser raptada.
UN MITO, UAN ODA
El mito cuenta que Hades, hermano
de Zeus y dios del bajo mundo, se enamoró perdidamente
de Perséfone cuando ésta recogía flores
en los campos del Monte Etna en Sicilia, junto a sus compañeras
Artemisa y Atenea.
Al igual que la mayoría de dioses mitológicos grecorromanos,
Hades rapta violentamente a la joven Perséfone y la lleva
en su carruaje de oro a vivir como reina del bajo mundo.
Deméter llena de rabia y tristeza busca a su hija por
todo el mundo, errando incansablemente. La diosa enfurecida no
atiende los campos y cosechas; el mundo sufre hambrunas y sequías;
el hombre se enfrenta crudamente a la muerte; el clima es el
verdadero enemigo de los mortales.
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