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La antigua cultura de las
féminas guerreras
Mujeres, Ciudadanas
Raquel Rodas Morales
Los últimos acontecimientos
políticos que dieron al traste a otro gobierno legalmente
constituido ha puesto en la mira muchos rasgos inéditos
del comportamiento de los electores frustrados. En los medios
escritos y audiovisuales se han destacado la mayoría de
esos rasgos recientemente aparecidos.
La presencia en las calles de la clase media y de la juventud,
grupos humanos a los que se les había calificado de insensibles
y cómodos; la movilización fuera de las horas de
trabajo ; la concurrencia de grupos familiares e intergeneracionales,
son expresiones originales de esta última revuelta popular.
Hay también otros signos diferentes que llamaron la atención.
Primero, la resemantización del término 'forajido',
que dejando su connotación peyorativa se invistió
de alta valoración cívica; segundo, la acción
mediática refuncionalizada de una radio , que generó
la concentración masiva y frenética de gente nacida
o domiciliada en Quito.
Luego, la explosión ciudadana en los valles y barrios
periféricos; la convergencia de los sectores geográficos
norte y sur de la urbe -frecuentemente alejados cuando no antagónicos-
que convergieron en el centro de la ciudad donde se asienta la
sede presidencial para hacer conocer su indignación, no
por una subida de precios en los bienes de consumo básico,
o la imposición de cargas tributarias, sino en nombre
de la dignidad del país, convertido en esos últimos
tiempos en mercado de ignominias.
Todos estos calores y colores de la rebelión resonarán
largamente en la memoria de quienes lo vivimos activa o receptivamente.
LA PARTICIPACIÓN
FEMENINA
A todos los significantes anteriores
hemos de añadir y destacar el de la participación
de las mujeres en la revuelta de abril del 2005. Fue una mujer
la que convocó a la movilización nocturna; otra,
la primera en asumir el calificativo de forajido como un escudo
para proteger la lucha emprendida contra el poder.
Mujeres que se negaron a quedarse en la retaguardia y desafiaron
los peligros de la represión sin bajar el tono de su protesta.
Mujeres que salieron con sus hijos e hijas de corta edad para
enseñarles cómo se defiende a la patria: sin violencia
y sin perjuicio a los bienes materiales e intangibles.
Vimos a centenares de mujeres inventando y gritando consignas.
Las escuchamos plantear, con firmeza y claridad, a través
de las emisoras, objetivos y mecanismos de buen gobierno. Muchas
mujeres expresaron con llanto sus largas frustraciones frente
a sus anhelos de bienestar y una política sana y constructiva.
TESTIMONIOS
Patricia de la Torre encuentra
en el levantamiento de abril del 2005 rasgos visibles de feminización.
Según ella, la expresión inicial de las cacerolas
como objeto simbólico que las mujeres usan para hacer
la comida, convocó a las mujeres. Claro que el uso de
las cacerolas no fue en esta vez para señalar vacío
o hambre, sino para provocar ruido, algazara capaz de golpear
los oídos sordos.
Según nuestra entrevistada, el otro elemento que justifica
la presencia masiva de las mujeres, es la asociación implícita
de ellas con la formación ética. Se sienten responsables
del buen o mal ejemplo. Son en cierto modo las guardianas de
los valores. Así, las mujeres salieron porque estaban
hartas de la corrupción que se generaba y distribuía
como pan de cada día (pan envenenado) desde las altas
esferas del poder.
En 1997 muchas mujeres rompieron por primera vez el tabú
de las manifestaciones cuando el sentido popular se propuso echar
del poder a Bucaram por similares causas de indignidad. El funesto
político huyó a Panamá donde vivió
como un potentado que nada debiera a la nación ecuatoriana.
El regreso ignominioso de este prófugo de la justicia
colmó la resistencia de la gente de bien que se rebeló
y no cejó hasta que su pupilo Gutiérrez (y sus
pobres áulicos) tomaran las de Villadiego.
Las mujeres volvieron a salir, esta vez en inmenso número,
pacíficamente y, para muestra de esta actitud honesta
pero incluadicable, salieron en compañía de sus
hijas e hijos.
UN HITO RELEVANTE
Las mujeres saltan la barrera
de lo privado, truecan su papel de madres, esposas, hijas por
el de ciudadanas. Quieren hacerse visibles y audibles. Ponen
en alto su deseo de intervenir en los asuntos del Estado y ejercer
el derecho al cuidado de la polis, esto es a hacer política
primera, política en su sentido original.
Esta participación pública de las mujeres quiteñas
constituye un hito relevante en su proceso de ciudadanización
el cual, según asevera Patricia de la Torre, parte el
tablero político de América Latina. Sin embargo,
queda aún mucho camino por andar, mecanismos por implementar,
para que su presencia y su contribución en los nuevos
espacios sean realmente potenciadas.
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