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"Choque de civilizaciones"
César Ulloa Tapia
cesarulloa77@hotmail.com
"Hay cosas que nunca se podrían explicar con palabras".
José Saramago
A partir de la caída del Muro de Berlín y el fin
de la Guerra Fría, Occidente creyó rebasar la fortaleza
económica y expansión geopolítica de la
ex Unión Soviética. Bajo esa óptica, Estados
Unidos y los aliados pusieron en marcha una campaña triunfalista,
promocionando las bondades (entre comillas) del neoliberalismo
y el fracaso de la única potencia que generaba, hasta
ese entonces, una suerte de equilibrio. De manera audaz, se anuló
todo discernimiento y reflexión sobre el fenómeno,
y se redujo la realidad a lo que muchos se empeñaron en
llamar "el fin de la historia", siguiendo el criteriode
Francis Fukuyama, apóstol del capitalismo en su versión
moderna y corregida.
Para Fukuyama, el fin de la historia es la supremacía
de un modelo económico-político-bélico a
escala planetaria, debido a la inexistencia de otro paradigma
que pueda superar las cualidades, según este, de la democracia
representativa y el libre mercado, a pesar de que hasta ahora
no se puedan explicar las contradicciones del sistema cuando
hay quiebras financieras, por ejemplo. Lamentablemente, bajo
estos pilares se han justificado las más horrendas masacres
en diversos pueblos, atosigantes bloqueos económicos a
países que buscan otro tipo de desarrollo y constantes
presiones por el alto endeudamiento ante los organismos multilaterales
de crédito, prestamistas locales e internacionales.
Sin embargo, la caída del Muro de Berlín no solo
configuró un nuevo mapa en el manejo de la política,
la economía y las relaciones internacionales, sino que
también abrió la posibilidad de re-pensar el papel
de la cultura y la identidad de los pueblos hasta ese momento
echada a un segundo plano por los analistas y cientificistas
sociales de Occidente. Más aún, si muchos países
entraron en un proceso de redefinición identitaria, mientras
que otros pasaban por un estadio de consolidación de sus
patrones. Este factor hizo que los países antes alineados
al bloque socialista busquen una nueva vía. Sin perder
de vista que en el este asiático y en Europa Oriental
ocurrían cambios drásticos desde hace algún
tiempo. Los bloques iban tomando forma.
Semillas culturales
La cultura, en muchos lugares, impidió que se adopten
modelos económico-políticos o que se intente homogeneizar
a la población bajo el consumo de una variedad de productos,
servicios y programas mediáticos con una alta dosis de
ideología capitalista transmitida desde la radio, televisión
y prensa. Según, Samuel Huntington, politólogo
norteamericano, el empuje económico del este asiático
demostraba al mundo entero que se podía despegar sin el
paraguas y bendición de los Estados Unidos de Norteamérica
y los países desarrollados de Europa. Incluso, que se
podía consolidar y difundir una identidad solvente.
Este hecho demostró que la cultura de un pueblo viene
a más en el momento en que su población no tiene
el deseo expreso de ser como el otro, porque en su propio espacio
se gestan formas de desarrollo que llegan a ser estudiadas en
otras latitudes. Por ello, se deduce que un sentido de pertenencia
no solo se crea por una dosis de amor a lo patrio, sino porque
el Estado satisface y mejora las condiciones de vida de los habitantes.
De ahí que haya una relación estrecha entre economía
y cultura. Más aún, si la forma de concebir el
adelanto, el crecimiento y el despunte de los países tiene
que ver con la idiosincrasia de sus líderes, autoridades
y todos en general. Una buena semilla cultural ofrece frutos
cuando fue bien trabajada.
Siguiendo el criterio de Huntington, los factores culturales
crearon un nuevo mapa en el planeta, pues a más de visualizar
el este asiático como un bloque consolidado, se comenzó
a distinguir a los países árabes como a uno solo.
Para este intelectual, las razones fundamentales giran sobre
el petróleo, el alto crecimiento demográfico y
la religión como punto de encuentro. En la mayoría
de estos países, lo más sagrado descansa en su
fe. En este caso, la valoración de una vida mejor se sitúa
muy lejos del consumismo, el libre mercado y la democracia, elementos
que distinguen a Occidente y que se los trata de importar más
allá de la diversidad y diferencia culturales. Ello explica
el fracaso de EE.UU. en Iraq.
Dentro de este contexto, no se puede omitir a la ex Unión
Soviética, fragmentada entre países seguidores
de la línea ortodoxa y otros de influencia asiática.
Tampoco puede quedar de lado, la India y Latinoamérica
como grandes islas que tratan de definir su identidad y miran
hacia donde pegarse. En este entramado, se piensa que la globalización
que tanto se habla por parte de Norteamérica y algunos
países de Europa no es tan probable como la dinámica,
competencia y afianzamiento entre bloques bien definidos, los
cuales se van consolidando por la similitud de sus patrones culturales,
religiosos y solidaridades históricas, entre los puntos
más sobresalientes.
Economía mundial: ¿hacia dónde?
La dinámica económica mundial responde al interés
de los bloques (Unión Europea, este asiático, EE.UU.,
India, Liga árabe, Rusia) por consolidarse en el ámbito
mundial desde la operación de sus transnacionales en lugares
cada vez más lejanos. La disputa por abrir nuevos nichos
es la tónica principal de esta realidad. Este fenómeno
se observa todos los días cuando los mercados nacionales
abren las puertas a productos de distinto origen y envían
la producción propia a donde se pueda colocar. Las calles
están llenas de artículos y objetos norteamericanos,
asiáticos, europeos, etc. Esta lógica de fronteras
abiertas garantiza la supervivencia de los bloques con mayor
capacidad de producción, innovación tecnológica,
alianzas y poder de negociación. ¿Dónde
estamos?
Otra de las acciones que promueven los grandes bloques en su
afán de afirmación y supervivencia a futuro es
la puesta en práctica de tratados comerciales y una serie
de acuerdos entre quienes los conforman. Sin embargo, esto es
posible únicamente entre los países que tienen
una alta dosis de similitud en lo cultural como afirma Huntington.
A ello han apuntado la Unión Europea, Estados Unidos,
los países árabes y del este asiático, mientras
que los de afuera o de la periferia tratan de insertarse en esta
lógica por el terror de quedarse fuera del tren. ¿Cuál?
En la actualidad, donde el TLC es tema de obligado debate, se
debería estudiar el grado de beneficio al ser parte del
bloque que lidera en América EE.UU.
"La era de la información"
El flujo de la información pone al descubierto esta nueva
lógica mundial y permite el análisis urgente del
papel que están cumpliendo los países latinoamericanos,
pues la realidad evidencia que el caparazón que cuida,
protege y respalda a los pueblos obedece a una estrategia de
bloque, fundamentada en los órdenes cultural, económico,
político y social. En ese sentido, cabe preguntarse si
la americanización del sur es posible. Cabe recordar y
con insistencia que la historia de los pueblos en desarrollo
demuestra que todo depende del grado de compromiso, deseo de
salir adelante y plantear soluciones acordes a realidades propias,
no recetas importadas y de poca efectividad. Sino preguntemos
qué pasa con las del FMI. Incluso se repiten en muchos
países. Amén.
Variaciones
"La caída del Muro de Berlín abrió
la posibilidad de re-pensar el papel de la cultura y la identidad
de los pueblos en el ámbito global".
"La cultura, en muchos lugares, impidió que se adopten
modelos económico-políticos o que se intente homogeneizar
a la población".
"En el mapa mundial se observa bloques definidos por afinidades
culturales, religiosas, de lenguaje y con bagajes históricos
compartidos".
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