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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002

MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 

"Choque de civilizaciones"

César Ulloa Tapia
cesarulloa77@hotmail.com
 
"Hay cosas que nunca se podrían explicar con palabras".
José Saramago
 
A partir de la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría, Occidente creyó rebasar la fortaleza económica y expansión geopolítica de la ex Unión Soviética. Bajo esa óptica, Estados Unidos y los aliados pusieron en marcha una campaña triunfalista, promocionando las bondades (entre comillas) del neoliberalismo y el fracaso de la única potencia que generaba, hasta ese entonces, una suerte de equilibrio. De manera audaz, se anuló todo discernimiento y reflexión sobre el fenómeno, y se redujo la realidad a lo que muchos se empeñaron en llamar "el fin de la historia", siguiendo el criteriode Francis Fukuyama, apóstol del capitalismo en su versión moderna y corregida.
 
Para Fukuyama, el fin de la historia es la supremacía de un modelo económico-político-bélico a escala planetaria, debido a la inexistencia de otro paradigma que pueda superar las cualidades, según este, de la democracia representativa y el libre mercado, a pesar de que hasta ahora no se puedan explicar las contradicciones del sistema cuando hay quiebras financieras, por ejemplo. Lamentablemente, bajo estos pilares se han justificado las más horrendas masacres en diversos pueblos, atosigantes bloqueos económicos a países que buscan otro tipo de desarrollo y constantes presiones por el alto endeudamiento ante los organismos multilaterales de crédito, prestamistas locales e internacionales.
 
Sin embargo, la caída del Muro de Berlín no solo configuró un nuevo mapa en el manejo de la política, la economía y las relaciones internacionales, sino que también abrió la posibilidad de re-pensar el papel de la cultura y la identidad de los pueblos hasta ese momento echada a un segundo plano por los analistas y cientificistas sociales de Occidente. Más aún, si muchos países entraron en un proceso de redefinición identitaria, mientras que otros pasaban por un estadio de consolidación de sus patrones. Este factor hizo que los países antes alineados al bloque socialista busquen una nueva vía. Sin perder de vista que en el este asiático y en Europa Oriental ocurrían cambios drásticos desde hace algún tiempo. Los bloques iban tomando forma.
 
Semillas culturales
La cultura, en muchos lugares, impidió que se adopten modelos económico-políticos o que se intente homogeneizar a la población bajo el consumo de una variedad de productos, servicios y programas mediáticos con una alta dosis de ideología capitalista transmitida desde la radio, televisión y prensa. Según, Samuel Huntington, politólogo norteamericano, el empuje económico del este asiático demostraba al mundo entero que se podía despegar sin el paraguas y bendición de los Estados Unidos de Norteamérica y los países desarrollados de Europa. Incluso, que se podía consolidar y difundir una identidad solvente.
 
Este hecho demostró que la cultura de un pueblo viene a más en el momento en que su población no tiene el deseo expreso de ser como el otro, porque en su propio espacio se gestan formas de desarrollo que llegan a ser estudiadas en otras latitudes. Por ello, se deduce que un sentido de pertenencia no solo se crea por una dosis de amor a lo patrio, sino porque el Estado satisface y mejora las condiciones de vida de los habitantes. De ahí que haya una relación estrecha entre economía y cultura. Más aún, si la forma de concebir el adelanto, el crecimiento y el despunte de los países tiene que ver con la idiosincrasia de sus líderes, autoridades y todos en general. Una buena semilla cultural ofrece frutos cuando fue bien trabajada.
 
Siguiendo el criterio de Huntington, los factores culturales crearon un nuevo mapa en el planeta, pues a más de visualizar el este asiático como un bloque consolidado, se comenzó a distinguir a los países árabes como a uno solo. Para este intelectual, las razones fundamentales giran sobre el petróleo, el alto crecimiento demográfico y la religión como punto de encuentro. En la mayoría de estos países, lo más sagrado descansa en su fe. En este caso, la valoración de una vida mejor se sitúa muy lejos del consumismo, el libre mercado y la democracia, elementos que distinguen a Occidente y que se los trata de importar más allá de la diversidad y diferencia culturales. Ello explica el fracaso de EE.UU. en Iraq.
 
Dentro de este contexto, no se puede omitir a la ex Unión Soviética, fragmentada entre países seguidores de la línea ortodoxa y otros de influencia asiática. Tampoco puede quedar de lado, la India y Latinoamérica como grandes islas que tratan de definir su identidad y miran hacia donde pegarse. En este entramado, se piensa que la globalización que tanto se habla por parte de Norteamérica y algunos países de Europa no es tan probable como la dinámica, competencia y afianzamiento entre bloques bien definidos, los cuales se van consolidando por la similitud de sus patrones culturales, religiosos y solidaridades históricas, entre los puntos más sobresalientes. 
 
Economía mundial: ¿hacia dónde?
La dinámica económica mundial responde al interés de los bloques (Unión Europea, este asiático, EE.UU., India, Liga árabe, Rusia) por consolidarse en el ámbito mundial desde la operación de sus transnacionales en lugares cada vez más lejanos. La disputa por abrir nuevos nichos es la tónica principal de esta realidad. Este fenómeno se observa todos los días cuando los mercados nacionales abren las puertas a productos de distinto origen y envían la producción propia a donde se pueda colocar. Las calles están llenas de artículos y objetos norteamericanos, asiáticos, europeos, etc. Esta lógica de fronteras abiertas garantiza la supervivencia de los bloques con mayor capacidad de producción, innovación tecnológica, alianzas y poder de negociación. ¿Dónde estamos?
 
Otra de las acciones que promueven los grandes bloques en su afán de afirmación y supervivencia a futuro es la puesta en práctica de tratados comerciales y una serie de acuerdos entre quienes los conforman. Sin embargo, esto es posible únicamente entre los países que tienen una alta dosis de similitud en lo cultural como afirma Huntington. A ello han apuntado la Unión Europea, Estados Unidos, los países árabes y del este asiático, mientras que los de afuera o de la periferia tratan de insertarse en esta lógica por el terror de quedarse fuera del tren. ¿Cuál? En la actualidad, donde el TLC es tema de obligado debate, se debería estudiar el grado de beneficio al ser parte del bloque que lidera en América EE.UU.
 
"La era de la información"
El flujo de la información pone al descubierto esta nueva lógica mundial y permite el análisis urgente del papel que están cumpliendo los países latinoamericanos, pues la realidad evidencia que el caparazón que cuida, protege y respalda a los pueblos obedece a una estrategia de bloque, fundamentada en los órdenes cultural, económico, político y social. En ese sentido, cabe preguntarse si la americanización del sur es posible. Cabe recordar y con insistencia que la historia de los pueblos en desarrollo demuestra que todo depende del grado de compromiso, deseo de salir adelante y plantear soluciones acordes a realidades propias, no recetas importadas y de poca efectividad. Sino preguntemos qué pasa con las del FMI. Incluso se repiten en muchos países. Amén.  
 
Variaciones
"La caída del Muro de Berlín abrió la posibilidad de re-pensar el papel de la cultura y la identidad de los pueblos en el ámbito global".
"La cultura, en muchos lugares, impidió que se adopten modelos económico-políticos o que se intente homogeneizar a la población".
"En el mapa mundial se observa bloques definidos por afinidades culturales, religiosas, de lenguaje y con bagajes históricos compartidos".

 
 
 
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