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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002

MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 

PADRES E HIJOS: CATARSIS EN DOBLE VIA

Germán Rodas Chaves
grodas@uasb.edu.ec
 
Hoy es un día importante toda vez que conmemoramos el día del padre, festejo que debemos aislarlo de superficialidades, de ritos y de cansinas monotonías.... Si, más bien es un tiempo para mirarnos hacia dentro y, asimismo, para verter nuestras emociones...
 
Sentado frente a mi computadora he intentado escribir, con oportunidad de esta fecha, estas líneas no obstante que, taladrado íntimamente por la ausencia definitiva de mi viejo, eltecleado de este texto ha sido pausado y ha tenido el compás de los recuerdos y, al final, el vacío de no tenerlo a mi lado.  Empero, al pensar en mi padre, también he pensado en mis hijos en una especie de doble vía que nos da la vida y a propósito de un recuerdo imborrable que me deparó una circunstancia particular vivida hace algún tiempo la cual, queridos lectores, me han de permitir que la comparta:
 
En efecto, en el año de 1992 con oportunidad de una importante reunión producida en la ciudad de Lima pude, en compañía de un dilecto amigo y dirigente político ecuatoriano, concertar una visita con el político peruano Alfonso Barrantes quien, en la década de los años ochenta del siglo anterior, se constituyó en el eje vertebrador de la unidad de la izquierda peruana a partir de su colosal trabajo como Alcalde de la ciudad de Lima, y gracias a cuya gestión, -de lado de los más pobres-, fue promocionado para la candidatura Presidencial de la República del Perú, habiendo alcanzado un importante respaldo popular que lo situó próximo al triunfo electoral.
 
'Frijolito' Barrantes, como cariñosamente se lo conocía, en aquella reunión del mes de octubre de hace 13 años nos comentó algunas interioridades de su participación electoral y, también,  cuando todos ya nos habíamos distendido lo suficiente en tan recordada y amena conversación, habló de algunas facetas de su vida personal que se volvían de inquietud para quienes seguíamos de cerca su trayectoria política.
 
Entre las tantas preguntas que le habíamos lanzado, una de ellas formulada por un contertulio que ciertamente desconocía algunos temas de la vida personal de Barrantes , averiguó sobre el número de hijos que el líder peruano pudiese tener.  Su respuesta fue parca: ninguno..... Seguramente el interesado en escuchar el dato debió haberse quedado perplejo tanto que Barrantes añadió inmediatamente, más o menos, "prefiero no tener hijos para evitar el dolor de que uno de ellos piense ideológicamente distinto a mí, tal cual le sucedió a un importante pensador latinoamericano y dirigente de la izquierda peruana".
 
Con su facilidad de palabra, Barrantes nos dio a conocer algunos pasajes históricos que demostraban vivamente las distancias e incomprensiones entre dicho preclaro pensador e ideólogo peruano y su hijo, a quien había aludido para justificar, -si así se puede llamar  tal circunstancia-,  el hecho de no tener hijos.
 
Este pasaje anecdótico lo he guardado en mi conciencia con verdadera intensidad, porque seguramente en lo más recóndito de mi ser, -como debe ocurrir a todos los padres en un momento dado-, hubiera anhelado, desde la perspectiva de la subjetividad, que mis hijos transiten en su devenir por las mismas inquietudes sociales, políticas, culturales que me acompañan y que debido a ello se proyecten  en una especie de continuidad de los anhelos personales, invalidando, -casi inconcientemente- la existencia de un mundo distinto, entre generación y generación, y escamoteando, al mismo tiempo, el auténtico sentido que brinda la riqueza de lo diverso en el género humano y que, aún en lo familiar, traduce la auténtica valía de los individuos y la constante capacidad de cambio a la que estamos convocados como miembros de la especie, como elementos de la sociedad y como arquetipos del mundo.
 
Cuan inoportuna puede ser, entonces, la perspectiva de moldear a los hijos en cánones que solo reciben la impronta de la imposición de las ideas y de las conductas o, lo que es lo mismo, de mirar al entorno por ventanas que poseen el vaho de la inmovilidad intelectual.
 
Padre e hijos, somos distintos.  Estamos atrapados por mundos cambiantes,  Estamos delimitados por circunstancias históricas diversas y por experiencias disímiles.  Precisamente por ello, padres e hijos, somos complementarios unos a otros y tenemos correspondencia mutua en una relación que se afianza a propósito de ser diferentes.  La relación, entonces, prevalece al calor de la discusión, de la confrontación de ideas, de la comprensión sobre los ajustes que impone el nuevo tiempo, -y que por supuesto reconoce el pasado-, de la amistad que depara el descubrimiento compartido de la vida y, aún, de las soledades que impone el tráfago de las intimidades no expresadas, pero absolutamente comprendidas en el silencio de las catarsis que nos inundan.
 
En un mundo tan cambiante como el actual, los deberes de los padres se entrecruzan con los derechos de los hijos, pero sobretodo se yuxtaponen si la perspectiva se irradia a buscar un mejor momento para los congéneres, a luchar con pulcritud por una mejor situación colectiva e individual, a respetar la policromía del mundo social, a crecer en el aprendizaje constante del otro yo.
 
Para comprender esta realidad es menester, entonces, no solamente ser padre  o ser hijo, sino sentirse padre y, desde luego, sentirse hijo.

 
 
 
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La Hora 2002
- Quito - Ecuador