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Más allá del
fútbol (I parte)
César Ulloa Tapia
cesarulloa77@hotmail.com
Más allá del grito ensordecer que se escucha en
el estadio después de que la selección de fútbol
anota un gol, se entretejen una variedad de situaciones que se
diluyen en minutos y días después, pues la ilusión
del triunfo y el desengaño de la derrota a la final no
pasaron de eso: un instante o conjunto de instantes en que la
población se olvida de la realidad, a pesar de que la
crisis económica se ahonda y la gobernabilidad permanece
como un membrete mal concebido, porque las demandas del colectivo
no se cumplen, aun cuando el pueblo supo demostrar el 20 de Abril
(con mayúsculas) que las manifestaciones masivas pueden
lograr lo que en años no se ha hecho, sino habría
que analizar la mirada recelosa de quienes ostentan las más
altas dignidades. Los Forajidos se han convertido en un icono
de protesta, alerta y símbolo.
Por otro lado, el fútbol a más de que sea concebido
como el deporte que más aglutina y practica en la sociedad,
es una manifestación cultural, ya que a través
del espectáculo y la destreza que traslucen los jugadores
se observan otros factores, como: la capacidad de convocatoria
de los equipos, la construcción de ídolos por su
habilidad comprobada en la cancha, la consolidación y
fidelidad de la hinchada, el disfrute como pasatiempo y verdadero
goce estético por las jugadas casi inimaginables que se
disfrutan en algunos casos, la articulación económica
de los clubes para armarse de las mejores estrellas, la dirigencia
como plataforma de orden político, el encuentro de varias
generaciones y la posibilidad de generar un espacio que no excluye
a nadie por género, nivel educativo, postura ideológica
y credo.
ENCUENTRO SIN FRONTERAS
Uno de los hechos que más
trasciende es el poder de aglutinación y convocatoria
de este deporte. El estadio, sin lugar a dudas, concentra a millares
de personas que se identifican en ese espacio, aunque en otros
no, por un sentimiento común. Esta fiesta no reconoce
protocolos, etiquetas, normas de comportamiento, ni manuales
de urbanidad. La población se junta en un abrazo, porque
hay un sentido de pertenencia empujado por el mismo interés.
El encuentro de varias generaciones es otro puntal que le hace
muy interesante a esta práctica social, ya que niños
y jóvenes, ancianos y adultos transmiten emociones
con el uso de lenguajes verbales, gestuales y simbólicos
como los colores de las camisetas, gorras, bufandas, etc. Autoridades,
empleados públicos y privados, comerciantes, estudiantes
están unidos más allá de sus bagajes.
No es de extrañarse, bajo este contexto, que la sabiduría
popular recomiende no hablar de fútbol, religión
y política, ya que se agita el avispero entre propios
y extraños, porque todos se creen dueños de la
verdad, a pesar que comparten en su momento el mismo espacio.
Desde esa óptica, nadie reconoce que cierto equipo perdió
por falta de goles, por carencia de una buena táctica,
por escasa preparación física o por múltiples
factores. Por esa razón, a la hora de asumir los resultados
se impone un abanico de justificaciones que para el instante
sirven como paliativos de un hincha enfermo por la derrota. No
obstante, hay otros más cautos que prefieren el silencio.
DE DIABLOS, AMULETOS Y ORACIONES
Cuando se mencionaba que el
fútbol es una manifestación cultural de los pueblos
era con el afán de ampliar la mirada y sobrepasar el límite
del césped de cualquier estadio, pues la afición
apela a la religiosidad, al uso de amuletos y otros objetos bajo
la creencia de que estos empujarán a la victoria al equipo
de sus sueños. Incluso, en algunos equipos se mantiene
la costumbre de rezar de manera conjunta o individual antes de
enfrentar al contrincante. Otros, en cambio, acuden a personas
identificadas con las denominadas "artes ocultas" para
saber el resultado y enviar las mejores energías. La "mala
racha" de un equipo, según innumerables hinchas,
podría responder a un hechizo o algo así. Como
ya se dijo, el fútbol ha dado cabida para especular de
cualquier manera.
Detrás de cada partido hay un ritual antes, durante y
después. La adquisición de entradas va acompañada
de la compra de distintos artilugios que van desde camisetas,
pasando por cintillos hasta banderas de todo tamaño y
calidad. Cada cual quiere simbolizar su solidaridad y apoyo a
su equipo. Mientras ello sucede, los medios de comunicación
se entregan a la labor informativa para que la audiencia sepa
de primera mano como se desenvuelven los previos. Ahí,
los hinchas son consultados, entrevistados y auscultados sobre
los pronósticos, las alineaciones y hasta narran las jugadas
que anteceden a los goles. La venta de comida típica,
el cordón de seguridad, el tráfico y el comercio
informal re-configuran el espacio urbano. Nadie quiere quedarse
fuera del espectáculo.
No solo la ciudad donde se lleva a cabo el partido de la selección
se paraliza, es el país entero que concentra su emotividad
en la transmisión vía pantalla chica o radio. Las
urbes como las zonas rurales se pintan de amarillo, se agita
la bandera del país y, como en pocas ocasiones en el ámbito
nacional, el himno retumba. Calles vacías, almacenes que
venden electrodomésticos con grandes televisiones transmitiendo
el partido para el ciudadano de paso y restaurantes que explotan
caracterizan el evento. Desde el criterio personal, nadie duda
en asumir las veces de director técnico, por lo cual recomienda,
critica y apoya las decisiones del que está al frente.
Esta manifestación, como muy pocas, permite que el sujeto
mute en varios personajes: jugador, director técnico,
comentarista y árbitro.
BARRAS, COLORES Y SOMBRAS
La actuación del público
en la cancha es otro aspecto primordial. Aparece un coro colectivo,
resultado y efecto de una espontaneidad y voluntad expresa por
transmitir proximidad. Aquí nadie obliga, coopta ni compra
conciencias. Las barras fluyen por el mismo motor. Hay cánticos
para todos los participantes. No se escapa nadie de lo lúdico.
Vivas para el equipo, censuras para el árbitro y malos
augurios para los contrincantes es la tónica durante los
90 minutos. Se crea un lenguaje paralelo para la ocasión.
Esta actitud contagia y gana terreno con prontitud. Es por eso
que en contados instantes se escucha a los asistentes en una
sola voz. Sale a flote el yo grupal.
Los medios de comunicación captan en primer plano estas
escenas. La afición es un actor protagonista durante todo
el tiempo. En la actualidad es muy común que el reportero
se mezcle con la hinchada, ya que es parte fundamental del guión
textual y fílmico a seguir. De esa forma, se establece
un vínculo con el jugador número trece como se
le suele llamar. Asimismo, las tomas aéreas de los estadios
son utilizadas para magnificar la asistencia a un partido y también
para mostrar el exterior. Esto quiere decir que la crónica
empieza y termina en el graderío. Por lo general, las
últimas tomas de vídeo apuntan hacia la salida
del público, mientras los locutores hacen lo suyo.
MEDIOS, PELOTAS Y GOLES
Desde una perspectiva mediática
y, específicamente, relacionada con el periodismo deportivo,
décadas atrás los locutores, reporteros y conductores
de televisión, radio y prensa han sabido introducir en
la audiencia una suerte de embeleso por el rey de los deportes.
Al punto de que la afición detiene cualquier actividad
por seguir con una atención prolija cada instante del
cotejo. Más aún, si está jugando el equipo
de todos. El montaje es de lo más complejo, sofisticado
y bajo el uso de los recursos más inimaginables. No hay
impedimento que obstruya la transmisión del más
mínimo detalle...
Variaciones
"El fútbol a más
de que es concebido como el deporte que más aglutina y
practica en la sociedad, es una manifestación cultural,
ya que toca la identidad de los pueblos en la manera de ser antes
y después de un partido".
"Esta fiesta no reconoce protocolos, etiquetas, normas de
comportamiento, ni manuales de urbanidad. Hay un sentido de pertenencia
compartido".
"La actuación del público es resultado y efecto
de una espontaneidad y voluntad expresa por transmitir proximidad".
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