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MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002

MIERCOLES 25 DE SEPTIEMBRE DEL 2002
 

Más allá del fútbol (I parte)

 

César Ulloa Tapia
cesarulloa77@hotmail.com
 
Más allá del grito ensordecer que se escucha en el estadio después de que la selección de fútbol anota un gol, se entretejen una variedad de situaciones que se diluyen en minutos y días después, pues la ilusión del triunfo y el desengaño de la derrota a la final no pasaron de eso: un instante o conjunto de instantes en que la población se olvida de la realidad, a pesar de que la crisis económica se ahonda y la gobernabilidad permanece como un membrete mal concebido, porque las demandas del colectivo no se cumplen, aun cuando el pueblo supo demostrar el 20 de Abril (con mayúsculas) que las manifestaciones masivas pueden lograr lo que en años no se ha hecho, sino habría que analizar la mirada recelosa de quienes ostentan las más altas dignidades. Los Forajidos se han convertido en un icono de protesta, alerta y símbolo.
 
Por otro lado, el fútbol a más de que sea concebido como el deporte que más aglutina y practica en la sociedad, es una manifestación cultural, ya que a través del espectáculo y la destreza que traslucen los jugadores se observan otros factores, como: la capacidad de convocatoria de los equipos, la construcción de ídolos por su habilidad comprobada en la cancha, la consolidación y fidelidad de la hinchada, el disfrute como pasatiempo y verdadero goce estético por las jugadas casi inimaginables que se disfrutan en algunos casos, la articulación económica de los clubes para armarse de las mejores estrellas, la dirigencia como plataforma de orden político, el encuentro de varias generaciones y la posibilidad de generar un espacio que no excluye a nadie por género, nivel educativo, postura ideológica y credo.
 
ENCUENTRO SIN FRONTERAS

Uno de los hechos que más trasciende es el poder de aglutinación y convocatoria de este deporte. El estadio, sin lugar a dudas, concentra a millares de personas que se identifican en ese espacio, aunque en otros no, por un sentimiento común. Esta fiesta no reconoce protocolos, etiquetas, normas de comportamiento, ni manuales de urbanidad. La población se junta en un abrazo, porque hay un sentido de pertenencia empujado por el mismo interés. El encuentro de varias generaciones es otro puntal que le hace muy interesante a esta práctica social, ya que niños y jóvenes, ancianos y adultos transmiten  emociones con el uso de lenguajes verbales, gestuales y simbólicos como los colores de las camisetas, gorras, bufandas, etc. Autoridades, empleados públicos y privados, comerciantes, estudiantes están unidos más allá de sus bagajes.  
      
No es de extrañarse, bajo este contexto, que la sabiduría popular recomiende no hablar de fútbol, religión y política, ya que se agita el avispero entre propios y extraños, porque todos se creen dueños de la verdad, a pesar que comparten en su momento el mismo espacio. Desde esa óptica, nadie reconoce que cierto equipo perdió por falta de goles, por carencia de una buena táctica, por escasa preparación física o por múltiples factores. Por esa razón, a la hora de asumir los resultados se impone un abanico de justificaciones que para el instante sirven como paliativos de un hincha enfermo por la derrota. No obstante, hay otros más cautos que prefieren el silencio.
 
DE DIABLOS, AMULETOS Y ORACIONES

Cuando se mencionaba que el fútbol es una manifestación cultural de los pueblos era con el afán de ampliar la mirada y sobrepasar el límite del césped de cualquier estadio, pues la afición apela a la religiosidad, al uso de amuletos y otros objetos bajo la creencia de que estos empujarán a la victoria al equipo de sus sueños. Incluso, en algunos equipos se mantiene la costumbre de rezar de manera conjunta o individual antes de enfrentar al contrincante. Otros, en cambio, acuden a personas identificadas con las denominadas "artes ocultas" para saber el resultado y enviar las mejores energías. La "mala racha" de un equipo, según innumerables hinchas, podría responder a un hechizo o algo así. Como ya se dijo, el fútbol ha dado cabida para especular de cualquier manera.
 
Detrás de cada partido hay un ritual antes, durante y después. La adquisición de entradas va acompañada de la compra de distintos artilugios que van desde camisetas, pasando por cintillos hasta banderas de todo tamaño y calidad. Cada cual quiere simbolizar su solidaridad y apoyo a su equipo. Mientras ello sucede, los medios de comunicación se entregan a la labor informativa para que la audiencia sepa de primera mano como se desenvuelven los previos. Ahí, los hinchas son consultados, entrevistados y auscultados sobre los pronósticos, las alineaciones y hasta narran las jugadas que anteceden a los goles. La venta de comida típica, el cordón de seguridad, el tráfico y el comercio informal re-configuran el espacio urbano. Nadie quiere quedarse fuera del espectáculo.
 
No solo la ciudad donde se lleva a cabo el partido de la selección se paraliza, es el país entero que concentra su emotividad en la transmisión vía pantalla chica o radio. Las urbes como las zonas rurales se pintan de amarillo, se agita la bandera del país y, como en pocas ocasiones en el ámbito nacional, el himno retumba. Calles vacías, almacenes que venden electrodomésticos con grandes televisiones transmitiendo el partido para el ciudadano de paso y restaurantes que explotan caracterizan el evento. Desde el criterio personal, nadie duda en asumir las veces de director técnico, por lo cual recomienda, critica y apoya las decisiones del que está al frente. Esta manifestación, como muy pocas, permite que el sujeto mute en varios personajes: jugador, director técnico, comentarista y árbitro. 
 
BARRAS, COLORES Y SOMBRAS

La actuación del público en la cancha es otro aspecto primordial. Aparece un coro colectivo, resultado y efecto de una espontaneidad y voluntad expresa por transmitir proximidad. Aquí nadie obliga, coopta ni compra conciencias. Las barras fluyen por el mismo motor. Hay cánticos para todos los participantes. No se escapa nadie de lo lúdico. Vivas para el equipo, censuras para el árbitro y malos augurios para los contrincantes es la tónica durante los 90 minutos. Se crea un lenguaje paralelo para la ocasión. Esta actitud contagia y gana terreno con prontitud. Es por eso que en contados instantes se escucha a los asistentes en una sola voz. Sale a flote el yo grupal.
 
Los medios de comunicación captan en primer plano estas escenas. La afición es un actor protagonista durante todo el tiempo. En la actualidad es muy común que el reportero se mezcle con la hinchada, ya que es parte fundamental del guión textual y fílmico a seguir. De esa forma, se establece un vínculo con el jugador número trece como se le suele llamar. Asimismo, las tomas aéreas de los estadios son utilizadas para magnificar la asistencia a un partido y también para mostrar el exterior. Esto quiere decir que la crónica empieza y termina en el graderío. Por lo general, las últimas tomas de vídeo apuntan hacia la salida del público, mientras los locutores hacen lo suyo.              
 
MEDIOS, PELOTAS Y GOLES

Desde una perspectiva mediática y, específicamente, relacionada con el periodismo deportivo, décadas atrás los locutores, reporteros y conductores de televisión, radio y prensa han sabido introducir en la audiencia una suerte de embeleso por el rey de los deportes. Al punto de que la afición detiene cualquier actividad por seguir con una atención prolija cada instante del cotejo. Más aún, si está jugando el equipo de todos. El montaje es de lo más complejo, sofisticado y bajo el uso de los recursos más inimaginables. No hay impedimento que obstruya la transmisión del más mínimo detalle...  
 
Variaciones

"El fútbol a más de que es concebido como el deporte que más aglutina y practica en la sociedad, es una manifestación cultural, ya que toca la identidad de los pueblos en la manera de ser antes y después de un partido".
"Esta fiesta no reconoce protocolos, etiquetas, normas de comportamiento, ni manuales de urbanidad. Hay un sentido de pertenencia compartido". 
"La actuación del público es resultado y efecto de una espontaneidad y voluntad expresa por transmitir proximidad".
 

 
 
 
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